Lun. Sep 23rd, 2019

Al estilo Mathey

 

  • El valor de la gratitud

Este es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado, dice el Señor. (Juan 15:12-15)

Gustavo Cadena Mathey

Buen día apreciado lector:

Sin pretender forzarlo a meterse en cuestiones teológicas, fíjese usted que con motivo de un reciente aniversario de vida platicaba con algunos amigos sobre la importancia del valor de la gratitud y la amistad.

Y todos coincidían en la enorme urgencia de retomarlos y sembrarlos en todas las familias, labor que no solo corresponde a los curas y religiosos sino a padres, hermanos y abuelos.

Encontré en la internet un portal muy positivo en el que se maneja el tema del valor de la gratitud que se ejerce cuando una persona experimenta aprecio y reconocimiento por otra que le prestó ayuda.

Ahí se destaca que “no consiste, necesariamente, en pagar ese favor con otro igual, sino en mostrar afecto y guardar en la memoria ese acto de generosidad”. Sostienen que “más que centrarse en la utilidad práctica del servicio recibido, ponderar la actitud amable de quien lo hizo”.

Se trata de resaltar que “son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas. Son guías que nos dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo o grupo social. “El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo, se considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de falso; es más valioso trabajar que robar”.

Igualmente, ahí se recomienda que para ser agradecidos es necesario admitir que necesitamos a los demás; reconocer las obras de los otros; incluir en nuestro lenguaje expresiones de agradecimiento y finalmente aceptar que muchas de las cosas buenas que tenemos se deben a lo que otras personas nos han dado: amor, protección, cuidados, talento, sabiduría.

Por lo mismo este reportero no deja pasar otra oportunidad como la que se me brinda en este espacio de dar gracias infinitas al Creador por el tiempo vivido en armonía salud y alegría; a la familia y a tantos amigos y lectores que me lo han hecho saber en público y en privado y pedir a Dios que los bendiga por siempre y no experimenten nunca sufrimientos anormales.