Vie. Ago 23rd, 2019

Los vínculos entre el Chapo y las Farc, expuestos a través de una grabación secreta

El tribunal federal de Brooklyn donde se lleva a cabo el juicio contra Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera.

 

NUEVA YORK — Durante más de un mes de juicio, Joaquín Guzmán Loera, el narcotraficante mexicano conocido como el Chapo, ha estado sentado en una corte de Brooklyn —casi siempre con una expresión impávida, en ocasiones con una pequeña sonrisa— mientras se mantiene en silencio.

Sin embargo, el jueves 13 de diciembre el jurado por fin escuchó al mexicano discutir un acuerdo del negocio por el cual está imputado: los procuradores presentaron la grabación de una llamada interceptada entre el narcotraficante y guerrilleros colombianos para trasladar seis toneladas de cocaína de Ecuador a México.

No fue la primera vez que se escuchó la voz de Guzmán Loera en lo que va del proceso —los procuradores ya también presentaron videoclips de su entrevista con Sean Penn para la revista Rolling Stone—, pero sí la primera vez que el jurado escuchó al Chapo hablar sobre temas de drogas.

En la conversación, grabada de manera secreta, se escucha a a Guzmán Loera negociar con un aparente integrante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (las ahora desmovilizadas Farc) sobre el transporte de la cocaína, la cual pidió comprar con crédito. En el audio Guzmán Loera rebate los precios e insiste en enviar a un “técnico” para que inspeccione la calidad de la droga antes de enviar el pago inicial de 50.000 dólares a los guerrilleros.

No queda claro quién grabó la llamada, o cuándo, pero parece haber surgido por la investigación estadounidense a Jorge Cifuentes Villa, alias Jota y líder de un cartel que dijo que empezó a trabajar con el Chapo unos años antes de que fuera arrestado el otro contacto colombiano de Guzmán Loera.

Cifuentes Villa, quien compareció como testigo cooperante del gobierno, describió a lo largo de tres días de testimonio cómo tuvo varios acuerdos para mover cocaína con el Chapo desde Ecuador y cómo se desenvolvió su vida en el contrabando. Dijo que se involucró en ese mundo a los 4 años al ayudar a su padre a contrabandear cigarrillos y whisky ilegalmente por un puerto de Medellín.

El martes 11 de noviembre, su primer día en el banquillo, Cifuentes Villa contó que conoció a Guzmán Loera en 2003 en una fiesta en la que abundaba el mezcal que se realizó en el escondite del Chapo en la sierra Madre mexicana para celebrar el segundo aniversario de la primera de sus fugas de prisiones mexicanas. Para llegar a esa fiesta, dijo Cifuentes Villa, fue necesario aterrizar de manera precaria en una pista aérea ubicada sobre una ladera. Ya que lo lograron —relató al jurado que rezó varias veces en el proceso—, Cifuentes Villa dijo que decidió comprarle un helicóptero al Chapo para que “volara de manera más civilizada”.

Cifuentes Villa testificó que ese mismo 2003 empezó a mandarle a Guzmán Loera envíos de cocaína en aviones de fibra de carbón diseñados específicamente para no ser captados por radares. En 2007, dijo que huyó hacia Ecuador después de que su hermano —expiloto para Pablo Escobar— fuera asesinado, y que en ese país sudamericano empezó a coordinar acuerdos de narcotráfico entre las Farc y Guzmán Loera. Aseguró que pactó sobornos con un oficial militar de la zona para proteger la “inversión”.

Ese oficial no fue la única persona a la que Cifuentes Villa dijo que había sobornado. En el banquillo también testificó que de manera rutinaria sobornó a integrantes de la Armada de Ecuador (para obtener información sobre embarcaciones navales estadounidenses) y a la policía de Colombia (“cuando fuera necesario”, indicó). Al jurado le relató que a principios de su carrera le dio dinero a oficiales colombianos para que limpiaran sus antecedentes penales.

Cifuentes Villa también aseguró que era un mentiroso y estafador exitoso. Dijo que cuando era adolescente mintió sobre su edad al tramitar su primera licencia de manejo y que durante un viaje a Cayo Vizcaíno, en Florida, se presentó como alguien con otro nombre para comprar una mansión de 4 millones de dólares. Confesó que compró un diploma de educación falso “para impresionar a los colegas del trabajo”; después aclaró que ese trabajo era “de narcotráfico”. Cuando el helicóptero que le dio Guzmán Loera se estrelló, le relató al jurado, él lo empujó de un acantilado para tramitar un cobro fraudulento al seguro.

Pero el mayor fraude del que habló Cifuentes Villa fue la creación de una fundación para preservar 7 millones de hectáreas de jungla amazónica a favor, supuestamente, de pueblos indígenas del área. Ante las preguntas de los procuradores admitió que sus motivos no eran “precisamente nobles”: la fundación era un frente para lavar 1500 millones de dólares por medio de contratos ambientales para empresas a las que les debía dinero.

La familia Cifuentes tiene todo un historial en Colombia como parte del narcotráfico en ese país: incluye al hermano mayor de Cifuentes Villa, el piloto de Escobar que fue asesinado; a su hermano menor, Alexander, y a dos de sus hermanas, Dolly y Lucía, quienes fueron condenados por tráfico ilícito de drogas.

Hasta Carlina Villa de Cifuentes, su madre, estaba involucrada en aquel negocio. Antes de que los procuradores presentaran la llamada grabada, pusieron conversaciones entre Cifuentes y su madre en la que discuten acuerdos para mover drogas.

Sin embargo, al ser cuestionado por los procuradores el jueves, Cifuentes Villa afirmó que él y sus familiares eran personas típicas con “conflictos como los de cualquier familia”.

Jeffrey Lichtman, uno de los abogados de Guzmán Loera, no estaba convencido.

“¿Como los de cualquier familia?”, comentó. “¿Como aquella vez en la que tu hermano Álex ordenó matar a tu sobrino?”.

Cifuentes Villa regresará al banquillo el lunes 17 de diciembre, en la sexta semana del juicio contra el Chapo.