Mar. Oct 22nd, 2019

Imágenes de la devoción por la Virgen de Guadalupe

Cada año, a principios de diciembre, decenas de miles de católicos viajan de todas partes de México para honrar a la Virgen de Guadalupe. Los fieles demuestran su devoción con la caminata de largos trayectos, algunos incluso de rodillas, para agradecer y cumplir las promesas hechas.

CIUDAD DE MÉXICO — Su madre estaba gravemente enferma, al borde de la muerte. Entonces, Jesús Vicuña, de 17 años, hizo un pacto con el cielo. A cambio de su recuperación, en sus oraciones prometió llevar a cabo un doloroso sacrificio.

Por eso el otro día se le pudo ver de rodillas, con una pesada mochila a cuestas, transitando por una banqueta repleta de gente en Ciudad de México.

Hacía muecas de dolor a cada paso y cada tanto se dejaba caer sobre los brazos con un gemido en busca de un momento de alivio que nunca llegó.

Sin embargo, más de veinte cuadras después de comenzar este calvario —la última etapa de un viaje de tres días— se arrastró de rodillas los últimos metros para entrar a la nueva Basílica de Guadalupe, el santuario más importante de México, y se derrumbó bocabajo sobre el frío suelo de piedra, respirando con dificultad. Vicuña había alcanzado su meta.

“Fue una promesa”, comentó, un poco exaltado por la emoción y la fatiga.

Un balcón en la cima del cerro del Tepeyac desde donde se observa la basílica

La prueba de Vicuña formó parte de una enorme peregrinación anual para rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe.

Durante varios días de este mes, alrededor de nueve millones de personas visitaron la basílica, y unos siete millones de ellas hicieron fila entre el 11 y el 12 de diciembre para entrar al templo y celebrar lo que, de acuerdo con los creyentes, fue la aparición de la Virgen María a un campesino indígena llamado Juan Diego en 1531.

Es difícil exponer la importancia tan notable de la Virgen de Guadalupe para la identidad de los mexicanos.

Ella actúa como un poder vinculante que supera las muy diversas y dramáticas divisiones sociodemográficas, y su imagen es omnipresente: en retratos colgados en las paredes de las casas; en pequeños altares de las tiendas, las gasolineras y los estacionamientos, y en objetos tan variados como utensilios de cocina, joyas, lámparas, bolsos, imanes para el refrigerador y destapadores.

“Está en todas partes”, señaló David Carrasco, profesor de Estudios Latinoamericanos en la Escuela de Teología de la Universidad de Harvard. “Es la madre de todos los mexicanos. Mi hija le dice ‘la madre predilecta’”.

Y aunque los latinoamericanos han desertado en enormes cantidades del catolicismo para unirse a congregaciones evangélicas, la profunda devoción a la Virgen de Guadalupe, también conocida como Nuestra Señora de Guadalupe o la Morenita, ha ayudado a reducir esta tendencia en México y en toda la diáspora de migrantes mexicanos.

“La Virgen de Guadalupe es un símbolo de paz y esperanza: suceda lo que suceda, siempre va a estar aquí”, comentó Gabriela Treviño, directora del departamento de visitas guiadas de la basílica. “Cuanto más difícil es la situación, más fuerte es la devoción”.

 Los peregrinos observan, desde las bandas transportadoras, un ayate en el que se dice que la Virgen imprimió su imagen. 

La multitud afuera de la basílica. Millones hacen la peregrinación cada año.

No existe una mayor manifestación de esta devoción que la peregrinación anual a la basílica, la cual termina con una serie de misas y celebraciones el 12 de diciembre, la fecha en que supuestamente la Virgen hizo la última de varias apariciones a Juan Diego.

Para llegar a la basílica, muchos hicieron el trayecto caminando desde su lugar de origen en México, por lo que algunos viajaron durante varios días. Otros llegaron en bicicleta, como los cerca de sesenta del grupo de ciclistas Guadalupe del estado de Morelos, quienes venían uniformados con chalecos anaranjados.

Los peregrinos llegaron con objetos preciados que traían de sus casas —retratos, estatuillas y adornos de pared con la imagen de la Virgen— y los sostenían en alto al entrar a la basílica abarrotada, en un aparente afán de recargar la energía de estos artículos como si fueran baterías solares.

Dirigían los objetos hacia una imagen enmarcada que cuelga en una pared detrás del presbiterio. Se supone que es el ayate de Juan Diego, sobre el cual la Virgen imprimió su imagen durante su último encuentro.

La mayoría se iba directamente al pasillo que hay debajo del presbiterio, donde una apertura permite que los fieles vean la imagen enmarcada que está arriba. Los voluntarios y el personal de la basílica dirigían y apresuraban a los peregrinos hacia cuatro bandas transportadoras paralelas para asegurarse de que nadie se quedara debajo de la imagen.

En el exterior, miles de peregrinos armaban tiendas de campaña en la gran plaza y en las aceras cercanas, o montaban albergues improvisados con cobijas, convirtiendo el complejo de la basílica y las cuadras circundantes, que habían sido cerradas a la circulación vehicular, en una especie de campamento informal. El ambiente era reverencial y festivo, amenizado por bandas musicales y grupos de danza.

Para llegar a la basílica, muchos hicieron el recorrido a pie desde sus hogares. 
 Una familia se arrodilla y reza cuando llega a la basílica. 

Muchos de los que llegaron a la basílica caminando —o arrastrándose— tenían esa obligación por una promesa que habían hecho con la Virgen.

Jorge Iván Díaz Soto, un enfermero de 28 años, mencionó que había hecho ese mismo trayecto de dos días desde su casa en el Estado de México, vecino a Ciudad de México, desde hacía tres años, cuando nació su hijo.

Cuando su esposa estaba embarazada, los médicos determinaron que su tipo de sangre era incompatible con la del feto y “no le daban al bebé ninguna esperanza de vida”, recordó Díaz.

Entonces la pareja rezó por que sucediera “un milagro”, comentó, e hicieron la promesa de que si el niño sobrevivía, harían la peregrinación caminando. Su hijo nació sano.

La imagen de la Virgen de Guadalupe es omnipresente en México. Aquí, niños posan para una fotografía con ella cerca de la basílica. 

Un grupo de jóvenes bailan afuera de la basílica. 

El martes en la noche, la gran plaza frente a la basílica ya estaba repleta con decenas de miles de personas que esperaban su turno para desfilar debajo de la imagen de la Virgen en la parte interior.

Cientos de miles ya le habían rendido homenaje y habían seguido su camino, y muchos miles más se aproximaban en un denso río de gente que venía por la avenida principal que lleva a las puertas de la basílica.

A la medianoche, comenzó la misa más importante que celebra la aparición de la Virgen, y la plaza y los barrios circundantes vibraron con el sonido de los peregrinos cantando “Las Mañanitas”, la tradicional canción de cumpleaños. Los creyentes consideran que el cumpleaños de la Virgen es el 12 de diciembre, el día en que se cree que imprimió su imagen en el ayate de Juan Diego.

Durante toda la noche y todo el día siguiente siguieron llegando miles y miles de personas con sus artículos de devoción; las bandas transportadoras trabajaron sin parar.

 Una estatua de Juan Diego y Juan de Zumárraga, el primer obispo de México, en el cerro del Tepeyac