Vie. Ago 23rd, 2019

Conoce a los pájaros vampiro de las Galápagos

Un pinzón vampiro bebiendo sangre de un alcatraz de Nazca. Los pinzones solo recurren a su dieta vampírica en tiempos difíciles y, cuando lo hacen, se ponen en riesgo.

 

Durante la mitad del año, una pequeña ave de color café en la región más septentrional de las islas Galápagos usa su pico extremadamente afilado para recolectar semillas, néctar e insectos. Sin embargo, cuando el ambiente se torna seco, bebe sangre.

Te presentamos al pinzón vampiro. Sí, así como lo leíste.

Los pinzones de las Galápagos han sido, desde la época de Charles Darwin, uno de los ejemplos más claros del funcionamiento evidente de la evolución. Y el Geospiza septentrionalis es un pinzón de Galápagos particularmente atípico: una de las pocas aves en el mundo que extrae y bebe sangre de manera intencional; además, solo se encuentra en las islas Wolf y Darwin, dos de los lugares más remotos y restringidos de todo el archipiélago.

El pinzón vampiro tiene un método. Primero, vuela hacia la espalda de un alcatraz de Nazca en reposo, picotea la base del ala del ave marina y bebe. La sangre mancha el plumaje blanco del alcatraz. Otros pinzones se congregan alrededor para esperar su turno, o para observar y aprender. Como los alcatraces adultos (también llamados bobos) pueden volar y escapar, estos ataques casi nunca son letales.

La ingesta de sangre es una dieta poco común, y un trabajo de investigación publicado en 2018 reveló que los pinzones vampiro han desarrollado bacterias especializadas en su intestino que ayudan con su digestión. Un dato aún más sorprendente, según un artículo publicado hace poco en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B, es que algunas de estas bacterias son similares a las que se encuentran en los murciélagos vampiro de Centroamérica y Suramérica.

Se Jin Song, bióloga de la Universidad de California, campus San Diego, y autora principal del estudio, había estudiado con anterioridad la evolución convergente de las bacterias intestinales. ¿Acaso animales dispares que llevan una alimentación como si fueran la dieta popular del momento —comer solo hormigas y termitas, por ejemplo— desarrollan una microbiota intestinal similar con el paso del tiempo evolutivo?

Los pinzones vampiro, que fueron vistos por primera vez en 1964, le dieron a Song la oportunidad de observar intestinos de bebedores de sangre de diferentes ramas del árbol de la vida.

Los pinzones hacen fila para beber la sangre de un alcatraz.

Los pinzones bebedores de sangre no llevan una vida fácil. Solo recurren a su dieta vampírica en tiempos difíciles. La sangre tiene un contenido peligrosamente alto de sal y hierro, y bajo de nutrientes esenciales como las vitaminas B. Los murciélagos vampiro enfrentan los mismos retos alimentarios.

Song ya había recopilado datos sobre los murciélagos vampiro y para comparar a estos animales con las aves colaboró con colegas que trabajaban en las Galápagos, quienes recolectaron muestras de excremento de pinzones vampiro.

Cuando el equipo de Song comparó los genomas bacterianos en el excremento del pinzón vampiro con las bacterias en el intestino del murciélago vampiro, descubrió pocas similitudes. No obstante, como lo describió el equipo en el artículo científico reciente, los dos microbiomas intestinales sí tenían un ingrediente en común que podría ayudar a digerir la sangre: altos niveles de Peptostreptococcaceae, una familia de bacterias que se piensa que ayudan a procesar el sodio y el hierro.

A pesar de que estos murciélagos y aves siguieron caminos evolutivos muy diferentes para llegar a su estilo de vida como bebedores de sangre, “fue muy interesante que se haya encontrado que tenían algo en común”, dijo Song.

En las Galápagos, los colegas de Song —Jaime Chaves, de la Universidad de San Francisco de Quito, y Daniel Baldassare, biólogo investigador— están analizando si los pinzones han desarrollado alguna de las proteínas de efecto analgésico o anticoagulante que los murciélagos vampiro usan en sus víctimas.

A Chaves todavía le asombra el “privilegio” de ver a los pinzones vampiro en el acto.

“Ser testigo de un comportamiento tan único es una de las cosas más gratificantes para un científico”