El espejismo de algunos destinos turísticos

Las pirámides de Guiza, en Egipto, no están tan apartadas de un ámbito citadino como algunos creen.

Quizá te parezcan familiares esas famosas fotografías románticas de las pirámides de Guiza. En ellas, en las películas y en los libros de texto se aprecia una gran extensión de desierto alrededor o a veces alguna figura indistinguible por la arena. Parece casi seguro que para llegar hay que tomar un tren o un autobús o quizá hacer un recorrido en camello.

Pues bien, para quienes jamás han visitado las estructuras faraónicas ni se han preguntado qué las rodea, lo siguiente puede ser una sorpresa: las pirámides están flanqueadas, en tres de sus costados, por los caminos y vecindarios de Guiza, una ciudad importante con millones de habitantes.

Lo mismo sucede con la Gran Esfinge. A unos 400 metros hay un Pizza Hut con vistas panorámicas del sitio histórico.

Cientos de metros al noreste del complejo de las pirámides se encuentra el campo de golf Oberoi, desde donde puedes apreciar la vista de la Gran Pirámide, una de las siete maravillas del mundo antiguo, mientras juegas golf. Al norte se encuentra Mena House, un lujoso hotel con vistas similares. El camino que te conduce a las pirámides, la calle Al Haram, se ha hecho famosa por sus cabarés y otros tipos de centros nocturnos subidos de tono en El Cairo.

Las imágenes que la mayoría de la gente conoce están tomadas desde un ángulo específico que incluye una vasta extensión de arena hacia el sur. Las pirámides parecen lejanas porque están sobre una meseta de piedra caliza y se encuentran a mayor altura que los alrededores. Pero, si miras con detenimiento, podrás ver las luces citadinas al fondo de muchas fotografías.

 A la izquierda, una imagen de las pirámides de Guiza con la ciudad a la distancia. A la derecha, la vista hacia el sitio arqueológico desde el hotel Casa Mena

La ‘Mona Lisa’

Es la primera vez que estás en París. Al igual que muchos turistas, muy probablemente te fuiste directo, tras dejar tu equipaje, a ver la Mona Lisa, la obra maestra de Leonardo da Vinci de principios del siglo XVI. Lo malo de que esta pintura sea la más famosa del mundo es su grado de protección.

El retrato, en el Louvre, mide apenas 77 por 53 centímetros y se encuentra detrás de varias capas de cristal alternadas con láminas de plástico protector. Y además hay una barrera delimitada por una cuerda.

Detrás de la cuerda, seis millones de visitantes se amontonan para ver la pintura cada año. Aunque te acerques lo más que se permita y seas capaz de echar un vistazo a través de la brecha que llegue a abrirse entre las cámaras de dos teléfonos inteligentes, probablemente tengas que conformarte con una lluvia de flashazos.

Pero no dejes que esto te desilusione. La superficie del Louvre dedicada a galerías mide aproximadamente 60.500 metros cuadrados y ahí hay muchas obras de arte relevantes que puedes disfrutar en paz, como las esculturas de la Venus de Milo o la Niké de Samotracia (apodada la victoria alada).

La torre de Pisa

Esta estructura arquitectónica medieval en Pisa, Italia, también padece de contaminación tecnológica. Es difícil resistirse a la foto obligada de “estoy sosteniendo la torre en mi mano”, aprovechando que la edificación ahora está inclinada cuatro grados (antes era mayor). Y en estos días, con el almacenamiento en los teléfonos inteligentes, ya no se hace “solo una foto y listo”.

 Con casi 56 metros de alto, la torre inclinada no es tan imponente. Además de la plaza de los Milagros, el complejo de cuatro edificaciones que incluye la torre inclinada y la catedral, la ciudad de Pisa no ofrece tanto más.

Aun así, si te encuentras en la región de la Toscana, está a solo kilómetro y medio de la estación de tren Pisa Centrale, así que, si te parece bien bajarte del tren y muy pronto después volver a abordar, vale la pena visitar el complejo. Incluso puedes subir los casi trescientos escalones de la torre, aunque para eso deberás comprar una entrada.

Stonehenge

Si te imaginas recostado sobre el césped mientras miras el misterioso monumento neolítico y meditas acerca del propósito de la vida, te vas a desilusionar. Quienes visitan Stonehenge en horarios laborales deben disfrutar la vista desde lejos, a unos diez metros de distancia, y como parte de un grupo.

Cada año, aproximadamente un millón de personas visita el lugar, en el sur de Inglaterra. El viaje toma casi todo un día si te alojas en Londres, ya que está a una distancia de dos horas y media en auto de la capital inglesa.

“Siempre le digo a las personas que si quieren visitar Stonehenge” conviene quedarse en el auto “y mirar por la ventana mientras pasan por ahí”, opinó en Reddit un usuario. “El concepto es genial y sin duda es antigüísimo, pero no por ello es súper atractivo”.

Si acercarte a esas piedras erigidas encabeza tu lista de cosas por hacer antes de morir, puedes reservar una entrada para una de las visitas especiales a diario con las que aproximadamente treinta personas pueden pasar más allá de las barreras. No obstante, hay mucha demanda, de modo que las entradas se venden con varios meses de anticipación y no están disponibles todo el año.

El Álamo

Al igual que la torre inclinada de Pisa, este sitio patrimonio de la humanidad ubicado en San Antonio, Texas, no es tan grande como quizá crees que es. La estructura principal del sitio, sede de una de las grandes batallas de la secesión texana de México, es una iglesia de trescientos años de antigüedad que mide alrededor de 23 por 18 metros y sus muros de piedra caliza se han ido desmoronando a lo largo de los años (el culpable de esto posiblemente es el aire acondicionado).

No se permite tomar fotografías en el interior; dependiendo de tus preferencias quizá eso es bueno. La fila para entrar suele ser larga y es complicado encontrar estacionamiento si es que es necesario, pero la entrada es gratuita. Se está trabajando en proyectos para volver a desarrollar la zona e incluir más áreas verdes para los visitantes, aunque estos proyectos de restauración se han topado con complicaciones.

Y, por último, un sitio que probablemente superará tus expectativas.

La Sagrada Familia

Este templo del arquitecto Antonio Gaudí en Barcelona posiblemente no es tan aclamado mundialmente como la catedral de Notre-Dame en París o la abadía de Westminster en Londres, pero la realidad es que sus dimensiones y detalles únicos son sorprendentes y posiblemente te dejen sin aliento. Si pagas por un ascenso en elevador a la cima de las torres de la fachada del Nacimiento o de la fachada de la Pasión, el descenso por las estrechas escaleras de caracol será una emocionante experiencia inesperada. Ambas torres ofrecen paisajes espectaculares de Barcelona.

A diferencia de muchas catedrales, la Sagrada Familia es espaciosa y etérea, con imponentes vitrales con colores brillantes y llamativos. Sus columnas interiores, que se asemejan a huesos, se construyeron con la intención de imitar los troncos de los árboles en un bosque.

Otro punto a favor: se ubica en el corazón de Barcelona. Tienes la facilidad de visitar la Sagrada Familia por la mañana, sumergir los pies en el mar Mediterráneo por la tarde e irte a comer para, al final del día, explorar la famosa vida nocturna de la ciudad.

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