La fiebre del oro verde: el auge económico de la marihuana en Canadá

 Eran filas de plantas de marihuana, apiladas una encima de la otra, que disfrutaban del brillo artificial de las luces para cultivo. Estaban en contenedores del tamaño de una cochera, ubicados en el cavernoso almacén de una antigua fábrica de Nestlé al sur de Ottawa.

Pertenecen a Hamed Asi, un empresario de Ontario que las llama su “granja vertical”. Asi no tiene experiencia en el cultivo de marihuana ni en ningún otro tipo de agricultura, su otra línea de negocio es la instalación de muebles de oficina: cubículos, archiveros y sillas de escritorio ocupan el extremo opuesto del almacén.

Un auge financiero que no se veía desde la locura de las empresas puntocom de finales de los años noventa ha invadido Canadá. La legalización de la marihuana recreativa, programada para este otoño, no solo es un cambio social trascendental y un desafío en materia de salud pública, sino también una oportunidad extraordinaria para emprendedores como Asi que buscan ser pioneros en lo que esperan que se convierta en una industria multimillonaria.

Las primeras señales del auge abundan: los productores de marihuana han invertido millones de dólares que, sin haber registrado ganancias aún, están valuadas en miles de millones de dólares en la bolsa de valores. Ciudades con poca suerte como Chesterville, Ontario, esperan que la marihuana revierta el declive económico. Antiguos políticos y policías que alguna vez se opusieron a legalizar la marihuana recreativa ahora se han unido o han formado empresas.

Algunos gobiernos provinciales predicen que los ingresos fiscales de la venta de marihuana ayudarán a equilibrar sus presupuestos. Además, las compañías que ofrecen todo tipo de servicios o productos —desde bienes raíces hasta embalaje— también quieren formar parte del fenómeno.

Los sueños de riqueza de Asi están creciendo en una antigua fábrica de un siglo de antigüedad donde alguna vez se produjeron latas de Quik de Nestlé. Asi, socio y gestor de operaciones en una empresa llamada IDP Group, reconoce los riesgos inherentes en lo que ya se ha convertido en una industria muy competitiva.

“No debes hacerlo solo porque todos los demás lo hacen”, dijo en su oficina decorada con lo último en muebles de oficina, algo que no resulta sorprendente si tomamos en cuenta sus negocios. “¿Que si me preocupa? Claro, totalmente. Vemos lo bien que le puede ir a esta industria si lo hacemos todo correctamente, pero debemos ser diligentes”.

Este mes, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, detonó el inicio de la nueva fiebre del oro para Canadá al anunciar la legalización de la marihuana recreativa a partir del 17 de octubre, meses después de la fecha original, el 1 de julio, el Día de Canadá. Pero, tal como se vio con el furor temprano por las empresas tecnológicas, hay preocupaciones crecientes de que este auge pueda producir más decepción que riqueza.

El gobierno de Trudeau presentó la legalización de la marihuana recreativa —Canadá ha tenido un sistema de suministro de marihuana medicinal desde 2001— como una manera de acabar con el mercado negro, no como un potencial generador de empleos ni de ingresos para el gobierno ni para los inversionistas. En efecto, prometió un sistema en el que la marihuana estaría disponible, pero no sería promocionada.

Como resultado, el gobierno federal otorgará licencias a productores en Canadá, y las provincias decidirán cómo la venderán a los consumidores. En algunas provincias, como en el caso de Alberta, el gobierno optó por tiendas operadas de manera privada. Otras, como Ontario y Quebec, básicamente adoptarán una variación del sistema de tiendas gubernamentales que se ha utilizado para la venta de alcohol desde que terminó la Prohibición.

Bajo las regulaciones que acaban de emitirse, la marihuana se tratará más como cigarrillos que como alcohol. Los anuncios estarán muy restringidos, así como la capacidad de los productores canadienses de marihuana de convertirse en marcas nacionales. Los paquetes deberán ser uniformes y sencillos, aunque deberán incluir advertencias de salud en un amarillo llamativo y logos pequeños. No se permitirán artículos promocionales como gorras, camisetas y otros regalos con logos para promover las marcas de marihuana.

 Angus David en una granja vertical hidropónica del IDP Group en Chesterville.

Muchas de las grandes empresas que esperan con ansias la fecha de arranque en octubre tuvieron sus inicios en la industria de la marihuana medicinal, pero su estilo ha cambiado.

Chuck Rifici, fundador y exdirector ejecutivo de Canopy Growth (la empresa de marihuana mejor valuada en Canadá, con más de 8000 millones de dólares canadienses, o 6110 millones de dólares estadounidenses), alguna vez tuvo la apariencia pulcra que se esperaría de un contador y ex director financiero del Partido Liberal de Trudeau.

Sin embargo, conforme ha comenzado a vender marihuana de manera recreativa —y no solo para aliviar el dolor—, Rifici ha dejado atrás los trajes y las corbatas y ha optado por las camisetas de diseñador. Su barba canosa y menos pulcra le da un aire de estrella de rock.

Rifici dejó Canopy en 2014 y ahora es el director ejecutivo de la competencia, Auxly, que ha invertido en doce proyectos de producción de marihuana. Entre ellos está el proyecto de Asi en Chesterville, que ha recibido 12 millones de dólares canadienses.

Las acciones en la empresa de Rifici alguna vez superaron los 1000 millones de dólares canadienses y ahora valen un poco más de 500 millones. Sin embargo, su capacidad para recaudar dinero aún debe ser igualada por su capacidad para generarlo. Auxly registró pérdidas por más de 10 millones de dólares canadienses en los primeros tres meses de este año.

El futuro después de octubre, dijo Rifici, es muy prometedor, pues la marihuana comenzará a llegar a las tiendas y se abrirán nuevos mercados.

“El resto del mundo la legalizará”, predijo. “Así que la urgencia para mí es tener la capacidad y la gente para ser pionero en esa nueva jurisdicción. Creo que una o dos grandes empresas multinacionales de cannabis serán canadienses”.

Sin embargo, antes de que Rifici conquiste el mundo, él y sus competidores tienen que averiguar cómo hacer que funcione el mercado nacional.

“Las reglas en torno al cannabis comienzan a parecer un poco absurdas o exageradas”, dijo Rifici. “Con el tiempo se relajarán un poco, la industria ejercerá presión para que sea así”.

No obstante, esa presión enfrentará una fuerte resistencia por parte de la comunidad médica canadiense, que ha advertido en repetidas ocasiones sobre los riesgos para la salud de la marihuana, sobre todo para los consumidores de menos de 25 años.

“Ya hay mucha desinformación sobre la marihuana como un producto natural y menos nocivo que el tabaco o el alcohol”, dijo Jeff Blackmer, vicepresidente de la Asociación Médica de Canadá. “Cuando hay tanto dinero en juego, pasan cosas curiosas. Aprendimos esa lección con las grandes empresas farmacéuticas”.

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