Jue. Abr 18th, 2019

Los niños desaparecidos de Israel

En los años cincuenta, a los padres de bebés yemeníes y de otras comunidades mizrajíes les dijeron que uno o varios de sus hijos recién nacidos habían muerto. Los familiares creen que los bebés fueron secuestrados por las autoridades israelíes.

 

ROSH HAAYIN, Israel — Ofra Mazor, de 62 años, había estado buscando a su hermana, Varda, durante treinta años cuando en 2017 envió sus muestras de ADN a la empresa israelí de genealogía MyHeritage. Su madre, Yochevet, que ya murió, dijo que solo pudo amamantar a la hermana de Ofra una vez después de parirla en un hospital israelí en 1950. Las enfermeras le dijeron que su recién nacida había muerto. La madre de Mazor no les creyó a las enfermeras y le pidió a su esposo que exigiera que le devolvieran a la bebé. Jamás lo hicieron.

Algunos meses después de enviar su ADN, Mazor recibió la llamada que había estado esperando: habían encontrado una coincidencia. En enero pasado, las hermanas se reunieron. Varda Fuchs había sido adoptada por una pareja judía-alemana en Israel. Le dijeron desde que era pequeña que era adoptada. Las hermanas son parte de una comunidad de israelíes de ascendencia yemení que durante décadas han estado buscando respuestas sobre sus parientes desaparecidos.

Conocido como el Caso de los Niños Judíos Yemenitas, hay más de mil casos oficiales reportados de bebés e infantes desaparecidos, pero algunos cálculos de defensores señalan que llegan hasta los 4500. Sus familiares creen que los bebés fueron secuestrados por las autoridades israelíes en la década de los cincuenta y fueron puestos en adopción para familias askenazis, judíos de ascendencia europea. Los niños desaparecidos provenían en su mayoría de los yemeníes y otras comunidades mizrajíes, un término general para los judíos del norte de África y el Medio Oriente. Mientras que el gobierno israelí está tratando de ser más transparente respecto a las desapariciones, hasta este momento niega que hubiera secuestros sistemáticos.

“Estaba segura de que era yemení”, dijo Fuchs, de 68 años. “Lo sentía”. Mazor dijo que encontrar a su hermana fue como cerrar un ciclo. “De niñas ambas sabíamos que algo nos faltaba”, comentó.

Varda Fuchs, de 68 años, y Ofra Mazor, de 62, son hermanas que se reunificaron gracias a pruebas de ADN a principios de 2018.
“Fue un sentimiento como ‘Ahora puedes seguir adelante en nombre de nuestra madre’. Ella sabe que encontré a Varda”.

Mazor sostiene un álbum con la fotografía de su boda junto a una imagen de su hermana, Fuchs, también en el día de su boda.

Después de la fundación del país en 1948, los nuevos inmigrantes en Israel fueron colocados en campamentos de tránsito, en condiciones terribles; eran conglomeraciones de campamentos operadas por el Estado debido a la escasez de viviendas. Cientos de testimonios de familias que vivían en los campamentos fueron inquietantemente similares: a las mujeres que dieron a luz en hospitales saturados o que llevaron a sus hijos al médico les dijeron que sus hijos habían muerto repentinamente. Los testimonios de algunas familias señalaron que les dijeron que dejaran a sus hijos en guarderías y, cuando sus padres regresaban a recogerlos, les decían que los habían llevado al hospital; jamás volvían a verlos. A las familias jamás les mostraban los cuerpos ni las tumbas. Muchos jamás recibieron certificados de defunción.

El problema captó la atención de todo el país en 1994 cuando el rabino Uzi Meshulam y su secta armada de seguidores se atrincheraron dentro de un complejo en la ciudad de Yehud durante 45 días y exigieron una indagación oficial del gobierno para investigar la desaparición de los bebés yemeníes. Uno de los discípulos de Meshulam fue asesinado en un tiroteo con la policía y el rabino y sus otros seguidores fueron enviados a prisión. En ese entonces, casi todos los israelíes rechazaron a Meshulam y las acusaciones como una teoría conspirativa demente de un radical religioso.

Meshulam logró su objetivo parcialmente al año siguiente cuando la Comisión de Cohen-Kedmi fue creada para examinar más de mil casos de niños extraviados. Fue la tercera comisión formal de investigación creada por el gobierno israelí desde los años sesenta. En 2001, la comisión concluyó que no había fundamento para la afirmación de que el sistema secuestraba bebés. Los hallazgos señalaban que la mayoría de los niños que fueron reportados como muertos habían fallecido, pero no se explicó el paradero de alrededor de cincuenta niños. Las tres comisiones llegaron a conclusiones similares. Las familias y los expertos legales han cuestionado la conducta y la credibilidad del comité.

Naama Katiee, de 42 años, recuerda haber escuchado las noticias sobre Meshulam cuando era adolescente. Le preguntó a su padre yemení qué había pasado, pero él le dijo que no quería hablar de eso. Se reunió con Shlomi Hatuka, de 40 años, en Facebook a través de los grupos de activistas mizrajíes y juntos fundaron AMRAM, una organización sin fines de lucro que ha catalogado más de ochocientos testimonios de familias en su sitio web.

Naama Katiee en Magshimim, Israel
“Pensé que había algún tipo de malentendido. Me di cuenta de que realmente había sucedido: los bebés fueron secuestrados”.

NAAMA KATIEE

 Shlomi Hatuka muestra una fotografía de sus abuelos de la década de los cincuenta. A su abuela le dijeron que uno de sus gemelos había muerto, días después de que ella se rehusó a dar a uno en adopción.

Durante los años poco después de la fundación del país, los judíos en Israel emigraron de más de ochenta países y de varios grupos étnicos, parte de un proyecto nacional enfocado en encontrar una nueva identidad israelí común. Los judíos yemeníes y mizrajíes tendían a ser pobres, más religiosos y menos educados formalmente que la élite askenazi en Israel, quienes los miraban con desprecio y querían que se ajustaran a su idea de un Israel moderno.

Katiee también señala que, durante este periodo, estaban sucediendo incidentes similares en otras partes del mundo. En Australia, los hijos de ascendencia aborigen y de los isleños del estrecho de Torres fueron separados a la fuerza de sus familias por parte del gobierno. Desde los años sesenta hasta los ochenta, la Recogida de los Sesenta era una práctica en Canadá que llevó a la remoción de niños indígenas de sus comunidades y familias para después dárselos a familias no indígenas en el país y en Estados Unidos.

“Este era un método de criar a una nueva generación separando y cortando la conexión con sus orígenes”, dijo Katiee.

Bracha Nadav en su hogar en Rosh Haayin, Israel. Ella tenía un hermano llamado Baruch, que ella cree fue secuestrado
Los padres de Nadav, Reena Vahab y Yichyeh Vahab, en 1961Malin Fezehai
“Hasta el día de su muerte, mi madre no olvidó a su bebé. Siempre decía: ‘Me robaron a mi hijo, me lo robaron’”.

BRACHA NADAV

Nadav sujeta una edición del periódico Yediot Ahronot de 1994; en el titular se lee: “Niños de Yemen: nuevos testimonios”. CreditMalin Fezehai

Durante años, a las familias les dijeron que estaban equivocadas al acusar al gobierno israelí de ese tipo de malicia. Hatuka dijo que muchas de las madres entrevistadas por AMRAM, entre ellas su propia abuela que perdió a un hijo, a menudo se mostraban conflictuadas acerca de a quién culpar. “Aman a este país”, comentó. “Mi abuela sabía que algo estaba mal pero, al mismo tiempo, no podía creer que un judío pudiera hacerle algo así”.

Estos señalamientos han sido rechazados desde hace mucho por algunos israelíes, que atribuyen las muertes a los altos índices de mortalidad infantil y a las condiciones extremas de los campamentos. También señalan una burocracia desorganizada y registros mal llevados como los motivos por los que hay tantas discrepancias que han provocado caos para las familias que buscan respuestas.

El asunto sigue resurgiendo debido a los casos esporádicos de familiares, que se dijo habían muerto cuando eran niños, en los que se reúnen gracias a pruebas de ADN, así como a algunos testimonios de quienes entonces trabajaban como enfermeras que corroboraron que los bebés fueron secuestrados. Debido a las preguntas sin responder, en años recientes el gobierno ha intentado ser más transparente.

En 2016, el primer ministro Benjamin Netanyahu implícitamente reconoció las deficiencias de las tres comisiones anteriores del gobierno cuando designó a un miembro de su gabinete, Tzachi Hanegbi, para reexaminar la evidencia. Hanegbi dijo a la televisión israelí: “Tomaron a los niños y los entregaron a otras personas. No sé en dónde”. Reconoció que “cientos” de niños fueron llevados sin el consentimiento de sus padres; la primera vez que un funcionario de gobierno ha afirmado algo así en público.

“Veía a niños que se parecían a mis hijos y decía: ‘¿Quizá son ellos?’ Todo el tiempo, toda mi vida, los he buscado”.

MARGALIT RONEN

Margalit Ronen, en el centro, en su hogar en Holon, Israel, con su hija, Esther, de 70 años, izquierda, y su hijo, Nissan, de 69.

Margalit Ronen, de 92 años, fue una de muchas personas que presentaron una queja ante la Comisión Cohen-Kedmi. En 1949, Rohen llegó a Israel desde Irán mientras estaba embarazada de ocho meses de sus hijas gemelas. Después de dar a luz, el hospital la dio de alta y le aconsejaron que descansara en el campamento de tránsito durante algunos días antes de llevarse a casa a las niñas. Cuando llamó al hospital para decirles que iba a recoger a sus bebés, recordó que el personal le informó: “Una murió en la mañana y la otra antes del mediodía. Ya no tiene por qué venir”.

Gil Grunbaum, de 62 años, se enteró de que era adoptado a los 38 años, cuando un amigo de la familia le dijo a su esposa, Ilana, que era adoptado. Grunbaum rastreó a su madre biológica, una inmigrante de Túnez, a quien le dijeron que su hijo había muerto durante su parto bajo sedación en 1956. Los padres adoptivos de Grunbaum eran sobrevivientes del Holocausto provenientes de Polonia. No quería agregar más trauma a sus vidas, así que se guardó el descubrimiento para sí mismo.

Gil Grunbaum descubrió cuando ya era un adulto que había sido adoptado. Posteriormente, encontró a su madre biológica, a quien le habían dicho que él había muerto.
Grunbaum a los 2 años con sus padres adoptivosMalin Fezehai
“Todo está encubierto aún. Y se está acabando el tiempo; nuestros padres están muriendo”.

Avi Yerushalmi sosteniendo el pasaporte iraní de su familia de cuando llegaron a Israel. El bebé en la fotografía, en la parte inferior derecha, es Yafa, de 6 meses. A sus familiares les dijeron que Yafa había muerto de deshidratación.
“Queremos encontrar la respuesta a esta situación en nombre de nuestra madre, que se sintió abrumada por esto toda su vida. Mi madre siempre preguntaba por su bebé”.

AVI YERUSHALMI

Cuando Hagit, la hija de Leah Aharoni, cumplió 17 años, el ejército envió dos documentos de reclutamiento: uno para ella y uno para su hermana gemela, Hannah, que, según les dijeron, había muerto después de su nacimiento. Esto hizo que Aharoni pensara que su hija quizá aún estaba viva.

Comenzó a buscar registros y encontró un documento que afirmaba que dos bebés fueron transportadas a Tel Aviv, después de que le dijeron que Hannah había muerto. Además, encontró un segundo certificado de muerte, que tenía fecha de tres años después de cuando le dijeron que había muerto su hija. Aharoni dijo que entonces fue a consultar a su padre, un rabino respetado en la comunidad, quien rechazó sus sospechas. “No tienes permitido pensar eso de Israel; no te quitarían una hija”, recordó que le dijo.

 Leah Aharoni en su hogar en Kiryat Ekron, Israel
Aharoni, derecha, con su hija HagitMalin Fezehai
Aharoni, segunda desde la izquierda, con su familia en Adén, Yemen, en 1947Malin Fezehai

Muchos aún tienen problemas para aceptar que algo así podría suceder. “¿Judíos que les hacen esas cosas a otros judíos? No lo sé”, dijo Yehudit Yosej, de 91 años. Yosef llevó a su hijo Rafael al hospital porque tenía fiebre en 1949. Días después, recibió una llamada de una enfermera que le avisó que su hijo había muerto. Cincuenta años después, Yosef recibió el certificado de muerte de su hijo. “Me dijeron: ‘Nos disculpamos por la tardanza’”.

“Nos dejaron una herida en el corazón que ha durado toda la vida”.

Yehudit Yosef en su hogar en Ra’anana, IsraelMalin Fezehai
Yehudit Yosef en 1965