Lun. Jun 17th, 2019

En Brasil, una autopista mortífera para los animales

Un caimán muerto en una autopista de la región Pantanal, en Brasil, uno de los ecosistemas más ricos del mundo en biodiversidad de flora y fauna.

Siempre que Wagner Fischer conduce por alguna autopista, se fija en los animales atropellados.

Cuando era estudiante de posgrado en los noventa, Fischer —ahora biólogo en la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur— viajó por el Pantanal de Brasil, un humedal tropical de agua dulce que se extiende por 340.000 kilómetros cuadrados: es el más grande del mundo. Desde su motocicleta vio monos que se balanceaban en los árboles ubicados en el borde del camino y roedores capibaras o carpinchos que dormían sobre el acotamiento. Iba en busca de murciélagos pescadores, el tema de su investigación de posgrado. Sin embargo, lo que lo dejó fascinado y consternado fue la masacre que presenció a lo largo de la carretera: caimanes, anacondas, cigüeñas de cuello negro llamadas jabirús e incluso un oso hormiguero gigante cuyo osezno, agarrado de su lomo, aún seguía vivo.

La principal arteria de la región, la BR-262, es un largo tramo de asfalto que atraviesa una zona verdosa para comunicar las ciudades en crecimiento de Campo Grande y Corumbá, a más de 400 kilómetros de distancia entre sí. Fischer comenzó a tomar miles de fotografías y a registrar a las especies muertas que había a lo largo de la carretera. Compartió sus resultados inéditos con otros investigadores y con funcionarios de gobierno.

“La gente de la comunidad científica no dejaba de preguntarme: ‘¿Cuándo vas a publicarlo?’”, dijo Fischer.

Finalmente lo ha hecho, dos décadas después. Su artículo, publicado el 19 de octubre en la revista Check List, un medio digital sobre biodiversidad, es un recuento macabro. De 1996 al año 2000, Fischer contó 930 animales muertos que pertenecían a 29 especies de reptiles y 47 especies de aves. El conteo de mamíferos, que registró aparte, se publicará pronto; incluye más de 2200 ejemplares. Su estudio inicial, desde antes de que fuera publicado, dio lugar a otras investigaciones similares y todas ellas confirmaron la conclusión inicial de Fischer: para la fauna silvestre, la carretera BR-262 es la más mortífera de Brasil y una de las más mortíferas del mundo.

La autopista surge casi de la nada entre los pantanos que la rodean por lo que, según explica Fischer, “es una trampa para la fauna, que no sabe del riesgo”.

La llanura de Pantanal es hogar de más de cuatro mil especies de flora y fauna.

El Pantanal está repleto de ríos y arroyos que se desbordan durante la temporada de lluvias. Gran parte del humedal se encuentra en el estado suroeste de Mato Grosso del Sur, el cual está cada vez más lleno de ranchos de ganado y granjas de soya. Con el pasar de los años, los colegas de Fischer empezaron a observar un aumento constante en las cifras de animales atropellados.

“Consideramos necesarias las autopistas, pero tenemos que reconocer que tienen un costo. No deberíamos matar a estos animales. Mueren solo porque hay una carretera por la que transitamos”.

En 2014, un equipo dirigido por Julio Cesar de Souza, de la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur, hizo otro estudio acerca de los animales atropellados en la BR-262. A lo largo de quince meses, encontraron 518 cadáveres de cuarenta especies y observaron que cada seis kilómetros había animales atropellados. Esa cifra fue diez veces mayor que la registrada por Fischer en 2002, cuando presentó algunos de sus hallazgos en una conferencia de temas relacionados con el transporte. Otro estudio de 2017 contabilizó más de mil grandes mamíferos muertos en un año en la BR-262.

En contraste, en la carretera interestatal 280 de California, la autopista más mortífera para los animales en ese estado, murieron 386 animales en colisiones entre 2015 y 2016. En las carreteras principales de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) murieron alrededor de 1200 animales el año pasado.

En todo Brasil, las carreteras están cubiertas de cadáveres que pertenecen a las 1775 especies de aves y a las 623 especies de mamíferos registradas en ese país. Según Manuela González-Suárez, bióloga de la Universidad de Reading, Inglaterra, los grandes mamíferos se encuentran en mayor riesgo de atropello en el sur de Brasil, en lugares como el Pantanal y la sabana seca, mientras que las aves están en mayor riesgo en la Amazonía.

En un estudio que se publicó en agosto, González Suárez y sus colegas construyeron un modelo informático para predecir en dónde era más probable que los vehículos impactaran contra los animales. El modelo parte de las carreteras existentes y los conteos de animales atropellados, incluidos los datos de Fischer; con él, el equipo descubrió que posiblemente mueran cada año hasta dos millones de mamíferos y ocho millones de aves en las carreteras brasileñas.

“Cuando obtuve la cantidad total, quedé totalmente sorprendida”, comentó González Suárez. “De estos ocho millones de aves, quizás algunas son bastante comunes y tal vez esto no sea un problema. Pero no lo sabemos a ciencia cierta. ¿Vamos a perder todas las aves en Brasil? Puede que no, pero sería bueno saber de qué debemos preocuparnos”.

A los ecologistas les inquieta que el problema empeore pronto. Brasil alberga el 20 por ciento de la biodiversidad del mundo, pero el presidente electo Jair Bolsonaro ha prometido hacer proyectos de desarrollo industrial en algunas de las zonas más ecológicamente sensibles del país.

El biólogo Wagner Fischer y sus colegas han fotografiado miles de especímenes fallecidos en la autopista BR-262.

Ahora que los datos de Fischer se encuentran en la literatura científica, otros investigadores pueden compararlos más fácilmente con datos actuales e identificar tendencias, señaló Arnaud Desbiez, biólogo conservacionista de la Sociedad Real de Zoología de Escocia que también dirige el Proyecto de Conservación del Armadillo Gigante de Brasil y un programa relacionado que se llama Osos Hormigueros y Carreteras.

Desbiez indicó que, idealmente, los datos ayudarían a informar al gobierno en sus labores para disminuir la masacre. A través de los años, Fischer ha compartido sus datos inéditos con funcionarios de gobierno y los ha exhortado, con poco éxito, a construir un sistema de puentes y pasos subterráneos que permitan a los animales cruzar las carreteras con seguridad.

“No se han puesto en marcha muchas cosas que él sugirió. Este no es un problema nuevo, sino algo que él demostró que existía desde hace mucho tiempo”, comentó Desbiez.

Fischer señaló: “Los ecologistas están muy preocupados. Las autoridades fingen estar preocupadas”.

Los funcionarios brasileños han tomado algunas medidas, como poner letreros de metal blancos con siluetas de armadillos y osos hormigueros al borde de las carreteras cada cierto número de kilómetros para advertir a los conductores que “Respeten la vida silvestre” y “Preserven el Pantanal”. Sin embargo, de acuerdo con los ecologistas, los letreros son ignorados fácilmente, en especial porque los transportistas de mercancías en general llevan prisa. Desbiez propone colocar vallas que mantengan a los animales lejos del asfalto y los lleven hacia pasadizos seguros por debajo de la carretera o por encima de ella.

Un oso hormiguero y su cachorro buscan comida en el refugio ecológico del caimán en el Pantanal. La muerte de mamíferos en autopistas puede poner en peligro una población entera, pues se reproducen en números pequeños.

En otros lugares, como Estados Unidos, ya se han construido vallas, pasos subterráneos y puentes a lo largo de las carreteras interestatales a fin de reducir los accidentes, en parte porque estos son costosos tanto para los conductores como para los animales. En Wyoming, los conservacionistas de la vida silvestre siguieron al antílope americano para saber cuáles eran los lugares donde prefería cruzar, y luego construyeron puentes bordeados con arbustos para los animales. En Colorado, una red de pasos subterráneos y puentes sobre una carretera montañosa ha reducido los atropellos de animales en un 90 por ciento.

Fraser Shilling, director del Road Ecology Center de la Universidad de California, campus Davis, ayudó a desarrollar un mapa de colisiones con venados en tiempo real, el cual se conecta a un auto o a una aplicación de teléfono y advierte a los conductores cuándo estar en alerta máxima.

González Suárez, la bióloga en Reading, ahora está estudiando a las especies por separado para averiguar el impacto de los atropellos en las poblaciones locales. Desbiez señaló que en el caso particular de los mamíferos, dado que muchos tienen periodos largos de gestación y dan luz a camadas pequeñas, la pérdida de apenas algunos ejemplares por colisiones en autopistas podría tener efectos devastadores.

El seguimiento de los animales atropellados es importante no solo para fines contables, mencionó Shilling. Las carreteras son la forma principal en que la mayoría de la gente interactúa con la vida silvestre; sin embargo, se denuncian muy poco los accidentes de tránsito que involucran a animales, comentó. Medir la magnitud de las muertes animales por colisión es una forma de recordarle a la gente que el impacto ambiental que provocamos va mucho más allá del dióxido de carbono que emitimos o la basura que generamos.

“Lo primero es descubrir que existe un problema”, afirmó.

Un puma muerto. Según un estudio de 2017, más de mil mamíferos grandes fallecieron en la BR-262 en un periodo de un año. 

González Suárez señaló que la deforestación plantea una amenaza más grande para la biodiversidad de la Amazonía que cualquier autopista nueva, pero que ambas están ligadas, pues las carreteras nuevas se construyen para recolectar madera y para transportar granos y ganado de las granjas en expansión.

“A mí, como bióloga conservacionista, lo que más me preocupa es que los animales puedan perder su hábitat”, comentó. “Consideramos necesarias las autopistas, pero tenemos que reconocer que tienen un costo. No deberíamos matar a estos animales. Mueren solo porque hay una carretera por la que transitamos”.

Fischer espera que sus registros históricos puedan ayudar a otros biólogos, y a otros brasileños, a considerar el poder de destrucción de las autopistas por las que transitan.

“Brasil es un país muy grande con muchos problemas que resolver”, señaló. “Pero estamos tratando de marcar una diferencia”.