Estrella de rocanrol, ¿presidente de la nación?

Svyatoslav Vakarchuk, vocalista de la banda de rock Okean Elzy, está entre los candidatos potenciales a la presidencia para principios del próximo año.

Ucrania — En medio de la revolución ucraniana, el cantante de pop Svyatoslav Vakarchuk saltó a un escenario frente a 250.000 manifestantes. Con el vapor de su aliento en contacto con el aire helado, tomó un micrófono envuelto en la bandera azul y amarilla de Ucrania y le cantó a su nación: “¡Mi amor! ¡Levántate, querida! ¡Despierta!”.

La pasión y las letras de Vakarchuk influyeron no solo en la multitud, que estaba zapateando y saltando con emoción mientras coreaba sus canciones, sino en el resultado de la revolución.

Entre las personas que acudieron a raudales al concierto que ofreció en la Plaza de la Independencia en diciembre de 2013 había miles de seguidores que abandonaron un evento rival en pro del gobierno para asistir a su concierto. En aquel entonces, muchos dijeron que esa acción provocó que el ímpetu en las calles diera un giro decisivo a favor de la oposición.

“Los buenos líderes, como los buenos surfistas, solo esperan atrapar una ola”, comentó Vakarchuk en una entrevista que ofreció hace poco en su oficina de Kiev, en la cual habló más sobre el respeto que siente por los movimientos populares que acerca de políticos. “La idea de que el ser humano común y corriente esté en la parte más alta de la pirámide me parece muy atractiva”.

Guapo, energético y muy admirado en Ucrania, ahora Vakarchuk está calificado en las encuestas como uno de los principales contendientes para ser candidato potencial a la presidencia en unas elecciones que se celebrarán a principios del próximo año, aunque él no ha mencionado si contenderá. Si lo hiciera, sería un rostro fresco no solo en la política ucraniana, sino en el conflicto con Rusia, que es crucial para el futuro ucraniano y que también se ha filtrado en la política estadounidense.

Toda esta situación ha hecho que Vakarchuk, un poeta y músico que a fines del año pasado se dio un tiempo para estudiar Política en la Universidad de Stanford, se convierta en un hombre con millones de seguidores a los que no está seguro de querer liderar.

“Es una pregunta muy provocadora”, comentó, cuando se le presionó para que hablara de sus ambiciones políticas. Solo dijo que está “comprometido a mejorar” su país.

Su influencia política es indiscutible. Tres de sus canciones, “Almost Spring” (Casi es primavera), “Without a Fight” (Sin pelear) y “Rise Up, My Dear” (Levántate, mi amor), se convirtieron en himnos de protesta en dos exitosas revueltas callejeras que tuvieron lugar en Ucrania en 2004 y 2014. Sin embargo, en cada una de esas ocasiones, Vakarchuk y millones de ucranianos se desilusionaban cuando los dirigentes a los que ayudaron a llegar al poder demostraban una rapacidad tan cínica como sus predecesores.

Si Vakarchuk entrara en la política, no sería el primer giro abrupto en su carrera. Nació en un pueblo de los Cárpatos llamado Mukachevo, ubicado al oeste de Ucrania, y fue criado en una familia de científicos. Su madre y su padre eran profesores universitarios de Física y en un inicio él siguió sus pasos.

En 1994, Vakarchuk fundó su banda Okean Elzy, cuando era estudiante de licenciatura en la Universidad de Leópolis, donde después obtuvo un doctorado en el campo de la física de partículas conocido como supersimetría (SUSY, por su acrónimo en inglés): la teoría que habla de cómo las partículas que aún no han sido detectadas a fin de cuentas explicarán los defectos en lo que se conoce como el modelo estándar de la energía y la materia en el universo.

Para cuando se graduó, Okean Elzy era tan popular que Vakarchuk se mudó a Kiev, la capital, donde se volvió músico profesional después de dejar la ciencia de lado, aunque su cuarto álbum lleva como título Supersimetría. En este disco, interpreta una canción llamada “Susy” sobre una mujer a la que en un verso le ruega “no escondas tus ilusiones” de mí.

A lo largo de veinticuatro años, Okean Elzy ha lanzado diez álbumes, que terminaron por ser la banda sonora de relaciones amorosas adolescentes, revoluciones y guerras de una generación de ucranianos… y que provocaron que el nombre de Vakarchuk fuera ampliamente conocido por una gran parte del electorado.

Ucrania, a diferencia de Rusia, tiene un sistema político libre pero caótico capaz de elevar a nuevos líderes con estrategias novedosas para lidiar con los múltiples problemas que enfrenta el país, en particular la guerra con los separatistas respaldados por los rusos, la cual ha dividido a Ucrania oriental. El remedio de eliminar sanciones y “llevarse bien con Rusia”, que el presidente Donald Trump ha dicho que quisiera implementar, depende de una resolución en Ucrania.

Tan solo en la década pasada, una cohorte colorida de presidentes ya ha liderado a Ucrania: Viktor Yushchenko, cuyo rostro quedó desfigurado en un supuesto envenenamiento con dioxina que perpetraron los rusos, lo cual lo convirtió en una representación casi medieval del sufrimiento; Viktor Yanukovych, un autócrata vendido que tenía un zoológico privado, y el líder actual, Petro Poroshenko, el dueño de una fábrica de chocolate a quien se le conoce como el Willy Wonka de Ucrania.

Después de la Revolución Naranja de 2004, Vakarchuk trabajó durante un periodo breve en el Parlamento, pero renunció para protestar por una lucha interna que había entre Yushchenko y la primera ministra Yulia Tymoshenko dentro del grupo que estaba a favor de las posturas ideológicas de Occidente.

“En verdad me frustró el nivel de las luchas mutuas, en el absurdo mundo hobbesiano de todos contra todos, en vez de realizar un cambio para mejorar el país”, mencionó al referirse a su incursión inicial en la política.

“Era una persona que creía en algo y quedó muy decepcionado”, comentó Ihor Panasov, crítico de música, durante una entrevista en la que describió el papel de Vakarchuk como una musa para los levantamientos populares de Ucrania.

El Estado de derecho es un objetivo general, mencionó Vakarchuk. “Hay que ser como los colonos en Estados Unidos, quienes sabían que lo único que les quedaba era moverse hacia el oeste. Sin importar qué tan difícil fuera, sin importar los obstáculos, tenían una gran meta y querían alcanzarla. Encontrar agua, ubicar un lugar donde establecer una granja y todo lo demás son tan solo obstáculos contra los que luchas con lo que tengas a la mano”.

Vakarchuk señaló que crear una fuerza policial eficaz y un Ejército poderoso debían ser las respuestas de Ucrania ante la corrupción y la agresión de Rusia. Vakarchuk ha apoyado la creación de una corte especializada en combatir la corrupción mientras que Poroshenko ha actuado lento y de mala gana.

Según Vakarchuk, él es un creyente de la “política del magnetismo” que funcionó en Alemania Occidental, el lado donde la sociedad era más libre y rica, y que a fin de cuentas se reunió bajo sus términos con Alemania Oriental.

“Estoy convencido de que la clave está en la situación actual que vive el país”, opinó. “Mientras más predecibles, poderosos, cohesivos y ricos seamos, habrá una mayor probabilidad de que no quepa ni la intención ni la posibilidad de que algún foráneo pueda perjudicarnos. A largo plazo, es una estrategia muy poderosa”.

Solo en los países prósperos y pacíficos los músicos pueden evitar la política y concentrarse únicamente en la creatividad, afirmó.

“No se trata de preguntar: ‘¿Qué piensas al ser el autor?, sino: ‘¿Qué hay en el aire?’”, comentó Vakarchuk. En la Ucrania actual, añadió, esto quiere decir que “necesitamos elogiar la inevitabilidad del cambio porque nos enfrentamos a una guerra”.

Sin embargo, el mes pasado, durante un concierto en Kiev que atrajo a cerca de 85.000 personas, incluso muchos de sus seguidores dijeron que no querían que su ídolo musical fuera candidato a la presidencia para ensuciarse las manos en la política.

Al ser el líder de una banda de rock, Vakarchuk podría tener una ventaja en una carrera a la presidencia llena de difamación. “Van a hablar de las drogas. Van a mencionar a las mujeres”, comentó Mylovanov. “Y Vakarchuk dirá: “Claro, amigos, ese es el punto del rocanrol”.

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