Lun. May 20th, 2019

El hogar de Pablo Escobar, el edificio Mónaco, fue demolido en Colombia

El antiguo hogar del narcotraficante Pablo Escobar en Medellín, Colombia, durante su demolición el 22 de febrero.

 

Una multitud de transeúntes celebraba al tiempo que el imponente edificio gris implosionaba y se derrumbaba hasta convertirse en un montón de escombro y polvo. Algunos lloraron.

La detonación televisada que colapsó el edificio Mónaco, el antiguo hogar del narcotraficante Pablo Escobar en Medellín, borró un símbolo del pasado de la ciudad que muchos habían intentado olvidar. En su lugar, la ciudad planea un parque conmemorativo para honrar a las víctimas de los crímenes de su cartel de drogas.

“Hoy el edificio cae y empieza una esperanza“, dijo el 22 de febrero Iván Duque, presidente de Colombia, en una declaración a la televisión. “Es imposible cambiar el pasado, pero se puede construir un mejor presente y un mejor futuro”.

Escobar vivió en el edificio Mónaco durante años hasta 1988, cuando unos rivales detonaron un coche bomba. La familia Escobar abandonó la estructura que permaneció abandonada desde ese entonces. Sin embargo, a más de veinticinco años de la muerte de Escobar, el edificio de seis pisos con un penthouse todavía encendía un acalorado debate: los funcionarios de la ciudad sopesaban el potencial atractivo turístico del lugar contra la necesidad de dejar atrás un doloroso pasado.

Escobar vivió en el edificio Mónaco durante años hasta 1988, cuando rivales hicieron estallar un coche bomba en el lugar.

El legado del capo de las drogas ha ensombrecido a Medellín, en parte debido a nuevos documentales, programas de televisión como la exitosa serie Narcos de Netflix y libros que se han centrado en la vida de Escobar, los cuales a menudo glorifican su legado y dejan fuera detalles sobre sus víctimas.

Después de su muerte, el capo se ha convertido en algo parecido a un héroe popular, debido a su meteórico ascenso de la clase trabajadora hasta volverse multimillonario, y por su generosidad con algunas personas, al construir viviendas y hospitales para los pobres.

Medellín, llamada la ciudad más peligrosa del mundo por la revista Time en 1988, ha visto el desplome de los crímenes violentos y cada vez más se convierte en un destino turístico. Algunos han capitalizado la historia de la ciudad como un lugar de interés sobre los narcóticos.

Los guías de turistas —incluido el exjefe de sicarios de Pablo Escobar, John Jairo Velásquez, conocido como Popeye— llevan a los clientes en recorridos por los antiguos sitios que frecuentaba el cartel. Vendedores callejeros venden camisetas con la cara de Escobar.

No obstante, la narrativa para los turistas a menudo no menciona el impacto de su cruento ascenso al poder y los secuestros y asesinatos que sufría cualquiera que se atreviera a desafiar al cartel.

Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, dijo al medio local El Colombiano antes de la demolición que derribar la estructura era un paso simbólico importante para la ciudad y el país.

El alcalde de Medellín se unió a decenas de familiares de las víctimas y miembros de la comunidad para una ceremonia realizada en los terrenos de un hotel cerca del sitio del Mónaco.

Dijo que cambiar la narrativa al enfatizar las historias de las víctimas en vez de glorificar la actividad ilegal de Escobar y de otros como él, era esencial para reclamar la historia nacional de Colombia.

“Nos preocupa la manera en la que hemos narrado, y dejado de narrar, nuestra propia historia”, dijo Gutiérrez. “En la mayoría de los relatos, los victimarios son los protagonistas y eso tiene consecuencias en el largo plazo, porque acaba por validar un entorno de ilegalidad”.

La ciudad consultó con vecinos, académicos, artistas locales y los familiares de las víctimas para diseñar el parque en honor a las víctimas, dijo.

El propósito de demoler el Mónaco “no es borrar la historia”, dijo. “Necesitamos que nuestros jóvenes conozcan las historias que les digan ‘esto no nos puede volver a pasar’”.

Gutiérrez se reunió el 22 de febrero con decenas de familiares de las víctimas y miembros de la comunidad para una ceremonia en las instalaciones de un hotel cerca del sitio del Mónaco, desde donde observaron la caída del edificio.

“Medellín puede contar una historia diferente”, dijo a la multitud. “Hoy cae un símbolo para encender la esperanza”.