Lun. May 20th, 2019

Galería: La fortaleza de las colombianas que sobrevivieron ataques con ácido

Viviana Hernández fue atacada en 2007, cuando su exesposo le pagó a alguien para empaparla en ácido.

Un día, Patricia Espitia caminaba por la calle en Bogotá de la mano de su hija de 5 años; eran la imagen de todo lo bueno que hay en el mundo. De un momento a otro, la madre de 27 años se agarraba la cara ardiente, su hija gritaba y el extraño que la roció con ácido escapaba en un auto; nunca más se supo de él.

Después de una década y treinta operaciones reconstructivas, las razones del ataque que le abrasó la cara, orejas, cuello, pecho y brazos siguen siendo un misterio. Aun así, cuando Betty Laura Zapata, una fotógrafa venezolana que vive en Londres, contactó a Espitia para hablarle de su proyecto para documentar a víctimas de ataques con ácido en Colombia, se topó con una poderosa ciudadana pública. Espitia dirige un grupo sin fines de lucro que defiende a sobrevivientes de ataques con ácido y ofrece conferencias y presentaciones para exponer el horrible crimen que está esparciéndose por su país.

“Cuando la conocí”, dijo Zapata, “se convirtió en un motivo más por el que quiero que otros vean la fuerza de estas mujeres que luchan por recuperar su lugar en la sociedad y no permanecer escondidas en las sombras debido a su apariencia”.

 Patricia Espitia visita con frecuencia un salón de belleza para que arreglen el cabello y la maquillen. 

 Patricia bailando con familiares y amigos durante la fiesta de 15 años de su hija.

Patricia Espitia en la fiesta de quinceañera de su hija.

Los ataques con ácido suceden en todo el mundo, pero son más comunes en Pakistán, India, Nepal, Bangladés y Uganda, según informan datos de Acid Survivors Trust International (ASTI), una organización establecida en Londres. En el Reino Unido, específicamente en Londres, las pandillas recurren a los ataques con ácido contra sus enemigos y también lo usan como arma durante asaltos. Se cree que Colombia tiene uno de los índices más altos por habitante y es el único país en América del Sur donde este tipo de asaltos suceden con frecuencia: se reportan más de cien ataques cada año, casi dos por semana. Sin embargo, muchos más no son denunciados a la policía, dicen los defensores, porque las víctimas temen represalias.

Zapata quería saber por qué los ataques con ácido se habían esparcido por Colombia y no en Venezuela, su país. No obstante, dos años después de que comenzó a documentar sobrevivientes, las razones de la epidemia en Colombia aún son difusas. Algunos defensores de las víctimas culpan al conflicto en Colombia, que bulló y ardió durante más de cinco décadas, por generar una cultura machista de violencia física. Otros culpan al efecto de contagio social: los perpetradores reciben la influencia de antiguos perpetradores, quienes a su vez influirán en los siguientes.

La mayoría de las mujeres en las fotos de Zapata, cuyas edades oscilan entre los 30 y los 50 años, fueron atacadas cuando estaban en sus 20 o 30. Al igual que Espitia, Luz Nidia Mendoza, ahora de 35 años, fue atacada en la calle por un asaltante desconocido en Medellín en 2011. Quedó ciega.

Sin embargo, la mayoría de las víctimas saben quién les robó el rostro. Habían salido, habían vivido o se habían casado con ellos.

Luz Nidia Mendoza quedó ciega tras ser atacada con ácido en 2011. 

 Luz y su hija Jennifer salen de casa a las cinco de la mañana para ir a trabajar. 

Pero entonces los dejaron, una ofensa por la que ellos las castigaron de por vida. Tras una rociada de ácido, sus caras y futuro cambiaron para siempre.

Viviana Hernández, de 32 años, fue atacada por un drogadicto en 2007 al que su exesposo le pagó para empaparla en ácido porque quería dejarlo. Consuelo Córdoba, de 56 años, estaba dormida cuando su expareja la atacó en 2002 porque estaba celoso de que se quisiera mudar a Europa. El ácido le deshizo la mayor parte de la cara, incluso la nariz.

Las mujeres que Zapata fotografió a todo color tienen que sobrellevar dolor físico, una vida de cuidados médicos, la pérdida de su independencia –muchas no pueden encontrar trabajo— y cuentas por pagar. Lo peor es la falta de libertad para poder andar por el mundo sin ser observada, generar lástima o ser presa de burlas.

“Me pasaron algunas cosas cuando estuve en la calle con estas mujeres”, contó Zapata. “Había muchas personas que simplemente se les quedaban viendo sin tratar de ocultarlo”. Permitir que las fotografíen, sin tener el control de su imagen o de quién pueda verlo, puede considerarse un acto de valentía.

“Todas son mujeres maravillosas, que han batallado mucho después de los ataques”, dijo Zapata

 Silvia Julio fue atacada por un hombre que la confundió con su compañera de apartamento en 2013. Perdió parte de su visión como resultado del ataque. 

En los últimos años, y después de los esfuerzos incansables de víctimas de ataques y grupos defensores, Colombia ha endurecido sus castigos para los atacantes con ácido. En 2016, se impuso una sentencia de prisión mínima obligatoria de doce a cincuenta años, dependiendo de la gravedad del ataque. Leyes similares están funcionando en Pakistán y Bangladés, donde los ataques con ácido han disminuido. Es muy pronto para afirmar que el sistema de justicia de Colombia perseguirá con ahínco a los atacantes y traerá cambios.

Zapata, una experiodista de medios impresos que obtuvo su maestría en Fotoperiodismo y Fotografía Documental en el London College of Communication, planea mantener vigente la historia. Filmó un video de las mujeres y tiene pensado exhibir el proyecto con conferencias conjuntas en el Reino Unido y el extranjero. Y eso no es todo.

“Quiero regresar a Colombia y continuar tomando fotografías sobre el tema”, dijo. “Mi objetivo es visitar más regiones para resaltar los alcances del crimen en todas las clases sociales. Quiero que la gente las vea como mujeres poderosas que están peleando por recuperar su lugar en la sociedad”.

 Luz Mendoza en una universidad en Bogotá, Colombia, donde habló de su historia para crear conciencia sobre los ataques con ácido.

 Patricia Espitia está trabajando para una organización de la sociedad civil con el fin de ayudar a otras víctimas de ataques con ácido en Colombia.