Los líceres.

Por el Doctor Héctor Luis Campos Ortiz

Santiago Tuxtla es conocido como cuna de la civilización olmeca.

Los antiguos pobladores creían que los seres humanos estaban hechos de maíz, y además, los olmecas pensaban que descendían de la unión de un jaguar con una mujer.

Era tal la veneración al jaguar que aparte de considerarlo su origen, también se le conocía como Corazón de la tierra y el Dios de la lluvia, entre otras advocaciones.

Debido a que eran pueblos eminentemente agrícolas, dependían de las lluvias para lograr buenas cosechas y por ende, abundancia de alimentos. Por esa razón, realizaban rituales para pedir que lloviera. Tal es el caso de la Danza del tigre o del jaguar, cuya justificación se encuentra en relatos que se transmiten de padres a hijos. Como la crónica fantástica de la muerte y resurrección de Homshuk o Sintiopiltzin, hijo del Dios del Maíz, que fue nacido de un huevo; del cual se encontró en Catemaco una escultura en piedra y que actualmente se encuentra en el Museo de Antropología de Xalapa, Ver.

Se cuenta que este niño “con la piel como de masa y los pelos como los del elote” fue cazado y devorado por un jaguar, y al reclamo del padre del niño, el jaguar lo cargó, le dio siete giros y lo revivió. Posteriormente se hicieron amigos y el jaguar venía a visitarlo periódicamente. El mito anterior es una alegoría con la siembra y cultivo del maíz, pues cuando se hace el hoyo en la tierra y se depositan los granos de maíz, es cuando el jaguar (corazón de la tierra) devora al niño, los siete giros que da para “revivirlo” representan a los siete días que tarda el maíz para germinar, y como todo ser vivo necesita del agua para cumplir su ciclo vital, se dice que el jaguar (Dios de la lluvia) venía a verlo periódicamente, de tal manera que se pedía que lloviera de cuando en cuando. Nuestra danza delos líceres, colorida tradición que nos enorgullece, es una fracción del antiguo ritual que los olmecas realizaban en nuestro pueblo para pedir lluvia y buena cosecha, o sea danza dedicada al jaguar y al maíz. Por esa razón el lícer, emulando al jaguar, brama, los acecha, los caza y posteriormente los carga y les da vueltas. Además, después de cargar a determinado niño, no vuelve a cargar al mismo, de tal manera que concordando con el relato, “se hicieron amigos”. Ahora en vez de piel genuina de jaguar, se utilizan telas estampadas y lisas de ricos coloridos, sin embargo, la población que se viste de lícer aún dice “vamos a ponernos el cuero” recordando sin querer, la antigua costumbre de utilizar para tal fin, la piel o el cuero del jaguar.

La palabra lícer, de acuerdo con el ilustre maestro Eneas Rivas Castellanos, cronista emérito de la ciudad, se deriva de cuando por equivocación, un grupo de españoles nombró “lince” a un jaguar. Los días 13, 24 y 29 de junio de cada año, en la celebración de San Antonio, San Juan y San Pedro y San Pablo respectivamente, Santiago Tuxtla vive y revive su pasado olmeca en la colorida, alegre y tradicional danza de los líceres.

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