Sab. Ago 17th, 2019

Emma Coronel, la esposa del Chapo, fue implicada en su célebre fuga del penal del Altiplano

En 2015, Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera escapó de la prisión de máxima seguridad en Almoloya, México.

 

Más de un año antes de que el narcotraficante mexicano Joaquín Guzmán Loera protagonizara una de las fugas de prisión más célebres de la historia, les informó a sus asociados sobre cómo planeaba escaparse a través de una fuente poco probable: su esposa, Emma Coronel Aispuro.

La estrategia que Guzmán diseñó, y que Coronel se encargó de coordinar, fue tan atrevida como ingeniosa: unos trabajadores ubicados cerca de la prisión cavaron un túnel de 1,5 kilómetros hasta su celda. Para determinar su ubicación exacta, alguien tuvo que introducir un reloj con un transmisor de GPS, pasar por los guardias y llevarlo hasta el calabozo del capo.

Al igual que el escape de Guzmán en 2014, a través de un túnel secreto ubicado debajo de su ducha, la audaz fuga de la prisión del Altiplano en Almoloya, México, un año después, es una de esas historias casi increíbles que han ayudado a convertirlo en una figura del mundo criminal. La posible implicación de la esposa de Guzmán se dio a conocer el miércoles, junto con nuevos detalles asombrosos, en su juicio que se realiza en la Corte Federal de Distrito en Brooklyn.

La revelación más importante en el testimonio del miércoles fue que Coronel, quien en ese entonces tenía 26 años, estuvo muy involucrada en la planificación de la fuga de su esposo. El testigo que la involucró, Dámaso López Núñez, también declaró que ella formó parte de otro intento por sacar a Guzmán de la cárcel, después de que fue recapturado al año siguiente.

El Chapo escapó de la prisión de máxima seguridad a través de un túnel que llegaba hasta la ducha de su celda.

Coronel estaba sentada en la sala del tribunal mientras López, uno de los excolaboradores del Chapo, les dijo a los jurados en un tono calmado que ella transmitió las instrucciones de su esposo, quien les pidió a sus asociados, incluidos sus propios cuatro hijos, comprar las tierras ubicadas cerca de la prisión y luego conseguir armas y una camioneta blindada.

López nunca dijo que Coronel fue quien introdujo el reloj con el GPS en la prisión, pero contó que ella era una de las dos únicas personas que visitaban regularmente al capo. No es la primera vez que las pruebas del juicio sugieren que Coronel ayudó y animó los innumerables delitos de su esposo.

Hace dos semanas, los fiscales presentaron algunos mensajes de texto que mostraban a Coronel entregándole su teléfono celular a su padre, Inés Coronel Barreras, quien coordinó con Guzmán los detalles de un importante acuerdo de cocaína. En otros mensajes, Coronel accedió a esconder las armas de su esposo, temiendo que la policía estuviera llegando a su residencia, y también planeó con él transferir la escritura de su mansión a nombre de sus hijas gemelas.

Coronel y los abogados de Guzmán se negaron a comentar sobre las acusaciones que la relacionan con la fuga de la prisión. Un portavoz de la oficina del fiscal de Estados Unidos en Brooklyn, ente que ha liderado el procesamiento del capo, también se negó a comentar si la mujer había cometido algún delito.

Una vista del túnel conectado desde una casa a los desagües de la ciudad y que fue utilizado por Guzmán para escapar de la prisión.

Ahora, Coronel tiene 29 años y vive en México, pero desde que el juicio comenzó en noviembre ha asistido casi todos los días. La mayoría de las mañanas saluda a Guzmán, dejando claro que está a su lado. Justo antes de Navidad, en un gesto que parecía diseñado para llamar la atención del jurado, ella llevó al juicio a sus hijas gemelas de 7 años, vestidas con lazos y suéteres, para que vieran a su padre.

El martes, ella participó en una extraña estrategia de Guzmán. Ambos se vistieron con chaquetas de terciopelo idénticas en lo que parecía ser un desaire simbólico hacia la amante del capo, quien, en traje de prisión, estaba en el estrado de los testigos que testificaban en su contra.

A pesar de su presencia constante en el juicio, Coronel se ha mostrado imperturbable. Rara vez muestra sus emociones. Incluso cuando los testigos la mencionan por su nombre, a menudo lo único que hace es masticar chicle y jugar con su cabello.

Coronel no mostró ninguna reacción el miércoles, mientras López describía los detalles de la fuga de la prisión y dijo que ella ayudó a planearla.

Según el hombre, el 11 de julio de 2015 los excavadores del túnel rompieron el piso de la ducha de la celda de Guzmán. Al caer en la oscuridad el capo se encontró con un cómplice subido a una motocicleta que estaba conectada a un sistema de poleas.

Una motocicleta adaptada a unos rieles se colocó en el túnel debajo de una casa a medio construir, lo que ayudó a la fuga de Guzmán.

Después de que fueron trasladados a un lugar seguro, Guzmán salió del túnel y subió a un vehículo todoterreno que lo llevó a una pista de aterrizaje. Allí, según López, el capo abordó un avión que lo llevó a un escondite en las montañas de la sierra Madre, llamado El Cielo.

Pero en la constante persecución que caracterizaba a la vida de Guzmán, seis meses después volvió a ser arrestado y lo trasladaron de inmediato a otra prisión ubicada en Ciudad Juárez, México.

López asegura que poco después de la detención se reunió con Coronel, quien le informó que su esposo quería volverse a escapar. Su plan era ser transferido de vuelta al Altiplano y excavar otro túnel. López dijo que, según la mujer, para asegurar que se realizara la transferencia, Guzmán le pagó un soborno de 2 millones de dólares al jefe del sistema penitenciario de México.

Todo esto sonaba tan increíble que, en el interrogatorio, uno de los abogados de Guzmán, Ángel Eduardo Balarezo, le preguntó si eso realmente había sucedido. ¿Un túnel? ¿Un avión que llevó al capo a las montañas? “Es bastante espectacular, ¿verdad?”, preguntó Balarezo.

López no se inmutó y le contestó: “Es muy real”.