Lun. Sep 23rd, 2019

La marihuana se consume desde hace 2500 años

Franjas densas de cannabis silvestre crecen en las laderas de las montañas de Eurasia desde los países del Cáucaso hasta el este de Asia. Estas plantas fueron fotografiadas mientras crecían en las montañas de Kazajistán.

 

Resulta que un vínculo entre la marihuana y los muertos se ha establecido mucho antes de la década de los sesenta y mucho más allá de cierto lugar donde se presentan bandas jóvenes en San Francisco.

Los investigadores han identificado cepas de cannabis quemadas en rituales de entierro desde el año 500 a. C., en las profundidades de la cordillera del Pamir en el oeste de China, de acuerdo con un nuevo estudio publicado el 12 de junio. Los residuos tenían rastros químicos que indican altos niveles de tetrahidrocannabinol (THC), el compuesto más psicoactivo, o psicotrópico, de la planta.

¿Creen que los integrantes de la banda Grateful Dead fueron los primeros en preguntarse “¿Qué pasó con la tierna Juana?”? ¿Que las gomitas de CBD para calmar a los ansiosos son algo nuevo? ¿Que las bocanadas para elevar la conciencia comenzaron con Rocky Mountain highs?

Claro que no.

“Las perspectivas modernas sobre el cannabis varían mucho entre culturas, pero está claro que la planta tiene un largo historial de consumo humano, medicinal, ritual y recreativo a lo largo de miles de años”, dijo Robert Spengler, arqueobotánico del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Jena, Alemania, quien trabajó en el estudio.

Los tallos y las semillas del cannabis se habían hallado antes en un puñado de sitios de entierro en toda Eurasia, pero las pruebas en el cementerio de Pamir, verificadas con tecnología científica avanzada, muestran una conexión incluso más directa entre la planta y estos primeros rituales. Los nuevos hallazgos amplían el rango geográfico del consumo del cannabis dentro de la región de Asia central, dijo Mark Merlin, profesor de Botánica en la Universidad de Hawái en Manoa, que no participó en la investigación.

“El hecho de que se haya documentado la presencia de residuos fuertemente psicoactivos en las pruebas de laboratorio es la clave del nuevo hallazgo”, comentó Merlin, un historiador del cannabis. Propuso la hipótesis de que “se usaba para facilitar la comunicación del cuerpo con la otra vida, el mundo espiritual”.

El estudio fue publicado en la revista Science Advances. El equipo de investigación incluyó a arqueólogos y químicos de la Academia China de Ciencias y la Academia China de Ciencias Sociales en Pekín.

Hasta ahora se han recuperado alrededor de setenta artefactos del sitio de entierro en Pamir, entre ellos cuentas de cristal, arpas, piezas de seda, y platos y tazones de madera. Las perforaciones y los cortes en algunos cráneos y huesos podrían sugerir sacrificios humanos.

“Podemos comenzar a reunir una imagen de ritos funerarios que incluían llamas, música rítmica y humo alucinógeno, todo con la intención de guiar a la gente a través de un estado mental alterado”, escribieron los autores en el estudio.

Los dolientes de la antigüedad al parecer creaban el humo colocando piedras calientes en braseros de madera —receptáculos para los objetos en llamas— y agregaban plantas de cannabis, escribieron los investigadores. Los residuos se encontraron en el interior de diez braseros y en rocas exhumadas de ocho tumbas en el cementerio de Jirzankal, de 2500 años de antigüedad.

 La excavación de una tumba en la que se encontró un brasero.

Los típicos brasero y rocas quemadas encontrados en la cordillera del Pamir

Los rastros químicos se aislaron y se identificaron mediante un proceso conocido como cromatografía de gases acoplada a la espectrometría de masas.

Aunque se han encontrado semillas de cannabis en algunos sitios más, aquí no se han hallado ese tipo de semillas. Los arqueobotanistas proponen la teoría de que las semillas ya se habían retirado y desechado o que los dolientes eligieron deliberadamente las partes de la planta que no florecen, como los tallos, para los rituales.

Entre las preguntas provocadoras planteadas por los hallazgos se encuentran cómo y por qué los dolientes aislaron las cepas que tenían las potencias más altas. El cannabis silvestre, que crece comúnmente a lo largo de las laderas bien irrigadas de Asia central, generalmente tiene bajos niveles de cannabinol, un metabolito de THC, escribieron los investigadores.

En cambio, estos niveles más altos de THC sugieren que “quizá se haya cultivado cannabis y posiblemente se hayan seleccionado activamente los especímenes más potentes”, agregaron.

Otra posibilidad, dijeron, es que los comerciantes quizá hayan causado sin quererlo un proceso de hibridación mientras trasladaban las plantas a lo largo de la Ruta de la Seda a través de los altos desfiladeros de las montañas remotas de la cordillera del Pamir, que conectaba las regiones de lo que ahora se conoce como China, Tayikistán y Afganistán.

Las tumbas variaban en tamaño y número de cuerpos, por lo que los investigadores se preguntaban si el uso ritual del cannabis para los entierros se había transmitido a las personas comunes después de haber sido una práctica exclusiva de los líderes y los sacerdotes de las tribus.

Estas tumbas tienen una apariencia distintiva, señalaron los investigadores. Están separadas por filas de piedras blancas y negras, cuyo propósito se desconoce. Los entierros individuales están dentro de montículos redondos, marcados adicionalmente con piedras.

El uso de dos partes de la planta del cannabis —las fibras para fabricar cuerda de cáñamo, lonas de navegación y ropa, y las semillas oleaginosas para los alimentos—data de hace casi cuatro mil años. Sin embargo, esas plantas tienen niveles bajos de THC. De acuerdo con Merlin, las semillas de cannabis adheridas a fragmentos de cerámica que se encontraron en Japón datan de aproximadamente hace diez mil años.

No obstante, las pruebas antiguas del uso medicinal y ritual de la planta son escasas y más recientes. (En contraste, el registro histórico sobre el uso de la adormidera para la producción de opio y el peyote es relativamente amplio).

Los investigadores desde hace mucho han tratado de confirmar o refutar el único recuento conocido del uso funerario del cannabis del mundo antiguo. Alrededor del siglo V a. C., el historiador griego Heródoto describió un rito funerario de los escitas:

… después de tomar algunas semillas de este cáñamo, los escitas se arrastran bajo las telas y ponen las semillas en las rocas ardientes; pero cuando ponen esto generan tanto humo y vapor que ningún baño griego de vapor lo superaría. Los escitas, extasiados por el vapor, gritan a todo pulmón.

A mediados del siglo XX, los investigadores hallaron artefactos en un sitio de entierro congelado que al parecer se ajusta al recuento de Heródoto, en la región montañosa de Altái en Rusia, cerca de la frontera entre Siberia y Mongolia. Cerca de los cuerpos se encontraba un bolso con forro de piel que contenía semillas de cannabis, un caldero de bronce lleno de piedras y el marco de lo que parece ser una carpa de inhalación.

Merlin dijo que el cementerio de Pamir, junto con otros sitios de entierro relativamente contemporáneos en otras partes de la provincia de Xinjiang, refuerzan una narrativa sorprendente acerca de la manera en que las culturas locales usaban el cannabis en ritos. Al norte del cementerio de Pamir y aproximadamente del mismo periodo, otros investigadores identificaron un contenedor con alrededor de un kilogramo de cannabis troceado al lado de la cabeza de un cuerpo que se cree que pertenecía a un chamán, supuestamente para hacer preparaciones herbales en la otra vida.

En otra tumba, también de hace casi 2400 a 2800 años, en el desierto árido de Xinjiang, los investigadores hace poco descubrieron a un hombre de alrededor de 1,80 metros de estatura sepultado con “trece plantas de cannabis reunidas en su base y extendidas en su pecho como un ramo de rosas”, dijo Merlin. El hallazgo también se ha descrito como un “velo de cannabis”.

“Creo que la evidencia del sitio de Pamir hace pensar que el cannabis era una ‘planta de los dioses’”, comentó. “Y que la gente sabía que para que fuera eficaz, debía cocinarse o quemarse”.