Mar. Oct 22nd, 2019

Así luce la verdadera seguridad fronteriza

EN LA FRONTERA ENTRE ISRAEL Y LÍBANO.

 

Salvo por la zona desmilitarizada de la península coreana, tal vez no haya ninguna otra frontera en el mundo con mayor posibilidad de que estalle la violencia de manera repentina que esta, conocida localmente como la Línea Azul. Ya que el presidente estadounidense, Donald Trump, piensa que la seguridad fronteriza es el tema de nuestros tiempos, vale la pena considerar cómo lo logra Israel, con sus controles fronterizos tan estrictos, amenazas reales y una actitud totalmente práctica hacia sus necesidades de seguridad.

Lo que vi el 9 de enero mientras viajaba a lo largo de la Línea Azul fue… una cerca de alambre. Una cerca llena de sensores, por supuesto, pero que de ninguna manera es imponente. Como lo muestran las fotos que acompañan este artículo, así es como se ve una larga franja de la frontera entre dos enemigos declarados.

Una gran parte de la frontera entre Israel y Líbano luce así.

Y este es un puesto de observación de Hezbolá, que se hace pasar por un grupo ambiental que opera con el lema “Verde sin fronteras” (el verde es el color tradicional del islam). Los israelíes mantienen una presencia de seguridad que también es visible, aunque modesta en apariencia.

Un puesto de observación de Hezbolá que se hace pasar por la estación de un grupo ambiental.

¿Acaso luce como la idea que tiene Trump de un “muro hermoso y grande”? ¿Luce siquiera como los “barrotes de acero” que el presidente ahora presenta como su idea de una concesión estética para los demócratas? Para nada. Sin embargo, durante los últimos diecinueve años fue todo el cercado que los israelíes pensaron que era necesario para asegurar su lado de la Línea Azul.

Eso comenzó a cambiar en diciembre, después de que Israel anunció que estaba ejecutando una operación para destruir los túneles que cavó Hezbolá para atravesar la frontera. La construcción del túnel —que detectó la inteligencia israelí hace unos cuatro años— tenía el propósito de infiltrar a cientos de combatientes de Hezbolá en Israel en caso de una guerra. Como una precaución adicional, Jerusalén está gastando aproximadamente 600 millones de dólares para sustituir alrededor de 20 kilómetros del alambrado por un muro de concreto, principalmente para dar más tranquilidad a los 162.000 israelíes que viven cerca de la frontera libanesa.

Un muro como ese podría verse formidable, pero no detendrá la construcción de túneles ni el lanzamiento de misiles, las dos principales amenazas que Hezbolá supone para Israel. Israel tampoco ha sentido la necesidad de erigir muros de concreto a lo largo la mayoría de su frontera con la Franja de Gaza, a pesar de los múltiples intentos de Hamás el año pasado de usar protestas masivas para violar la cerca. La frontera de Israel con Egipto está delimitada por una “valla inteligente” alta, resistente y armada con sensores electrónicos, pero no por un muro. Además, la frontera más larga de Israel, con Jordania, que se extiende unos 400 kilómetros, tiene cercas que en su mayoría son primitivas y mínimas.

Entonces, ¿cómo mantiene Israel la seguridad fronteriza? De dos formas: la cooperación cercana con los vecinos donde es posible y el uso de tecnología moderna y disuasión efectiva donde dicha cooperación no es posible.

El presidente egipcio, Abdulfatah el Sisi, recientemente dio fe de la estrecha cooperación en una entrevista la semana pasada para 60 Minutes (tan estrecha, de hecho, que el gobierno egipcio intentó evitar que la entrevista saliera al aire). La patrulla fronteriza de Jordania comúnmente hace su trabajo viendo hacia el este, no hacia el oeste, para evitar posibles penetraciones a Israel. La cooperación en materia de seguridad con la Autoridad Palestina también es estrecha a pesar de las diferencias políticas, puesto que Mahmud Abás comparte el interés de Israel de acabar con Hamás.

En cuanto a la tecnología, la vi en funcionamiento en un recorrido por una base militar israelí en los Altos del Golán el 9 de enero temprano. En una habitación sin ventanas y llena de gente dentro de una estructura similar a un búnker, veinte o más mujeres soldado, algunas de ellas todavía adolescentes, estaban sentadas frente a pantallas inspeccionando pacientemente cada centímetro de la frontera entre Israel y Siria, identificando patrones, dando prioridad a amenazas potenciales y transmitiendo información a los operadores en el terreno.

Una unidad compuesta solo por mujeres vigila la frontera con Siria en pantallas.

¿Por qué una unidad compuesta solo por mujeres? Porque el ejército israelí ha determinado que las mujeres tienen periodos de atención más largos que los hombres. En agosto pasado, la unidad detectó a siete combatientes del Estado Islámico, que vestían cinturones suicidas y llevaban granadas, mientras se infiltraban en tierra de nadie con dirección a Israel. Se solicitó un ataque aéreo. Los hombres nunca llegaron a la frontera.

Nada de esto es para decir que las barreras físicas son invariablemente inútiles o malas. La cerca de Israel a lo largo de la frontera egipcia casi acabó con el flujo de inmigrantes indocumentados de África, aunque la mayoría de los inmigrantes indocumentados que están en Israel llegan de manera legal en avión y sencillamente permanecen en el país después de que vencen sus visas. El muro tan criticado (la mayor parte del cual es solo una cerca) que divide a los palestinos de los israelíes en Jerusalén y otras partes de Cisjordania desempeñó un papel primordial para poner fin al terrorismo de la segunda intifada.

No obstante, la experiencia israelí también sugiere que la mejor manera de proteger una frontera es confiar en las herramientas del siglo XXI, no en las del XII. Los muros solo en algunas ocasiones proporcionan la seguridad más confiable. Pueden ser peligrosos por dar la ilusión de seguridad. Además, hay medios mucho más efectivos que el concreto para defender hasta las fronteras más peligrosas. ¿Por qué los demócratas y los republicanos no pueden sencillamente acordar construir cercas inteligentes adicionales en los lugares donde no las hay y llamarlas, para que tengan un efecto político, “barreras al estilo israelí”?

La buena noticia para Estados Unidos es que no enfrentamos a Hezbolá, a Hamás ni al Estado Islámico en nuestra frontera, sino solo a gente que tiene una necesidad urgente de aliviar sus propios apuros y que quiere contribuir con su trabajo a que todos mejoremos. Si realmente queremos asegurar la frontera, nuestra prioridad debería ser facilitarles el acceso por la puerta principal en lugar de hacer que se cuelen por la trasera.