Mie. Jun 19th, 2019

La extrema derecha alemana lanza un rostro más amigable pero mantiene sus ideas radicales

Miembros de Generación Identitaria, un movimiento de jóvenes de extrema derecha, en su sede en Halle, Alemania.

 

 

Alemania — Se escuchaban villancicos navideños y el olor del jengibre inundaba el aire decembrino. Los estudiantes vendían compota de ciruela orgánica y servían vino caliente en vasos biodegradables hechos de caña de azúcar. Sin embargo, también estaban aquellas postales.

“¿Islamización? No con nosotros”, decía una. “¡Defiéndete! Este es tu país”, exhortaba otra. “Fortaleza Europa”, señalaba otra. “Cierren las fronteras”.

No era un mercado navideño común y corriente, sino uno organizado por Generación Identitaria, un movimiento de jóvenes pertenecientes a la extrema derecha y que actualmente son vigilados por varios servicios de inteligencia europeos. En parte jipis y en parte hípsteres, los activistas de Generación Identitaria son uno de los resultados de un importante cambio de imagen que la extrema derecha ha tratado de llevar cabo en años recientes.

Mejor vestidos, más educados y menos furiosos que los cabezas rapadas de antaño —por lo menos en público— se consideran a sí mismos la vanguardia de una lucha contrarrevolucionaria librada por una red dispersa, pero cada vez más conectada, de actores en la política, la industria editorial, la sociedad civil y los negocios. Se hacen llamar la “nueva derecha”.

 Alex Malenki, derecha, y su esposa, Ingrid Weiss, en el mercado navideño de Generación Identitaria.

Su objetivo: acabar con el liberalismo y rescatar a Europa de los inmigrantes no europeos.

La “nueva derecha” busca distanciarse de la “vieja derecha”, que en Alemania significa neonazis. Muchos analistas y funcionarios consideran que esto no es otra cosa que una manera astuta de modificar su imagen pública. Sin embargo, les preocupa que esto pueda permitirle a grupos como Generación Identitaria atraer a jóvenes a su órbita y servir como puente del conservadurismo al extremismo.

Los seguidores comprometidos de Generación Identitaria en Alemania son relativamente pocos —entre  cuatrocientos y quinientos, según calculan los servicios de inteligencia nacionales de Alemania— y se cree que hay varios miles en toda Europa. Sin embargo, los funcionarios dicen que el número de simpatizantes es mucho mayor.

A pesar de la prohibición de Facebook, que le quitó al grupo una importante plataforma para llevar a cabo campañas y recaudar fondos, sus miembros siguen estando activos en YouTube, Twitter y la plataforma rusa VK, donde una imagen sofisticada amplifica su mensaje.

“Le han dado un rostro amigable al extremismo”, comentó Stephan Kramer, director nacional de inteligencia de Turingia, un estado central del este de Alemania.

Varios activistas de Generación Identitaria han sido parte de círculos neonazis declarados. Sin embargo, sus métodos parecen ejemplos de manual de tácticas izquierdistas.

Comprada por la sigilosa fundación Titurel, que fue fundada por un adinerado donador bávaro, la sede de Generación Identitaria también alberga un bar, una biblioteca y un espacio comunitario para ser habitado.

Estudian a Gandhi y a Gene Sharp, gurú de la resistencia no violenta. Experimentan con la vida comunitaria y la jardinería orgánica. Además, como los estudiantes izquierdistas rebeldes en los años setenta o los medioambientalistas militantes en los años noventa, organizan protestas exprés que buscan llamar la atención.

El año pasado, alquilaron un bote en el Mediterráneo para evitar que los refugiados entraran a Europa. Este año contrataron helicópteros y cerraron temporalmente un paso alpino en Francia. En Viena, una vez cubrieron una estatua de la emperatriz María Teresa con una burka. En Berlín, subieron a la Puerta de Brandenburgo para desplegar un letrero que decía: “Aseguren las fronteras. Aseguren el futuro”.

“Somos como el Greenpeace de Alemania”, dijo Philip Thaler, de 25 años, estudiante de Ciencias Políticas y cofundador de Generación Identitaria en Halle.

Él y otros activistas toman lattes o su propia marca de cerveza artesanal (llamada Identity Pils) y discuten el futuro del estado del bienestar. Estudian y se enamoran en distintos países de Europa (la novia de Thaler es francesa). Y se enorgullecen de su rebeldía. “Somos los punks de hoy”, dijo Ingrid Weiss, una activista austriaca de 24 años. “Si quieres ser un rebelde hoy en día tienes que estar en la derecha”.

“Somos como un Greenpeace para Alemania”, dijo Philip Thaler, de 25 años, en el centro, un cofundador de la representación en Halle de Generación Identitaria.

Cuando se trata de la migración, le han quitado todos los rastros de racismo directo a su discurso. En vez de decir: “Alemania para los alemanes” o “fuera los extranjeros”, hacen un llamado a favor de la “remigración”, es decir, enviar a los inmigrantes que no se asimilen de regreso a sus lugares de origen.

Se hacen llamar “etnopluralistas”, pues argumentan que todas las culturas prosperarían al seguir siendo muy homogéneas, y acusan a los políticos liberales de maquinar un “gran remplazo” para suplantar a los europeos blancos con musulmanes.

Según esta cosmovisión, los liberales son los que están socavando la democracia occidental al saturar el estado de bienestar y permitir que el islam fundamentalista entre al país.

“La utopía del multiculturalismo era un experimento, pero fracasó”, dice Martin Sellner, un carismático líder austriaco del movimiento. Sellner, de 29 años, está comprometido con una creadora estadounidense de videos en YouTube que tiene vínculos con la extrema derecha. “Como el comunismo, el cosmopolitismo ha fallado”.

 En un reciente mercado navideño había un ambiente nostálgico y juvenil a partes iguales.

La fachada intelectual de lo que en realidad es un argumento contra el pluralismo ahora es típica de la nueva derecha, comentó Kramer, el jefe de inteligencia de Turingia. “Cuando la analizas, no es otra cosa que las teorías raciales que existían con los nazis”, señaló.

Las distintas capas de la extrema derecha están perfectamente cristalizadas en el edificio de apartamentos de cuatro pisos frente al campus universitario en Halle que albergó un mercado navideño reciente.

En el piso de arriba se encuentra una organización de microfinanciamiento colectivo llamada One Percent y una marca de ropa de extrema derecha. También hay una oficina del Instituto para las Políticas de Estado, un grupo de expertos de extrema derecha cofundado por Götz Kubitschek, un editor prominente, el padrino intelectual de la nueva derecha en Alemania.

Un puesto en el mercado que vende ropa con mensajes “patrióticos”.

Hasta hace dos meses, Hans-Thomas Tillschneider, legislador del partido Alternativa para Alemania (AfD), de extrema derecha, también tenía aquí su oficina. Se mudó de manera preventiva, cuando los servicios de inteligencia nacionales comienzan a considerar si vigilarán al partido también.

De manera oficial, la AfD no tiene vínculo alguno con Generación Identitaria. Sin embargo, en Halle, los vínculos se pregonaron de manera abierta una tarde reciente.

“Tenemos activistas en las calles, tenemos un grupo de expertos, tenemos una editorial y tenemos un partido político en el parlamento”, comentó Simon Kaupert de One Percent.

Kaupert solía trabajar para la AfD. En total, “decenas” de simpatizantes de Generación Identitaria trabajan para el partido, señaló.

Franziska Schreiber, que abandonó AfD el año pasado y ha escrito un libro sobre el partido, calcula que “por lo menos la mitad de los miembros del ala juvenil de la AfD son seguidores de Generación Identitaria”.

“La utopía del multiculturalismo fue un experimento pero ha fracasado”, dijo Martin Sellner, el líder austriaco del movimiento.

La conexión con la AfD, ahora el principal partido de oposición en el parlamento alemán, ha planteado preocupación en los círculos de inteligencia, sobre todo después de que, en las manifestaciones callejeras organizadas en la ciudad oriental de Chemnitz a mediados del año, se observó que había ciudadanos de a pie y miembros de AfD que marchaban junto con extremistas. Los activistas de Generación Identitaria también estaban ahí.

Thomas Haldenwang, el nuevo director de inteligencia nacional, habla de una “nueva dinámica de la derecha” y anunció hace poco que aumentaría el número de agentes que lidian con la extrema derecha en un 50 por ciento. En enero, se espera que su oficina decida si la AfD será sometida a una vigilancia general.

Varios de los principales activistas de Generación Identitaria han estado involucrados en círculos neonazis. Sin embargo, sus métodos recuerdan a las acciones comúnmente efectuadas por organizaciones de izquierda.

“No queremos convertirnos en minorías dentro de nuestros propios países”, dijo Alex Malenki, un estudiante de negocios de Sajonia. Malenki, de 26 años, produce y publica video blogs en YouTube.

Thaler dijo que entre sus motivaciones para unirse al movimiento estaban su frustración de que no se le permitiera decir que le enorgullecía ser alemán.

“Si eres un patriota, si apoyas la identidad etnocultural, de inmediato eres encasillado en la esquina extremista”, dijo. “No quiero tener que justificarme por decir que sí, sí existe algo llamado Alemania y queremos preservarlo”.