Cómo una división secreta del Estado Islámico construyó una red global de asesinos

BREMEN, Alemania — El año pasado, convencido de que estaba atendiendo a un llamado sagrado, Harry Sarfo abandonó su hogar en la ciudad obrera de Bremen y condujo durante cuatro días seguidos hasta llegar al territorio controlado por el Estado Islámico en Siria.

Apenas tuvo tiempo de instalarse allí antes de que miembros enmascarados del servicio secreto del Estado Islámico le informaran a él y a su amigo alemán que ya no querían que los europeos fueran a Siria. Donde realmente los necesitaban era de regreso en casa, para ayudar a propagar el terrorismo en todo el mundo.

“Uno de ellos habló abiertamente de la situación y afirmó que tenían a muchas personas viviendo en Europa, esperando la orden de atacar a los pueblos europeos”, contó Sarfo el lunes 1 de agosto, durante una entrevista con The New York Times en la prisión de máxima seguridad cerca de Bremen. “Y eso fue antes de los ataques de Bruselas, antes de los ataques de París”.

El hombre enmascarado explicó que, aunque el grupo estaba bien establecido en algunos países europeos, necesitaban más atacantes, sobre todo en Alemania y el Reino Unido. “Me preguntaron: ‘¿Te regresarías a Alemania?, porque eso es lo que necesitamos en este momento’”, relató Sarfo.
“Siempre decían que querían algo que ocurriera al mismo tiempo: quieren que haya montones de ataques simultáneos en Inglaterra, Alemania y Francia”.

Los agentes pertenecían a una unidad de inteligencia del Estado Islámico conocida en árabe como Emni, la cual se convirtió en una combinación entre policía interna y una división externa de operaciones dedicada a llevar el terror a otros países, de acuerdo con las miles de páginas de los servicios de inteligencia franceses, belgas, alemanes y austriacos, así como los documentos de los interrogatorios a los que accedió The New York Times.

Los ataques del Estado Islámico en París el 13 de noviembre de 2015 pusieron la atención del mundo entero sobre la red externa de terrorismo del grupo, que comenzó a enviar combatientes al extranjero hace dos años. La historia de Sarfo, junto con las de los otros reclutas capturados, ha abierto ahora una puerta de acceso a la maquinaria que utiliza el grupo para extender la violencia más allá de sus fronteras.

Lo que ellos describen es un servicio secreto multinivel bajo la dirección general del jefe de propaganda, portavoz y agente sirio del Estado Islámico con más experiencia, Abu Muhammad al Adnani. Debajo de él hay tenientes capacitados para planear ataques en distintas regiones del mundo, los cuales incluyen un “servicio secreto de asuntos europeos”, un “servicio secreto de asuntos asiáticos” y un “servicio secreto de asuntos árabes”, aseguró Sarfo.

La idea de que Emni es un elemento central en las operaciones del Estado Islámico toma cada vez más fuerza; las entrevistas y los documentos indican que esta unidad tiene carta blanca para reclutar y cambiar el destino de los agentes en todas las partes de la organización, desde recién llegados hasta combatientes experimentados, así como en las fuerzas especiales del grupo y unidades de comando élite. En conjunto, los registros del interrogatorio muestran que los agentes son seleccionados por nacionalidad y agrupados por idiomas en unidades pequeñas y separadas, cuyos miembros se encuentran solo la víspera de su salida al extranjero.

Mediante la coordinación que ejerce Adnani, los planes para provocar terror han ido de la mano con las operaciones de propaganda del grupo, incluyendo las reuniones mensuales en las que Adnani escoge qué videos espeluznantes dará a conocer a partir de los acontecimientos en el campo de batalla, aseguró Sarfo.

Según lo que cuentan los agentes arrestados hasta ahora, Emni se ha convertido en el eje crucial de la maquinaria de terrorismo y sus aprendices dirigieron los ataques de París y construyeron los maletines bomba usados en el aeropuerto y la estación de metro de Bruselas. Los registros de las investigaciones muestran que estos soldados también han sido enviados a Austria, Alemania, España, Líbano, Túnez, Bangladés, Indonesia y Malasia.

Con los funcionarios europeos bajo presión por la cadena de agresiones cometidas por atacantes, aparentemente sin conexión, que proclamaron ser leales al Estado Islámico, Sarfo sugirió que podría haber más vínculos de los que las autoridades conocen. Según le comentaron, agentes encubiertos en Europa han usado nuevos seguidores como intermediarios u “hombres limpios”, que ayudan a contactar a las personas interesadas en realizar ataques con agentes que pueden instruirlos sobre todo lo que tienen que hacer, desde cómo hacer chalecos suicidas hasta cómo dar crédito al Estado Islámico por sus atentados.

El grupo ha enviado “cientos de agentes” de regreso a la Unión Europea; hay “otros cientos tan solo en Turquía”, según un alto funcionario de inteligencia estadounidense y un alto funcionario de defensa de Estados Unidos, quienes accedieron a hablar a cambio de que se mantuviera su anonimato.

Sarfo, quien hace poco fue sacado de la reclusión en aislamiento en esta prisión alemana porque ya no es considerado violento, está de acuerdo con estas estimaciones. “Muchos de ellos han vuelto”, afirmó. “Cientos, definitivamente”.
La valoración de los reclutas

La primera parada de los recién llegados al Estado Islámico es una red de dormitorios en Siria a lo largo de la frontera con Turquía. Allí los reclutas son entrevistados e inventariados.

Sarfo cumplió con todos los requisitos y al tercer día de su arribo los miembros de Emni llegaron preguntando por él. Sarfo quería pelear en Siria e Irak, pero los agentes enmascarados le explicaron que tenían un fastidioso problema.

“Me dijeron que no hay muchas personas que estén en Alemania y que quieran hacer el trabajo”, explicó Sarfo poco después de su arresto el año pasado, de acuerdo con la transcripción del interrogatorio que le hicieron las autoridades alemanas, que tiene más de 500 páginas. “Dijeron que tenían algunos al principio. Pero podría decirse que uno tras otro se echaron atrás porque les dio miedo, se acobardaron. Lo mismo en Inglaterra”.

En Francia, por el contrario, el grupo tenía más voluntarios de los que necesitaba. “Mi amigo les preguntó por Francia”, contó Sarfo. “Y comenzaron a reírse. Pero a reírse en serio, con lágrimas en los ojos. Dijeron: ‘No te preocupes por Francia’. Mafi mushkilah, que en árabe significa ‘no hay problema’”. Esta conversación tuvo lugar en abril de 2015, siete meses antes de los asesinatos coordinados en París en noviembre, el peor ataque terrorista en Europa en una década.

Aunque algunos detalles de la historia de Sarfo no pueden verificarse, sus declaraciones encajan con lo que han relatado otros reclutas en los interrogatorios. Tanto las autoridades de la prisión como los agentes de inteligencia alemanes que interrogaron a Sarfo antes de su arresto comentaron que encontraban creíble su relato.

Desde el ascenso del Estado Islámico hace dos años, las agencias de inteligencia han estado recopilando pistas sobre Emni. Originalmente, la unidad estaba encargada de vigilar a los miembros del grupo terrorista, hacer preguntas y encontrar espías, de acuerdo con los registros del interrogatorio y algunos analistas. Sin embargo, algunos miembros franceses arrestados en 2014 y 2015 explicaron que Emni había asumido una nueva tarea: esparcir el terror en el extranjero.

“Emni es quien garantiza la seguridad interna al interior de Dawla” (la palabra árabe para Estado). “Además, supervisa la seguridad externa, envía a los reclutas al extranjero y ordena a individuos llevar a cabo actos violentos, como los ocurridos en el museo de Túnez o el plan abortado en Bélgica”, declaró Nicolas Moreau, de 32 años, un ciudadano francés que fue arrestado el año pasado después de abandonar el Estado Islámico en Siria, según consta en su declaración a la agencia de inteligencia nacional de Francia.

Moreau contó que dirigía un restaurante en Raqqa, Siria, la capital de facto del territorio del grupo, donde servía alimentos a miembros clave de Emni, entre ellos Abdelhamid Abaaoud, el comandante en el terreno de los ataques de París, quien fue asesinado en un enfrentamiento con la policía días después.

Otros interrogatorios, así como el relato de Sarfo, han llevado a los investigadores a concluir que Emni también entrenó y envió al hombre armado que abrió fuego en una playa en Sousse, Túnez, en junio, y al hombre que fabricó las bombas del aeropuerto de Bruselas.

Los documentos de las agencias de inteligencia francesa, austriaca y belga muestran que al menos 28 agentes reclutados por Emni lograron introducirse en países fuera del territorio principal del Estado Islámico y organizaron ataques, así como planes que fueron frustrados. Las autoridades aseguran que otra docena de agentes se escabulleron y formaron células latentes.
Durante las interacciones con Emni, Sarfo asegura que se dio cuenta de que estaban preparando una agenda internacional terrorista y buscando cómo llenar los vacíos en su red internacional.
En los interrogatorios con las autoridades alemanas, y de nuevo en la entrevista con The New York Times, Sarfo sacó a colación la posibilidad de que algunos de los recientes atacantes en Europa que proclamaron ser leales al líder del Estado Islámico durante sus agresiones podrían tener un vínculo más directo con el grupo de lo que creen las autoridades.

Sarfo explicó que Emni mantiene muchos agentes ocultos en Europa. Actúan como nódulos que pueden activar de forma remota a posibles atacantes suicidas que han sido atraídos por la propaganda. Es lo que Sarfo llama “hombres limpios”, nuevos conversos al islam sin vínculos probados con grupos radicales.

“Estas personas no están en contacto directo con los hombres que hacen los ataques, porque saben que, si empiezan a hablar, los agarran”, explicó sobre los agentes ocultos.

Los documentos de inteligencia y Sarfo concuerdan en que el Estado Islámico ha aprovechado la mayoría de las nacionalidades de sus reclutas para enviarlos de vuelta a sus países de origen. Sin embargo, una región importante donde se cree que Emni no ha tenido éxito al mandar atacantes entrenados es Estados Unidos, aseveró Sarfo, cuando relató lo que los miembros de esta división le dijeron.

Aunque docenas de estadounidenses se han convertido en miembros del Estado Islámico y algunos han sido reclutados en el ala de operaciones externas, “saben que es difícil para ellos hacer llegar a los estadounidenses a Estados Unidos” una vez que ya han viajado a Siria, explicó.

“En Estados Unidos y Canadá es mucho más fácil para ellos atraparlos en las redes sociales, pues dicen que los estadounidenses son tontos, tienen políticas abiertas de portación de armas”, aseguró. “Dicen que podemos radicalizarlos fácilmente y que, si no tienen antecedentes, pueden comprar armas, así que no necesitamos ningún contacto que nos proporcione armas para darles”.
Realidad vs. video

Durante el tiempo que pasó en Siria, Sarfo fue contactado por otros combatientes alemanes que querían que actuara en un video de propaganda dirigido a quienes hablan alemán. Condujeron hasta Palmira y le indicaron a Sarfo que sostuviera la bandera negra del grupo y caminara una y otra vez frente a la cámara mientras ellos hacían tomas repetidas. Los sirios que estaban cautivos fueron obligados a arrodillarse y el resto de los combatientes alemanes les dispararon, pero solo se veían interesados en el efecto cinematográfico de sus acciones.
Inmediatamente después de matar a una víctima, uno de ellos preguntó a Sarfo: “¿Cómo me vi? ¿Estuvo bien la forma en que lo ejecuté?”.

Sarfo aseguró que empezó a dudar de su lealtad a EI durante el entrenamiento, después de ver la crueldad con la que se trataba a los que no podían seguir el paso. Hacer los videos de propaganda fue su última desilusión, al ver cuántas veces grababan cada escena de un video de 5 minutos. En Alemania, cuando se sintió inspirado por videos similares, siempre había creído que eran reales, no montados.

Comenzó a planear su escape, que le tomó semanas. Tuvo que correr a toda velocidad y andar a gatas en un campo de lodo antes de cruzar a Turquía. Fue arrestado en el aeropuerto de Bremen, donde aterrizó el 20 de julio de 2015, y confesó de manera voluntaria. Ahora está cumpliendo una sentencia de tres años por cargos de terrorismo.

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