TIERRA DE BABEL

En el socavón

 

Hace unos días por casualidad causada (“Por pura casualidad, ¿han visto por ahí mi causalidad?”), es decir a propósito, vi la película “También la lluvia” (2010), de la cineasta española Iciar Bollaín, que cuenta la historia de un productor (Luis Tosar) y un director de cine (Gael García Bernal) que viajan a Bolivia en el año 2000 para rodar una película sobre Cristóbal Colón, pero durante el rodaje, en la región de Cochabamba, estalla la Guerra del Agua, etapa histórica por pocos conocida. “En el año 2000 la región de Cochabamba, en Bolivia, vivió la llamada Guerra del Agua provocada por la decisión del Gobierno de privatizar el abastecimiento del agua municipal de la región”.

No sé si fue casualidad (¡otra vez!), pero el pasado martes 18 de julio, en sesión plenaria del Congreso estatal, vi la pancarta: “COYOLILLO PUEBLO AFRODESCENDIENTE”… Y SIN AGUA…” y ahí estaba gente del pueblo, manifestando su alegría por la aprobación del artículo 5° de la Constitución Política del Estado que establece: “Corresponde al Estado, promover y proteger el patrimonio cultural y natural de las comunidades de afrodescendientes radicados en la entidad, a través de la implementación de las políticas públicas pertinentes”. Muy de acuerdo… ¿Y el agua? Reconozcámonos todos, pero no ignoremos los problemas inminentes y desastrosos.

Unos de los actores bolivianos de “También la lluvia”, Juan Carlos Aduviri, expresó que “la película habla de las grandes transnacionales que no respetan a nadie, que simplemente llegan a los pequeños países y empiezan a succionar sus recursos naturales. No pueden hacer eso, porque Cochabamba, Bolivia, ha demostrado que no se va a dejar. Yo creo que eso podría ser un gran ejemplo para otros países donde se pueda ver esta película, para que sepan que tampoco ellos deben dejarse”.

Ta güeno; pero resulta que no en todas partes defendemos lo nuestro, dando hasta la vida. O son pocos los que lo hacen. Seguimos aguantando.

Autoridades de todos los niveles, iniciativa privada y cómplices nos parten la madre “socavando” toditita nuestra riqueza natural, con un puñado de malandrines que se hacen de la vista gorda.

Mientras, “en México se han perforado 3 mil 780 pozos mediante fracturación hidráulica, revela información inédita solicitada a Petróleos Mexicanos por este medio. La utilización de la técnica que ha causado importantes daños a la salud y ambientales, particularmente para tratar yacimientos no convencionales, se incrementará de forma exponencial con las licitaciones programadas por la Secretaría de Energía este año, advirtieron activistas, investigadores y fundaciones proambientales”.. Y arrasan con todo: el agua, la población (indígena, sobre todo), los recursos naturales, el medio ambiente y sólo dejan desolación.

En el Estado de Veracruz, hay 2288 pozos por fracturación hidráulica: Papantla hay 869; Coatzintla, 655; Temapache, 406; Tihuatlán, 151; Chicontepec. 64; Castillo de Teayo, 41… ¿Pa’ qué le seguimos?

¿Qué guerra se avecina? Al menos, estoy seguro, registrarán el desastre, el fin de mucha gente y de muchas de nuestras tierras, si no es que todo.

Como dijo un cibernauta (“Elena”): “Con esto se va hacer un socavón del tamaño de la república, sálvese quien pueda (…) estos sátrapas van agarrar el avión presidencial y se van a ir a Los Alpes Suizos, y nosotros nos vamos a quedar en el fondo del socavón”.

¿Será?

TIERRA DE BABEL

México, barca de miedos y desesperanzas

 

Dirán que otra vez la burra al trigo, dale con la misma cantaleta, más pan con lo mismo (ya ni a eso llegamos), pero lo que se ve no se juzga, dicen, aunque debe de juzgarse porque las apariencias engañan: la realidad es la misma y sigue empeorando, pese a que algunos afirman que no pasa nada. Desearía comentarles algo positivo, pero sólo se me ocurre: “No por mucho madrugar amanece más temprano”, lo que me aterroriza por la película “El resplandor” de Stanley Kubrick.

A veces ocurre que la realidad es más escabrosa y terrible que la fantasía. Como dijo Alfred Hitchcock: “Un vistazo al mundo prueba que el horror no es otra cosa más que la realidad”. Y Thomas Hobbes, en su Leviatán, nos advierte que “el Infierno es darse cuenta de la realidad demasiado tarde”.

El mundo está hinchado de rencores -¿tumores?- y segrega pus de indiferencia y desigualdades. No hace falta buscarle mucho y encontrar muestras de descomposición humana y social. Como quiera que sea, como dice la canción “…yo pa’ arriba volteo muy poco, tu pa’ abajo no sabes mirar”. Dime con quién andas y te daré mi amistad y apoyo. Sucede entre ricos y pobres, pero también entre ricos y ricos, y entre pobres y pobres. O sea, aquí y en China.

Se empieza desde la mirada: no nos miramos para nada; no miramos ni vemos al de al lado. ¿Acaso te conozco? Se nos fue la humildad; se nos perdió la solidaridad. Antes de poner la otra mejilla, la verdad “¡te parto tu madre!”

México está partido en mil pedazos (las apariciones de bolsas negras con cuerpos descuartizados o desmembrados, ¿les dice algo?). Cada quien jala conforme a sus intereses, el de sus familiares, amigos, compadres y…

La incredulidad y la desconfianza son nuestro estigma. Aunque no recuerdo quien dijo que hay más creyentes que científicos porque es más fácil creer que razonar. Igual con la desconfianza, ésta es más fácil que otorgar un milímetro de nosotros mismos al prójimo. Y todo, ¿por miedo? En alguna parte de la novela Un buzón en el cementerio, de Williams Deer, leí: “Nunca pudiste con el infierno que te arrastraba y, al final, te venciste en una barca de miedos y desesperanzas”.

¿Dónde queda nuestra capacidad creativa? ¿La hay aún? Sí: la noche es larga y tenemos que andar, soñar, vigilar, vivir… Dijera Drácula: “Nadie sabe lo dulce y querida que puede ser la mañana para los ojos y el corazón, hasta que soporta los tormentos de la noche”.

 

Los días y los temas

 

En un pendón gubernamental leí que la violencia también se puede medir; les comparto el “violentómetro” (del 1 al 30): 1. Bromas hirientes; 2. Chantajear; 3. Mentir, engañar; 4. Ignorar, ley del hielo; 5. Celar; 6. Culpabilizar; 7. Descalificar; 8. Ridiculizar, ofender; 9. Humillar en público; 10. Intimidar, amenazar; 11, 12 y 13. Controlar, prohibir (amistades, familiares, dinero, lugares, apariencias, actividades, celulares, mails y redes sociales); 14. Destruir artículos personales; 15. Manosear; 16. Caricias agresivas; 17. Golpear “jugando”; 18. Pellizcar, arañar; 19. Empujar, jalonear; 20. Cachetear; 21. Patear; 22. Encerrar, aislar; 23. Amenazar con objetos o armas; 24. Amenazar de muerte; 25. Forzar a una relación sexual; 26. Abuso sexual; 27. Violar; 28. Mutilar; 29 y 30. Asesinar.

¿En qué grado de violencia queda usted o su próximo? Ojo, mucho ojo.

 

De cinismo y anexas

 

“Hay que ser siempre cómico en una tragedia. ¿Qué demonios se puede hacer si no?”, dijo G. K. Chesterton.