Jue. Oct 17th, 2019

El reencuentro de una familia migrante separada por las políticas de Trump

Cuando Ludin fue liberada bajo fianza de un centro de detención federal estadounidense esta semana, una organizadora de derechos de los inmigrantes llevó a la mujer guatemalteca de 43 años al aeropuerto en Austin para que abordara un vuelo camino a Providence, Rhode Island, y pudiera reunirse con sus dos hijos, a quienes no había visto en más de un mes.

Cuarenta días antes, oficiales migratorios en McAllen, Texas, le habían quitado directo de sus brazos a Keyri, la hija de 9 años de Ludin, después que su familia cruzó de manera ilegal la frontera en busca de asilo. Ludin dice que una pandilla había amenazado con matar a su hijo adolescente, Élmer.

“Pensé que nunca más los iba a volver a ver”, dijo ella el día después de ser liberada. “¿Y cómo se los voy a venir a regalar?”.

Los hijos de Ludin son dos de los más de dos mil menores detenidos y separados de sus padres por oficiales fronterizos estadounidenses desde principios de mayo, como parte de la política migratoria de tolerancia cero del gobierno de Donald Trump. A diferencia de muchas de esas familias inmigrantes, Ludin —quien pidió no usar su apellido por temor a comprometer la seguridad de ella y de su familia— no enfrenta cargos penales.

Su solicitud de asilo está pendiente, al igual que las solicitudes para sus hijos Keyri y  Élmer, de 17 años. Su esposo, Élmer, llegó a Estados Unidos hace dos años después de que su hermano fue asesinado y él fue amenazado de muerte. Su solicitud de asilo también está pendiente.

El gobierno estadounidense ha reunificado a cientos de familias en las últimas semanas, pero muchas siguen separadas. Ludin recuerda conversar de esto con otras mujeres cuando estaba detenida.

“Muchas decían: ‘Tú tienes suerte, vas a ver a tus hijos y a abrazarlos. Nosotras todavía no podemos’. Hay mucha gente pobre que aún sufre sin saber dónde están sus hijos”, dijo.

Este video resume lo que vivieron Ludin y sus hijos Keyri y Élmer:

Durante tres días Ludin y sus hijos estuvieron detenidos en celdas separadas en el sur de Texas. Además de extrañarse entre sí, resentían el frío y las condiciones, así como el trato severo de los agentes del gobierno estadounidense.

Después de esos tres días, Élmer y Keyri fueron transferidos a un albergue en Michigan, operado por Bethany Christian Services.Keyri fue puesta en el cuidado temporal de una familia de acogida hasta que el 20 de junio ella y su hermano fueron entregados a su padre, quien viajó desde Westborough, Massachusetts.

El miércoles 27 de junio, cuando Ludin estaba preparándose para volar hacia Providence, era palpable la anticipación de todos. Su hijo, Élmer, se la pasaba viendo su reloj y Keyri le preguntaba con frecuencia a su papá cuándo iba a llegar su madre. Y cuatro horas antes de la hora para la que estaba programado el aterrizaje, los hijos y el padre recibieron una llamada: Ludin había perdido su vuelo por una mala comunicación con la aerolínea y tendría que conseguir otro asiento en un vuelo para Boston más tarde ese día.

La reunión tan esperada por fin sucedió a la una y media de la mañana en el aeropuerto Logan. Casi todas las cintas donde se recoge el equipaje estaban apagadas. Parecía que los guardias de seguridad ya se habían ido a casa. Keyri, Élmer y su padre, con una decena de rosas en mano, estaban inquietos.

Y el avión de Ludin por fin aterrizó. Cuando salió desde un pasillo largo, la familia corrió para abrazarse.

El día siguiente, Ludin y su hija presentaron sus solicitudes separadas de asilo. Podrán seguir juntos en lo que se desarrolla el proceso.