López Obrador y Peña Nieto: los ganadores del nuevo acuerdo comercial

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, a su llegada a una reunión en el Palacio de Minería en Ciudad de México

CIUDAD DE MÉXICO — El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, criticó en el pasado las políticas de libre mercado y albergaba profundas dudas sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Pero horas después de que Canadá se uniera a México y Estados Unidos para renovar el acuerdo comercial de veinticuatro años, el mandatario y sus asesores elogiaron las negociaciones de última hora que salvaron el acuerdo trilateral.

“El acuerdo nos parece algo muy bueno para México”, dijo Jesús Seade, quien representó a López Obrador en el equipo negociador mexicano.

Tanto López Obrador como el actual presidente Enrique Peña Nieto recibieron con agrado la noticia del acuerdo, y no se refirieron al hecho de que incluye concesiones mexicanas, particularmente en la industria automotriz, una preocupación clave del presidente estadounidense, Donald Trump.

En su lugar señalaron la estabilidad que garantiza el acuerdo y la eliminación de una preocupación que pendía sobre la economía del país desde la elección de Trump.

El presidente estadounidense había calificado al TLCAN como el peor acuerdo comercial de la historia y amenazó con renegociarlo o retirarse. A medida que las conversaciones se prolongaron durante meses y se estancaron a principios de este año, el riesgo de que el tratado pudiera fracasar arrojaba una profunda incertidumbre sobre las perspectivas económicas de México.

“La culminación de este proceso de negociación propicia certidumbre en los mercados financieros e inversión y creación de empleos en nuestro país”, dijo Marcelo Ebrard, quien será el ministro de Relaciones Exteriores de López Obrador, en un comunicado divulgado el lunes por la mañana.

 El presidente Enrique Peña Nieto mientras se preparaba para dar su último Informe de Gobierno en Ciudad de México, en septiembre.

Los tres mandatarios tienen sesenta días para firmar el acuerdo, cuya fecha resulta conveniente tanto para el presidente entrante como para el saliente de México.

Para Peña Nieto es una victoria que puede proyectar como parte de su legado. Para López Obrador significa que el proceso se cerrará antes de su toma de posesión el 1 de diciembre y eso lo libera de la presión de tener que negociar apresuradamente al comienzo de su gobierno. Además, le permite centrar su atención en la economía de México que ha batallado en crecer.

El TLCAN —que entró en vigor hace casi un cuarto de siglo— ha creado una economía de exportación impulsada por inversionistas extranjeros que construyeron fábricas en el centro y el norte de México para abastecer al mercado norteamericano. El año pasado, México exportó bienes por un valor de casi 410.000 millones de dólares y más del 80 por ciento de ellos fueron enviados a Estados Unidos y Canadá.

Pero al mismo tiempo, el tratado desplazó a millones de pequeños agricultores y fabricantes locales. Los gobiernos no han logrado establecer políticas de desarrollo para reincorporarlos y estimular al resto de la economía mexicana.

El resultado es que las tasas de pobreza, en general, apenas se han movido en México, y el crecimiento económico per cápita se ha rezagado a un nivel inferior al de casi todos los países de América Latina: solo un 1,2 por ciento en promedio de 1996 a 2015, según Santiago Levy, un economista mexicano que fue vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

López Obrador, ex jefe de Gobierno de Ciudad de México, enfocó su campaña en reivindicar a los sectores olvidados de la economía, particularmente en el sur subdesarrollado de México. Aunque alguna vez fue un feroz opositor de las reformas de mercado, cambió su retórica contra el libre comercio y ahora sostiene que el TLCAN debería mejorarse para beneficiar a los mexicanos, en vez de ser anulado.

Tony Payán, director del Centro México del Instituto Baker en la Universidad de Rice, dijo que la aceptación del acuerdo comercial por parte del presidente electo revela su enfoque realista al momento de gobernar.

 El puerto de Veracruz en México. La producción automotriz forma parte del acuerdo entre Estados Unidos y México. 

“Creo que la mayoría de nosotros siempre estuvo consciente de que López Obrador tenía dos personalidades”, dijo Payán. “Uno es el ideólogo, el político populista, de truenos y relámpagos que critica al neoliberalismo y la mafia del poder”.

“Pero cuando se ve su historial como jefe de gobierno”, dijo Payán, “fue bastante pragmático”.

El Senado de México, que en las elecciones de este año quedó bajo el control de Morena, el partido de López Obrador, aún debe aprobar el nuevo pacto que recibe el nombre de Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá” (USMCA, por su sigla en inglés). Y resulta muy probable que sea aprobado sin problemas.

“Ya hay una señal de que instruirá a su partido para que apruebe el acuerdo”, dijo Payán sobre el presidente electo de México. “Ese es el López Obrador pragmático que entiende que México depende de la relación económica con Estados Unidos”.

El enfoque prudente del nuevo acuerdo comercial puede ayudar al equipo económico de López Obrador a defender a los inversores, quienes desconfían de sus promesas populistas y temen que no sea un buen gestor económico, dijo Christopher Wilson, director adjunto del Instituto de México en el Centro Wilson en Washington.

Sin embargo, resulta claro que López Obrador prefiere que sea Peña Nieto quien firme el acuerdo antes de dejar el cargo, porque así evitaría ser el artífice de un acuerdo que no les gusta a muchos de sus partidarios.

“El próximo gobierno quiere pasar la página sobre este tema”, dijo Antonio Ortiz-Mena, un exfuncionario de comercio mexicano que es vicepresidente sénior del Albright Stonebridge Group en Washington.

Al profundamente impopular Peña Nieto, cuyo partido fue tan rechazado por los votantes que solo tiene poco más del 10 por ciento de los escaños en el Congreso, firmar el acuerdo le permite consolidar un logro distintivo.

 López Obrador mientras saludaba a Jared Kushner en Ciudad de México, en julio, en presencia del Secretario de Estado Mike Pompeo y el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin. 

“Significa que deja el cargo después de haber resuelto una de las grandes amenazas de Trump”, dijo Wilson.

También le otorga a Peña Nieto una reivindicación de lo que muchos consideraron como una decisión imperdonable de política exterior: invitar a Trump a México en agosto de 2016, durante la campaña, a pesar de los insultos que el candidato republicano dijo sobre los mexicanos durante sus mítines.

“Pensaron que apostar por construir una relación personal sólida con Trump y su equipo valdría la pena”, dijo Wilson. “Esto de alguna manera reivindica esa apuesta”.

Los analistas aún estudian los detalles del acuerdo de 500 páginas, pero México hizo importantes concesiones. Entre ellas el requisito de que, para calificar para la reducción de tarifas, un automóvil debe tener un 30 por ciento de su fabricación realizada por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora a partir de 2020. Eso es considerablemente más alto de lo que gana un trabajador mexicano actualmente. Ese requisito se moverá gradualmente hasta el 40 por ciento para 2023.

México también ganó una exención en cualquier tarifa futura que el gobierno de Trump establezca contra las importaciones de automóviles hasta por una cifra de 2,6 millones de autos, muy por encima del número que México envía actualmente a Estados Unidos.

“La industria existente está protegida”, dijo Luis de la Calle, exnegociador comercial mexicano, y agregó que los acuerdos comerciales con Europa, América del Sur y partes de Asia establecidos en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica significan que “México sigue siendo un lugar atractivo para invertir”.

Por su parte, Estados Unidos eliminó la demanda de restricciones a las exportaciones mexicanas de productos frescos y aceptó una revisión continua del acuerdo, en lugar de su insistencia anterior de que el tratado expire después de cinco años, a menos que los tres países busquen renovarlo.

México también logró preservar partes de una disposición de solución de controversias que Estados Unidos había tratado de eliminar, argumentando que era una garantía para los inversionistas que se llevaban los puestos de trabajo a México.

Payán dijo que el acuerdo final produjo una serie de compromisos difíciles de manejar entre los tres países. “Pienso que Trump pensó que Canadá y México se apresurarían pero más bien se detuvieron en ciertos aspectos”, dijo.

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