La última oportunidad de Estados Unidos contra la autocracia

Sin importar lo que suceda en las elecciones intermedias, las consecuencias serán desagradables. Sin embargo, estas elecciones son una encrucijada: un camino ofrece la oportunidad de redención política y de recuperar los valores democráticos de Estados Unidos; si tomamos el otro nos encaminaremos formalmente hacia la autocracia sin ninguna vía de escape.

Es casi seguro que los demócratas obtendrán más votos que los republicanos en las legislativas; las encuestas sugieren que tienen ventaja de hasta un 7 por ciento o más en las contiendas para la Cámara de Representantes, con lo que obtendrían la victoria más avasalladora de los últimos años. Sin embargo, la repartición partidista de las fronteras de distritos electorales y otros factores obstaculizan el terreno de juego, por lo que esa ventaja en los sondeos podría no ser suficiente para que logren el control de la cámara baja.

Incluso si los demócratas se logran imponer, cualquiera que piense que los republicanos aceptarán los resultados de buena fe no ha estado atento a los eventos recientes. Recuerden que Donald Trump denunció, falsamente, que millones de migrantes habían votado de manera ilegal en la elección que él ganó en 2016. Imagínense qué dirá si pierde y lo que podrían hacer sus simpatizantes en respuesta. Y si una cámara demócrata intenta ejercer sus facultades, seguramente será desafiada pese a los poderes que le otorga la Constitución.

Pero por muy fea que sea la situación con un triunfo legislativo demócrata, será mucho peor si pierden. De hecho no es exagerado decir que si el Partido Republicano mantiene su control legislativo este martes puede que estas sean las últimas elecciones medianamente libres y justas que tengamos en Estados Unidos.

Los republicanos dirán y harán todo lo necesario para tomar y mantenerse en el poder y las elecciones de hoy posiblemente sean la última oportunidad de prevenir que afiancen un gobierno permanente.

Tan solo hay que ver lo que sucede en Georgia, el estado donde Brian Kemp, el secretario de Estado republicano (quien se encarga de supervisar las elecciones), busca la gubernatura en contra de la demócrata Stacey Abrams. En otra democracia sería impensable que el hombre que supervisa las elecciones pueda estar a cargo de una contienda en la que él participa… pero así son las cosas en Georgia. Kemp está cometiendo un gran abuso de poder.

En los últimos años ha removido millones de nombres del registro electoral del estado por razones dudosas. Pese a esos esfuerzos, la contienda con Abrams es muy reñida por lo que intentó deshacerse de más nombres de votantes con criterios tan espurios que los tribunales frenaron sus esfuerzos (por ahora). En respuesta, el último fin de semana antes de la votación, la oficina estatal de Kemp emitió una advertencia, sin evidencia alguna ni detalles, de que los demócratas posiblemente intentaron realizar un ciberataque al sitio web para registrarse como votantes.

Kemp sería un paria en un partido político con un compromiso mínimo con la democracia y la justicia. En vez de eso, cuenta con todo el respaldo del Partido Republicano a nivel nacional.

Georgia dista de ser un caso especial. Ha habido intentos similares, aunque no tan llamativos, de amañar el voto en Kansas y en Dakota del Norte, donde en el último minuto se les dijo a los votantes que querían sufragar por medio de boletas en correo que solo podían usar la tinta apropiada… y les dieron detalles confusos sobre cuál color de tinta era el indicado.

Y ¿qué tal a nivel federal? El poder ejecutivo no controla de manera directa el proceso electoral, pero Trump ha cometido abusos de poder de cara a la votación: desplegó a fuerzas militares a la frontera mexicana —algo que costará cientos de millones de dólares a los contribuyentes—, en un obvio intento por enaltecer la supuesta amenaza de una pequeña caravana de refugiados que aún están a más de mil kilómetros de distancia de la frontera. La movilización claramente no cumple con algún interés doméstico; es un evidente abuso del poder presidencial para conseguir ventajas políticas partidistas.

Los demócratas no son santos, pero por lo menos parecen creer en la democracia y sus rivales, no.

Lo que debemos aprender de estos abusos de poder es que los republicanos de hoy en día son exactamente iguales a los nacionalistas blancos que controlan los gobiernos de Hungría o de Polonia: mantienen una fachada de democracia pero en realidad han establecido regímenes autoritarios en los que un partido controla todo. Lo que hemos visto es que los republicanos dirán y harán todo lo necesario para tomar y mantenerse en el poder y las elecciones de hoy posiblemente sean la última oportunidad de prevenir que afiancen un gobierno permanente.

Ah y en caso de que quieran hacer como si esto fuera algo de ambos bandos: no, no lo es. Las restricciones contra los votantes han sido impuestas prácticamente en su totalidad por republicanos. Como siempre, los demócratas no son santos, pero por lo menos parecen creer en la democracia y sus rivales, no.

Los demócratas no han vuelto parte central de su campaña estas advertencias de los peligros claros a la democracia; sobre todo se han enfocado en temas como el cuidado de la salud. Y sería difícil juzgarlos por ello. Después de todo, el sistema de salud sí está en vilo en las elecciones: millones de estadounidenses, sobre todo —aunque no solamente— aquellos que tienen condiciones médicas preexistentes, se quedarán sin cobertura si los republicanos se quedan a cargo de la Cámara de Representantes, porque estos tienen planeado abolir lo que queda de la Ley de Atención Médica Asequible (Obamacare) y poco después harían lo mismo con Medicare y Medicaid (los programas públicos para personas de escasos recursos y de edad avanzada).

La realidad es que al electorado común lo movilizan más los temas que tienen un impacto directo en su bienestar que preocupaciones abstractas sobre la permanencia de la democracia y el Estado de derecho. Hasta hace poco, los medios tradicionales criticaban a los demócratas por hacer campaña solamente vendiéndose como los opuestos de Trump (no era el caso, pero así lo pintaron los medios) y descartaban como histeria las denuncias de abusos de poder republicanos.

Pero este momento es clave y todos necesitan estar perfectamente al tanto de qué está en riesgo. No solo son los recortes fiscales o el sistema de salud y quien sea que vote basándose únicamente en eso no está viendo la situación de manera íntegra. La realidad es que la supervivencia de la democracia estadounidense es lo que está en la boleta.

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