Mie. Oct 16th, 2019

El bloqueo a Huawei levanta un muro digital

Una pantalla muestra la tecnología 5G de Huawei en el campus de Bantian en Shenzhen, China.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump, por fin ha conseguido su muro: no el que sigue exigiendo en la frontera al sur del país, sino una barrera mucho más compleja que tiene como objetivo bloquear a la campeona de las telecomunicaciones nacionales de China, Huawei, para que no pueda operar en Estados Unidos, y privarla de la tecnología estadounidense mientras construye sus redes por todo el mundo.

Después de una oleada de nuevos decretos gubernamentales, Huawei, el segundo fabricante más grande de teléfonos celulares en el mundo tras superar a Apple en 2018, pronto no tendrá ningún acceso a la tecnología hecha en Estados Unidos. Para finales del verano, los nuevos teléfonos Huawei no contarán con las aplicaciones de Google. Además, las empresas estadounidenses de chips para computadora están eliminando el suministro del que depende Huawei para crear las redes inalámbricas de quinta generación o 5G.

Sin embargo, el enfrentamiento va mucho más allá de un mero perjuicio en contra de un gigante de las telecomunicaciones de China. Trump y sus asesores quieren obligar a otras naciones a que tomen una durísima decisión: ¿en qué lado del nuevo muro de Berlín quieren vivir?

Washington trata esta situación en términos de la Guerra Fría pues el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, arguye que los líderes del mundo tendrán que elegir entre un internet que proyecte los “valores de Occidente”, entre ellos el ciberespacio gratuito pero caótico y propenso a abusos que tienen los estadounidenses, y uno “basado en los principios de un régimen autoritario y comunista”.

Sin embargo, no es tan sencillo. La abrupta división que se creó en Berlín durante el verano de 1961 fue casi impermeable; detuvo casi todo el comercio y el contacto humano entre las partes orientales y occidentales de la ciudad… y se convirtió en un símbolo de dos campos adversarios que buscaban aislarse mutuamente. Pero, aunque Trump logre aislar a Huawei, miles de millones de bits de información correrán por cableado submarino de fibra óptica —mucho del cual está instalando su filial Huawei Marine— y por satélites que conectan los dos ambientes de internet en competencia.

En comunicados públicos y privados, funcionarios de inteligencia, ejecutivos y expertos en telecomunicaciones han comenzado a admitir que Estados Unidos operará en un mundo en el que tal vez Huawei y otras empresas chinas de telecomunicaciones controlen entre el 40 y el 60 por ciento de las redes en las que hacen negocios empresarios, diplomáticos, espías y ciudadanos.

Hasta ahora, a pesar de que Estados Unidos amenazó a sus aliados de que quedarían privados de la inteligencia estadounidense si estuvieran del lado de Huawei y China, muchos están desesperados por eludir el muro.

El secretario de Estado Mike Pompeo sostiene que los países tendrán que elegir entre el internet gratuito pero caótico y propenso a abusos de Occidente y una versión autoritaria controlada por China.

Entre los aliados más cercanos a Estados Unidos, solo Australia ha prohibido que Huawei construya sus nuevas redes; Japón prácticamente hizo lo mismo. El Reino Unido y Alemania, dos de los miembros más poderosos de la OTAN, están dando evasivas. Sus políticos temen la pérdida de empleos que podría ocasionar, así como las represalias chinas, y creen que hay elementos de la red que Huawei podría construir sin poner en riesgo la seguridad nacional.

Conforme al plan, Nokia, Ericsson u otras firmas de telecomunicaciones de Occidente podrían construir el “núcleo” de la red, los sistemas de conmutación cargados de software que gobernarán la comunicación entre las máquinas y los humanos. Huawei quedaría relegada a las partes más periféricas de la red, como los sistemas de las torres celulares que se comunican con los teléfonos y otros dispositivos.

Alemania ha resistido a las exigencias del gobierno de Trump. Funcionarios alemanes, que hablaron con la condición de mantener el anonimato, dijeron que se preguntan qué sucederá si se ponen del lado de Estados Unidos, país que ayudó a reconstruir su nación después de la Segunda Guerra Mundial y lo protege bajo el paraguas nuclear estadounidense. ¿Acaso Pekín amenazará las empresas conjuntas que producen casi un millón de automóviles BMW y Mercedes-Benz en China? Además, en privado, los funcionarios aseguraron que, en Singapur, donde los barcos estadounidenses arriban para cargar combustible y recibir mantenimiento de camino a las zonas disputadas del mar del sur de China, de ninguna manera prohibirán a Huawei.

Esto podría explicar por qué Pompeo, quien ha encabezado el ataque, ha hablado con un tono más estridente los últimos días, pues ha descrito las decisiones que tomaron los países que construirán sus redes entre los próximos doce y dieciocho meses no solo como una cuestión de seguridad nacional, sino de lucha ideológica.

“La empresa no solo mantiene lazos profundos con China, sino con el Partido Comunista de China, y esa conectividad, la existencia de esas relaciones, pone en riesgo la información estadounidense que cruce por esas redes”, afirmó Pompeo la semana pasada en una entrevista con CNBC.

“Necesitamos un espacio único donde se pueda intercambiar información, pero debe ser un sistema que tenga integrados los valores de Occidente, con el Estado de derecho, las protecciones a los derechos de propiedad, la transparencia, la apertura. No puede ser un sistema que esté basado en los principios de un régimen autoritario y comunista”, le respondió a uno de los entrevistadores.

Sin embargo, los funcionarios de inteligencia ofrecen una explicación un tanto distinta de sus inquietudes. Están mucho más preocupados por la posibilidad de que, en tiempos de conflicto, las autoridades chinas den la orden a Huawei y otras firmas chinas de telecomunicaciones de apagar las redes que del robo que podrían hacer los chinos de los datos que se mueven por las redes estadounidenses.

Una fábrica de Huawei en Dongguan, China

Huawei dice que todo esto es sembrar el miedo. En una serie de entrevistas muy bien manejadas con reporteros chinos y algunos medios informativos estadounidenses, el fundador de la empresa, Ren Zhengfei, ha insistido en que se opondría a cualquier tipo de esfuerzo del gobierno chino por fisgonear en las comunicaciones estadounidenses o por cerrar las redes. Los funcionarios estadounidenses le respondieron asegurando que, conforme a la ley china, Ren no tendría más opción que acatar.

No obstante, las entrevistas de Ren apuntan a un peligro mayor a causa de las medidas que Trump nunca ha reconocido: detener el flujo de tecnología estadounidense a China, o tan solo amenazar con hacerlo, sin duda acelerará la independencia tecnológica de China.

El país ya lleva cuatro años impulsando el movimiento Hecho en China 2025, una política gubernamental para que los fabricantes nacionales dominen campos críticos de la tecnología de punta como la fabricación de semiconductores, la tecnología 5G, la inteligencia artificial y los vehículos autónomos (China consume el 60 por ciento del suministro mundial de semiconductores, pero solo fabrica el 13 por ciento, según un informe reciente del Consejo de Relaciones Exteriores).

Hecho en China 2025 se fundó, en parte, por el temor a que llegaría este día: Estados Unidos, al sentirse vulnerable, amenazaría con limitar a su competencia china.

En una entrevista con reporteros chinos que se llevó a cabo esta semana, Ren dejó claro que había comenzado a almacenar componentes clave y había acelerado el proceso después de que en diciembre pasado arrestaran a su hija en Canadá por cargos que le imputó Estados Unidos, según los cuales Huawei había violado las sanciones en contra de Irán.