Lun. Jun 17th, 2019

El juicio al Chapo: un testigo detalla un asesinato brutal

Eduardo Balarezo, uno de los abogados defensores del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, afuera de la Corte Federal de Distrito en Brooklyn.

Muchas historias de narcoviolencia se relataron el 19 de noviembre, cuando los miembros del jurado en el juicio de Joaquín Guzmán Loera escucharon el terrible testimonio sobre seis asesinatos brutales en la guerra de cárteles.

Una balacera casi decapita a una de las víctimas. Otra fue acribillada en la puerta de su casa cuando salió tras escuchar que acababan de atropellar a su hijo, lo cual era una mentira.

Otra de las víctimas cometió un error pequeño pero fatal: un día se rehusó a darle la mano a Guzmán.

La semana pasada, los fiscales federales en el juicio de Guzmán, el narcotraficante mexicano conocido como el Chapo, proporcionaron evidencia de las masacres sangrientas que su cártel cometía cotidianamente. Sin embargo, al inicio de la segunda semana del juicio, el gobierno comenzó a considerar a Guzmán como el responsable de esos crímenes.

En vez de estas anécdotas cruentas, la audiencia del tribunal había esperado que un testigo de cargo, Jesús Zambada García, confesara un acto de corrupción escandaloso. La semana pasada, durante una conversación privada, los abogados de Guzmán dijeron que Zambada testificaría que le entregó por lo menos 6 millones de dólares al “presidente en funciones de México”. Ese testimonio jamás llegó el lunes, pero quizá podrá escucharse este martes, que Zambada regresa al estrado.

El testigo estelar de la fiscalía en el juicio del Chapo Guzmán, Jesús Zambada García, fue presentado a la prensa mexicana en 2008 poco después de su arresto. 

No obstante, el testigo dijo el lunes, no menos de seis veces, que Guzmán, su exjefe en el Cártel de Sinaloa, había organizado el asesinato de algunas personas por razones aparentemente nimias. En el tercer día de Zambada como testigo, se retrató a Guzmán como un fanático de las armas impulsivo que tenía una pistola de diamantes incrustados con sus iniciales en la empuñadura y que alguna vez se relajó practicando su puntería con una bazuca.

Desde el inicio del juicio, que se lleva a cabo en la Corte Federal de Distrito en Brooklyn, los fiscales han acusado a Guzmán no solo de obtener 14.000 millones de dólares mediante la venta de cargamentos con toneladas de drogas que se traficaron en Estados Unidos, sino también de participar en más de treinta asesinatos. Zambada comenzó a describir algunos de esos crímenes el lunes; comenzó con la muerte de Rodolfo Carrillo Fuentes, un exmiembro del Cártel de Sinaloa.

En 2004, dijo, Guzmán y Carrillo Fuentes eran rivales de una guerra entre los narcotraficantes de Sinaloa y el Cártel de los Zetas, una violenta organización criminal con la que Carrillo Fuentes se había aliado. En una reunión para hacer las paces, Ismael Zambada García, el antiguo socio de Guzmán, intentó negociar una tregua. Sin embargo, cuando Guzmán extendió la mano, Carrillo Fuentes no correspondió el gesto.

Poco después, dijo Zambada, unos sicarios se apostaron para esperar a Carrillo Fuentes y a su esposa y los balearon cuando salían de un cine en Culiacán. “El Chapo dijo que lo mataría”, le mencionó Zambada al jurado.

El año siguiente, Julio Beltrán Leyva, otro de los antiguos aliados de Guzmán, murió de manera similar. De acuerdo con Zambada, Beltrán Leyva había desobedecido una orden de no enviar un cargamento de cocaína de Acapulco. Según el testimonio de Zambada, Guzmán envió a sicarios para que arremetieran en su contra y le dispararon tantas veces que su cabeza quedó colgando del cuello.

Con el testimonio del lunes, quedó claro que el narcotráfico, sobre todo en el mundo de Guzmán, no era una ocupación que promovía la salud ni la longevidad. La gente que lo rodeaba al parecer moría con una frecuencia alarmante.

 Joaquín Guzmán Loera, conocido como el Chapo, poseía una pistola que en la cacha tenía sus iniciales en diamantes. 

Por ejemplo, Arturo “Arturito” Guzmán, su hermano menor, fue asesinado en prisión en la víspera de Año Nuevo en 2004. También hubo un policía que generalmente no salía por miedo, pero recibió una lluvia de balas en su casa después de que uno de los sicarios de Guzmán tocó a su puerta y gritó una mentira: que un auto había atropellado a su hijo.

Incluso los que soportaron la violencia en el círculo de Guzmán tuvieron que alcanzar otro nivel de resistencia para sobrevivir. Un sicario, herido durante el tiroteo en el que murió Beltrán Leyva, quedó inconsciente durante cinco o diez minutos con un disparo en la cabeza, agregó Zambada. Cuando por fin despertó, el sicario dijo que la herida solo era “un rasguño”.

William Purpura, uno de los abogados de Guzmán, le hizo algunas preguntas a Zambada el lunes por la tarde, y señaló que en declaraciones previas jamás había mencionado a Guzmán en relación con algunos de los asesinatos por los que el gobierno lo responsabiliza. Purpura también insinuó que Zambada era un mentiroso capaz de decir lo que quisiera porque casi todas las personas que podrían corroborar —o desmentir— su testimonio ya estaban muertas.

Purpura señaló que Juan José Esparragoza, el mentor de Guzmán, que lo conocía mejor que nadie, estaba muerto, al igual que Arturito, el hermano del narcotraficante. Amado Carrillo Fuentes, exaliado del acusado y hermano de Rodolfo, también estaba muerto, dijo Purpura, tras haberse desangrado en 1997 mientras se sometía a una cirugía plástica.

“Todos están muertos”, le dijo Purpura al testigo. “Así que solo queda usted, ¿cierto?”.

Zambada respondió de manera afirmativa.

“Afortunadamente estoy vivo”, le dijo.