El punk californiano con sabor latino

Molly Díaz, de 18 años, es organizadora de espectáculos en Los Ángeles.

La ciudad de Los Ángeles está arraigada en una rica tradición punk que data de finales de la década de 1970. Las películas que conforman la serie El declive de la civilización occidental: los años del metal, de Penelope Spheeris, son algunos de sus más convincentes documentos visuales.

En la primera película, Spheeris cuenta la historia de Hollywood al final de los años setenta, cuando bandas como Black Flag, los Germs, X, Fear y otras estaban surgiendo.

Para el tercer filme, situado casi dos décadas después, a mediados de los años noventa, el entorno había cambiado bastante: los rostros son más jóvenes y los nombres de las bandas son otros. Aun así, las características definitorias del punk se mantienen: el sentimiento del aislamiento de la vida y la cultura convencionales dan nacimiento a una nueva generación, pero que se viste con la misma ropa rota, cubierta con parches de sus bandas favoritas, y tiene la misma actitud que la de sus predecesores. En ambos filmes de Spheeris, los punkis son en su mayor parte varones adolescentes blancos.

Aunque muchos de esos aspectos aún resuenan en el entorno actual del punk, la demografía ha cambiado considerablemente desde la época de la última película de Declive. Hoy en día, en muchos espectáculos punk en Los Ángeles, gran parte del público es latino. Esto en parte se debe a los cambios en la población: los latinos ahora son el grupo poblacional más cuantioso de California y el condado de Los Ángeles tiene la población latina más grande de cualquier condado en Estados Unidos.

Muchos de los músicos y organizadores viven en la periferia de la ciudad. Las zonas al este de la autopista Interestatal 110 y al sur de la Interestatal 10 —Cudahy, South Gate, Compton, North Long Beach, East Long Beach— han visto el surgimiento de un nuevo entorno con bandas que apenas se formaron en 2017.

Además del lugar, estos punkis están unidos por una idea compartida de aburrimiento y distanciamiento de la cultura convencional. Es lo que los ha llevado a buscar refugio en la música; no solo la punk, sino también la clásica, el rock psicodélico, el metal, el rock gótico y el postpunk.

Chris Ramírez es vocalista de la banda Vital.

“Las primeras bandas que escuché eran grupos clásicos y de rock pesado como Led Zeppelin”, dijo Martín Castro, de 17 años. “Cuando escuché el punk por primera vez, oí a los Germs y me dejaron impactado. Sabía que tenía que usar lo que había aprendido en la guitarra para escribir canciones punk”.

Castro es el guitarrista de una banda llamada Diversity, cuyos miembros son de Cudahy/Huntington Park. Castro escribe la música de la banda, la cual es rápida e intensa y recuerda los temas políticos de las bandas punk de la época de la presidencia de Ronald Reagan en los años ochenta que ellos idolatran, como MDC (Millions of Dead Cops). Con un semblante serio que expresa urgencia, Albert de la Rosa, el vocalista de 17 años, canta letras sobre problemas internacionales, como los casos de desaparición de estudiantes en México.

Antonio García y George Becelinof, de NNN 

Aunque el espíritu de las letras sobre justicia social de Diversity no es la norma para el entorno del punk en Los Ángeles.

“No somos una banda política”, dijo Enrique Murillo, de 18 años, conocido como X-Ray y vocalista de NNN, una banda de East Long Beach. Fue formada hace un año, después de que Murillo invitó a su amigo Enrique Cruz, un guitarrista de 20 años conocido como Kross, a hacer música con él. Su primera canción, “Scum Hole Ripper”, habla de un pasatiempo que va de la mano con el punk: el patinaje. Otras favoritas del público, como “Creature Kill”, son divertidas y llenas de energía.

Enrique Murillo, el vocalista de NNN, durante un espectáculo en un patio

El contenido de las letras no es tan ligero en el caso de Vital, que también es de Long Beach, pero del lado norte. El vocalista, Chris Ramírez, tiene 19 años y es conocido como Breadcrum. Dijo que su banda es “la más odiada”, pues se burlan de las reglas y las convenciones del punk en canciones como “Punk Rock Parody”.

“La gente quiere afirmar que el punk es tal o cual cosa”, comentó Ramírez, quien añadió que el objetivo de su música es destruir esos prejuicios.

Aunque los temas difieren de banda en banda y de canción en canción, hay ciertas características comunes. La mayoría de las canciones transmiten un sentimiento de desapego de la vida familiar. Además, prácticamente en cualquiera de estos conciertos, hay un grupo de adolescentes que practican el slam.

Aurora Zavala, de los Pantheons (izquierda), con Díaz y Leslie Mayorga, organizadoras de espectáculos locales

Georgeff “George” Becelinof, el baterista de NNN, de 19 años, describió el tiempo que pasa con la banda como una suerte de catarsis. “Tocamos para pasar el rato con amigos”, dijo, y para dejar atrás el estrés de la vida en casa por unos momentos. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras describía su vida familiar inestable y la época que pasó en el sistema de cuidado tutelar cuando era adolescente.

Zavala es la bajista de los Pantheons.

Antonio García, de 17 años, otro miembro de NNN cuyo apodo es Coyote, dijo que él también tenía una situación doméstica difícil. “Intento nunca estar en mi casa”, comentó. “Salgo a patinar o voy a los shows”.

Otro integrante de Diversity, Germán Ambriz, de 19 años, dijo que sus padres no tomaban en serio su música. “La odian”, comentó. “Creen que solo estoy perdiendo el tiempo sin conseguir un empleo”.

Aurora Zavala, de 20 años y bajista de los Pantheons, comentó que su situación es algo similar. “Mis padres son superreligiosos. Mi papá en verdad odia mi manera de vestir”.

 Los miembros de NNN cerca del río Los Ángeles 

Germán Ambriz, Albert de la Rosa, Martín Castro y Bryan Moreno son integrantes de Diversity.

Los miembros de Vital

Una amiga de Aurora, la organizadora de conciertos Leslie Mayorga, de 19, se mostró más comprensiva con su padre, quien también fue punk. En la década de 1990, el padre de Zavala tocaba en una banda llamada Kracneo en Tijuana, México. “Ya no le hablo, pero me alegran las cosas que me enseñó”, señaló.

Ramírez en su auto

Los padres de Leslie también la motivaron, dijo: se conocieron en el mundo del punk de Tijuana antes de emigrar a Estados Unidos, donde ella conoció gracias a ellos bandas de Latinoamérica y España. “Parálisis Permanente, Eskorbuto, ¡esas bandas son muy buenas!”, dijo Leslie.

Molly Díaz, de 18 años, quien también es organizadora de espectáculos, vivió experiencias similares a las de su amiga Leslie. Su madre creció en Los Ángeles y también la acercó al estilo y la música punk desde una edad temprana.

Después están los padres que apoyan a sus hijos. Los integrantes de Diversity cuentan con la madre y el padre de Albert, Rosalba Brito y Tito de la Rosa, para transportar su equipo a las tocadas en la minifurgoneta de la familia. Además, los padres de Albert siempre están presentes entre el público en cada uno de los espectáculos de su hijo.

“No me gustaba que Albert fuera a los shows”, dijo Rosalba Brito. “Me preocupaba que conviviera con las personas inadecuadas, y no dejaba que fuera a menos que yo lo acompañara”. Pero ahora, dice: “Estoy muy orgullosa y todos estos chicos son buenos niños”.

Es una nueva visión de la historia que el punk ha contado durante décadas: la alienación genera creatividad, que a su vez da lugar a la comunidad. La música, ya sea apática o con un mensaje político, interactiva o combativa, es el medio de expresión más honesto que tienen estos chicos para comunicar sus sentimientos. Además, han encontrado un público que está dispuesto a escucharlos.

Ámber Domínguez en un concierto de Vital 

 “Intento nunca estar en mi casa”, dijo García, de NNN. 

 De la Rosa, miembro de Diversity 

 ¿Qué tipo de presentación de punk no termina con un “slam”?

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