La cultura representa a una Cataluña dividida

Manifestantes catalanes durante una protesta en Barcelona, el 29 de septiembre

Dos Cataluñas, el documental de Álvaro Longoria y Gerardo Olivares que ha estrenado este viernes Netflix para su audiencia global de unos 130 millones de abonados, comienza con la escisión del Parlament de Catalunya de los días 6 y 7 de septiembre del año pasado. El campo semántico de la división recorre los 116 minutos de metraje, está en boca de todos los políticos, periodistas y ciudadanos entrevistados: fractura, separación, ruptura. El presidente de Cataluña, Quim Torra, no obstante, ha llamado a la población a celebrar el primer aniversario de la consulta popular del 1 de octubre de 2017 como “el día de la victoria”.

Con su lógica narrativa de zapping, en que se van sucediendo imágenes de archivo y declaraciones brevísimas en español, catalán e inglés, Dos Cataluñas va alternando las opiniones y los argumentos de personas de ambas ideologías, casi siempre irreconciliables. “Somos un montón de gente que nos sentimos huérfanos, jodidos”, dice Carles Francino respecto a los ciudadanos de la tercera Cataluña, la de quienes no aceptan el binarismo. “Este problema no lo teníamos”, se lamenta el periodista.

Existía, pero no condicionaba la vida y el debate como lo hace ahora, con nueve políticos catalanes en prisión, siete en el extranjero y —como dice el periodista Enric Juliana en el documental— una “lucha de varios partidos por la supremacía política en Cataluña” que marca la agenda mediática de todos los días. Tampoco definía, como lo hace ahora, una parte importante de la producción cultural.

Desde que el 2 de octubre del año pasado TV3 dedicó toda la programación de informativos al “referéndum”, el material audiovisual no ha hecho más que crecer. También se han publicado muchísimos libros relacionados con el tema. En estos momentos entre los títulos más vendidos en catalán están Escrits de presó, de Joaquim Forn; Operació urnes, de Laia Vicens y Xavier Tedó, y su secuela, Més operació urnes, consecuencia directa de los más de cincuenta mil ejemplares vendidos de la crónica de la organización y el éxito de la consulta ilegal.

 Manifestantes que participaron en la acampada separatista de la Plaza de San Jaime, el 29 de septiembre.

“¿Habrías publicado ahora Otra Cataluña. Seis siglos de cultura en castellano si no hubiera ocurrido lo que ha ocurrido durante los últimos doce meses?”, le pregunto por teléfono a su autor, el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán. Y me responde: “Era una material que tenía desde hace muchos años sobre la mesa, pero la nueva situación ha provocado que todo deba volver a discutirse desde cero, y mi voluntad era aportar a ese debate la información de toda una parte de la cultura que hasta ahora no se había sistematizado”.

El libro recuerda que, aunque la literatura catalana nació en los siglos XIII y XIV con autores de la importancia de Ramon Muntaner y se consolidó en el siglo siguiente con Ausiàs March y Joanot Martorell, en 1417 Enrique de Villena publicó en catalán y tradujo inmediatamente su libro Los doce trabajos de Hércules; a partir de entonces escribió sobre todo en castellano. Fue maestro del marqués de Santillana, escritor español, y padre de Isabel de Villena quien fue “educada en la corte de Alfonso el Magnánimo, religiosa Clarisa, desarrolló una carrera literaria propia en Valencia, y en lengua catalana”.

Se acaba de cumplir el sexto centenario, por tanto, del nacimiento de una cultura literaria bilingüe. Vila-Sanjuán documenta a decenas de escritores catalanes que escribieron en castellano, incluidos los líderes de la Renaixença (el renacimiento de la literatura en catalán, que se produjo durante el siglo XIX), que aunque ahora se hayan convertido en topónimos en catalán, firmaron sus artículos o sus libros con su nombre español, como es el caso de Buenaventura Carlos Aribau (que solamente publicó en catalán un poema, “A la pàtria“). Incluso en la edad de oro de la cultura y el idioma catalanes, la de Joan Maragall o Josep Carner, antes del funesto golpe de Estado de Francisco Franco, “no hay una hegemonía real, sino convivencia de ambas lenguas y predominio de una u otra en distintos ámbitos”, dice el autor.

Del mismo modo que para ninguno de los entrevistados en Dos Cataluñas tiene el mismo significado la palabra “democracia”, tampoco hay consenso sobre cómo es la relación entre el catalán y el castellano en esta sociedad. Ni siquiera hay acuerdo sobre qué ocurrió exactamente el 1-O. Esa confusión se observa en la exposición que se acaba de inaugurar en la antigua cárcel de La Modelo, 1 de Octubre y más: Barcelona, ciudad de derechos, porque en realidad se trata de tres exposiciones que evidencian precisamente el desacuerdo colectivo.

Por un lado tenemos dos muestras documentales, El 1 de Octubre, un día para no olvidar, con infografías y vídeos, y El 1 de Octubre, la fuerza de la gente, del fotorreportero que mejor documentó la jornada, Jordi Borràs. En los textos de sala se denuncia la desproporcionada represión policial, pero se asume acríticamente la legitimidad de la consulta y se ignora el proceso que condujo a ella. Por el otro lado está la exposición artística colectiva Resistencias y memorias. El arte contra la represión y la censura, comisariada por Paula Kuffer, que incluye a autores barceloneses de orígenes diversos, como el francés Pierre Marquès, la gallega María Ruido o el cubano Levi Orta.

“Nuestra voluntad es la de coser”, afirma Kuffer —traductora y experta en Walter Benjamin—, “la de construir un lugar de encuentro”. Tal vez se haya logrado fugazmente en las jornadas que han reunido durante este fin de semana a intelectuales de signo diverso, como Jordi Amat, Marina Garcés, David Fernández, Jordi Évole o Cristina Fallarás. Pero la impresión que comunica ese espacio carcelario, con esas exposiciones tan distintas, incluso contradictorias, que estarán abiertas al público hasta el 16 de octubre, es más de corte que de costura.

En cierto momento del documental de Netflix, Pablo Iglesias recuerda que España es un Estado plurinacional. Lo que muestra Dos CataluñasOtra Cataluña y 1 de Octubre y más: Barcelona, ciudad de derechos es que también Catalunya es plurinacional, aunque en la realidad sociopolítica y en sus representaciones culturales esos dos relatos no sean los predominantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *