Crear mis esculturas es como el que está cantando con una guitarra, así es el arte: Nacho Pérez

Entrevista con Jorge Arturo Rodríguez

El pasado 1º de septiembre, el Ayuntamiento de Xalapa rindió homenaje al escultor Ignacio Pérez Solano. Un mes antes tuve la oportunidad de charlar con él en su casa-taller, ahí donde sus sueños se erigen en piezas de iluminación, de humanidad, de tradición, de mexicanidad, de arte. Sonriente, amable, rodeado de sus creaciones, Nacho Pérez habló con su corazón, la creatividad de sus manos y sus mirar de luz. He aquí un parte de la conversación.

El maestro Nacho Pérez a sus 85 años sigue creando sus esculturas; empezó en 1948, cuando tenía 18 años.

Por aquel entonces, nos cuenta, “hacía varias cosas con la pintura y la escultura, pero me llamó mucho la atención la escultura, porque en la escultura se puede grabar algo para siempre y no se borra nunca”.

El escultor Ignacio Pérez Solana, originario de Tlacotalpan, Veracruz, trabaja, más bien, crea a tambor batiente, como él mismo lo ha expresado. Todos los días, todo el día y hasta dormido, dice entre bromas, pero realmente así es, no concilia fácilmente el sueño: vive un mundo de inspiración, “hay muchas cosas que se vienen a la mente” y entonces hay que seguir creando.

Nació en 1931. El maestro Nacho Pérez, decano de la escultura en Veracruz, es básicamente autodidacta, aunque en la Ciudad de México estudió hasta el cuarto año en la escuela de San Carlos y recibió cursos en la escuela La Esmeralda. Fue en el Centro Superior de Artes Aplicadas del INBA donde se interesó por escultura monumental.

En el año 1959 trabajó al lado de los escultores Ignacio Asúnsolo y Francisco Zúñiga en la capital del país, para luego trasladarse a la ciudad de Xalapa a trabajar en el taller de la Escuela Secundaria Técnica Industrial y de Servicios No. 3, mejor conocida como la Técnica 3. Fue en esa época cuando hizo “La olla”, cuyas características son una mezcla de las raíces prehispánica y azteca debidamente estudiadas y asimiladas para obtener en esta obra, como en muchas de sus creaciones, “nuestra mexicanidad”.

Nacho Pérez ha creado réplicas de la cultura olmeca, como las cabezas colosales, para llevar la riqueza de nuestros antepasados, de “nuestros abuelos”, dice el maestro Nacho Pérez: “llevamos el mensaje de esas copias, como las cabezas olmecas, así como de la cultura totonaca, azteca, lo que importa es dejar huella, trascender las fronteras”.

El escultor abre su creación a los ojos del mundo, pero no sólo eso, nos descubre el sentir sobre las formas, la raíz que nos fecunda. El maestro Nacho Pérez a esto lo llama nuestra mexicanidad.

Sus obras han sido exhibidas en la mayor parte del país, y a nivel internacional en Beijing (China), Ámsterdam (Holanda) Madrid (España), Vancouver (Canadá), Ciudad de Bruselas (Bélgica), Tokio (Japón), Sudáfrica, Paris (Francia), Berlín (Alemania), y en más de 4 ciudades en los Estados Unidos de Norteamérica, donde ha sido reconocido su trabajo, tanto en la elaboración de réplicas como de creación propia.

Formador de varias generaciones en el ámbito de la escultura, el maestro Nacho Pérez fue cofundador del Taller de Artes Plásticas (que luego sería la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana), en la ciudad de Xalapa, en 1964, junto con Pablo Platas, Jorge Martínez, Joaquín Durán, Alva de la Canal, Norberto Martínez, Mario Orozco Rivera, Fernando Vilchis, Kiyoshi Takahashi, entre otros.

Trabaja con diversos materiales: piedra, granito, bronce, madera, mármol, acero inoxidable, fierro, barro, cemento, terracota, de acuerdo a la figura a realizar, pero siempre con elementos del lugar, de la región.

La obra del artista se nutre de los elementos de la naturaleza. En su afán de conservación usa también material de desecho para crear obras que lleven el mensaje de salvar la tierra, la atmosfera, el agua, el cuidado del medio ambiente.

En ciertas exposiciones, el también llamado “Guardián del Medio Ambiente” confía en que “el amor al planeta nunca se perderá, el hombre sigue, se puede rescatar mucho, aún hay tiempo” y con su exposición escultórica hace un llamado a los niños, a los jóvenes, a los adultos, a los políticos, a trabajar por el cuidado del medio ambiente, para que los ríos vuelvan a tener sus aguas cristalinas y siga emanando la vida en el planeta.

A su edad, conserva el brío de seguir con sus creaciones, para dejar su sentir, su pasión, su universo. Afirma: “En el peregrinar de este mundo, estamos con una misión: dejar obra; yo vine con una misión, no me estoy despidiendo, pero estoy en los albores de la despedida. Les dejó mi mensaje, mi emoción en vivo, con la expresión de mi corazón. Crear mis esculturas es como el que está cantando con una guitarra, así es el arte”.

Nuestro reconocimiento al maestro Nacho Pérez, quien comentó: “Mi obra que la vea la humanidad; esto es para la humanidad, mi corazón y mi cuerpo está para la humanidad”.

Un hombre sencillo, amable, generoso; un veracruzano que labra sus esculturas con amor, amor a Veracruz. Que esculpe el rostro de México, sus raíces, los valores de identidad, la mexicanidad, pero también creación de sueños, anhelos, vivencias, la vida misma.

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