‘Mejor morir ahogados’: los migrantes desesperados en los campamentos de Grecia

Refugiados de Afganistán en un campamento improvisado afuera de Moria, en Lesbos, Grecia. Moria se ha convertido en el símbolo más visible de línea dura que los países europeos han tomado acerca de los migrantes desde 2016.

Grecia —Michael Tamba, un antiguo preso político congoleño, sobrevivió a la tortura en su país y a un arriesgado viaje en barco desde Turquía. Pero estuvo más cerca de la muerte en el campo de refugiados más grande de Europa.

Atrapado durante meses en el campamento de la isla griega de Lesbos, Tamba, de 31 años, intentó suicidarse al ingerir una botella de cloro. ¿Qué causó su decisión? El propio campo de Moria.

“Once meses en Moria, Moria, Moria”, comentó Tamba, quien sobrevivió después de que lo llevaron de emergencia al hospital. “Es muy traumático”.

La experiencia de Tamba se ha vuelto común en Moria, un campamento de unas 9000 personas que viven en un espacio diseñado para 3100, donde las condiciones precarias y el hermético proceso de asilo han provocado lo que los grupos humanitarios describen como una crisis de salud mental.

La sobrepoblación es tan extrema que los solicitantes de asilo pasan hasta doce horas al día haciendo fila en espera de un alimento que a veces está enmohecido. La semana pasada, había cerca de ochenta personas para cada ducha y más o menos setenta para el sanitario; los trabajadores humanitarios se quejaban de que las aguas residuales se filtraban a las tiendas de campaña donde estaban los niños. Son comunes las agresiones sexuales, los ataques con navaja y los intentos de suicidio.

Estas situaciones han avivado las acusaciones de que se ha dejado deteriorar el campamento para desalentar la migración y que se han malversado los fondos otorgados por la Unión Europea para ayudar a que Grecia atienda a quienes solicitan asilo. A fines de septiembre, la agencia antifraude de la Unión Europea anunció que se hará una investigación.

En los momentos más difíciles de la crisis migratoria en Europa en 2015, Moria únicamente era una estación de paso cuando decenas de miles de solicitantes de asilo —muchos que huían de las guerras de Siria, Irak y Afganistán— pasaban por esa región de camino hacia la parte norte de Europa. Posteriormente, la cantidad era tan grande que solo los dejaban pasar.

Los países de la Unión Europea intentaron controlar gradualmente el paso con el cierre de las fronteras internas y con la construcción de campamentos en lugares como Lesbos, adonde llegaron muchos de los refugiados. Ahora están varados aquí.

En la actualidad, Moria es el símbolo más visible de la dura política europea hacia los migrantes, la cual ha reducido drásticamente la migración no autorizada, pero a un costo humanitario y ético que los detractores consideran muy grande.

 Rulam Heidari, de 35 años, de Mazar-i-Sharif, Afganistán, con su hija de 8 meses, Firish, en su improvisada tienda de campaña 

 Migrantes afganos entre las tiendas de campaña improvisadas afuera de Moria. Planeado para albergar a 3100 personas, la población del campamento se ha incrementado a 9000. Muchos viven debajo de lonas fuera de las vallas. 

Fuera de Europa, la Unión Europea ha cortejado a los gobiernos autoritarios de Turquía, Sudán y Egipto, mientras que Italia ha negociado con los caudillos de Libia, en un esfuerzo exitoso para restringir la afluencia de migrantes hacia el Mediterráneo.

Dentro de Europa, quienes todavía llegan a las islas griegas —cerca de 23.000 han llegado este año, en comparación con los 850.000 que lo hicieron en 2015— deben permanecer en campamentos como Moria hasta que sus casos sean resueltos. Pueden pasar hasta dos años antes de que los solicitantes de asilo sean enviados de regreso a su país o puedan seguir adelante.

“He visto algunos campamentos y situaciones espantosas”, señaló Louise Roland-Gosselin, jefa de misiones en Grecia de Médicos sin Fronteras, quien pasó cinco años en zonas de crisis en Congo y Sudán del Sur. “Debo decir que Moria es el campamento en el que he visto más sufrimiento”.

 

El principal psiquiatra del grupo en Lesbos, Alessandro Barberio, afirmó que nunca había visto un número tan abrumador de casos de enfermedades mentales graves. De las aproximadamente 120 personas que su equipo tiene la capacidad de atender, a la mayoría se le han prescrito medicamentos antipsicóticos.

“Moria se ha convertido en el detonante de manifestaciones agudas de psicosis y trastorno de estrés postraumático”, afirmó Barberio.

El Comité Internacional de Rescate, un grupo humanitario con menor presencia en la isla, señaló que han intentado suicidarse casi una tercera parte de las 126 personas que sus trabajadores psicosociales han evaluado en Moria desde marzo.

La mayoría de los residentes del campamento son refugiados sirios, iraquíes y afganos, muchos de los cuales han sufrido traumas de guerra, exacerbados por las condiciones de inmovilidad y sobrepoblación.

 Un médico revisa a un bebé iraquí de 11 meses con una infección respiratoria en la clínica de Médicos Sin Fronteras improvisada. 

 Michael Tamba, un antiguo preso político que estuvo varado durante meses en el campamento, intentó suicidarse.

Los trabajadores humanitarios comentaron que, al igual que en el caso de Tamba, pocos intentos de suicidio terminan en fallecimiento, ya que hay tanta gente que por lo general se les descubre rápidamente. Pero el daño puede ser duradero —el intento de Tamba le dejó cicatrices en el estómago que aún le duelen—.

“Debo decir que Moria es el campamento en el que he visto más sufrimiento”.

Luego de su intento de suicidio, las autoridades consideraron a Tamba como un caso vulnerable y le permitieron desplazarse a otro campamento ubicado en la parte continental de Grecia. Pero las condiciones ahí no son mucho mejores y a Tamba le preocupa si podrá obtener medicamentos ahora que lo han trasladado.

Rahmuddin Ashrafi, un agricultor afgano, llegó en junio con su esposa, Sohaela, y sus tres hijos pequeños. Ashrafi, de 34 años, dijo que su casa y su tierra fueron destruidas en una batalla entre los talibanes y el ejército en Afganistán. Ahora, en Moria, los cinco comparten una pequeña tienda de campaña para dos personas.

Un típico día familiar comienza a las cuatro de la mañana, cuando Ashrafi hace la fila para conseguir agua y pan, que generalmente le entregan cuatro horas después. Alrededor de las 9:30, vuelve a formarse para conseguir el almuerzo, que por lo regular llega después de otras cuatro horas de espera. Dos horas más tarde, vuelve a esperar otras cuatro horas para la cena.

En el punto más alto de la crisis de refugiados en 2015, Moria era un trampolín al norte de Europa. En la actualidad, los refugiados pueden pasar un año o más ahí mientras sus casos son resueltos. 

Cuando tiene que formarse para hacer trámites o visitar al médico —su hija de 3 años fue hospitalizada recientemente por apendicitis— a veces se queda sin comer o depende de las sobras de otros afganos.

“Antes pensaba que Grecia sería uno de los mejores lugares para vivir”, comentó Ashrafi. “Ahora siento que hubiera sido mejor morir ahogados al cruzar el mar”.

“Moria se ha convertido en el detonante de manifestaciones agudas de psicosis y trastorno de estrés postraumático”.

Pocos residentes se sienten a salvo. En la privacidad de su tienda de campaña, un estudiante iraquí de 25 años se subió la sudadera para mostrar una serie de puñaladas recientes. Dijo que había sido atacado por otros residentes y pidió que su nombre no se divulgara por miedo a mayores represalias.

La violencia sexual también es común. Desde marzo, el Comité Internacional de Rescate ha evaluado a más de setenta personas que han reportado haber sido objeto de agresiones sexuales en el campamento. Las mujeres dicen que tienen miedo de caminar solas en la noche.

Además de estos problemas, muchos residentes se sienten atrapados en un proceso burocrático interminable para resolver las solicitudes de asilo que no llegan a entender por completo.

Ashrafi tuvo que faltar a una entrevista programada porque debía llevar a su hija al hospital. Ahora tiene que esperar meses a que le den otra cita.

 Menores sin compañía. La mayoría de los residentes del campamento son refugiados sirios, iraquíes y afganos, muchos de los cuales han sufrido traumas de guerra, exacerbados por la sobrepoblación en Moria.

Una familia siria se tomaba fotos frente a un barco con destino a Atenas en el puerto de Mitilene, en marzo.

Es posible que quienes lleguen al campamento en las próximas semanas esperen por lo menos hasta marzo para tener una entrevista, comentó Philip Worthington, director gerente de European Lawyers en Lesbos, un grupo humanitario jurídico que trabaja en esa isla.

Worthington comentó que no hay abogados pagados por el Estado que ayuden a los solicitantes rechazados con su apelación, lo que viola tanto las leyes griegas como europeas.

“Antes pensaba que Grecia sería uno de los mejores lugares para vivir. Ahora siento que hubiera sido mejor morir ahogados al cruzar el mar”.

Cada vez hay mayor encono —y ahora una investigación— sobre por qué está tan mal el campamento, si la Unión Europea ha proporcionado mucho dinero para ayudar a mejorar el sistema griego de asilo desde que empezaron a aumentar los niveles de migración en 2014.

La Unión Europea ha asignado casi 1620 millones de euros (1900 millones de dólares) a las labores de asilo de Grecia durante los últimos cinco años, de los cuales ya se han desembolsado 1100 millones de euros, según los datos aportados por el bloque a The New York Times. Más de veinte departamentos gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil han recibido dinero de la Unión Europea, en un enfoque parcial en el que ninguna institución tiene el control completo sobre la manera en que se gasta el dinero.

Un vocero del Ministerio de Migración de Grecia, Alexis Bouzis, negó cualquier malversación financiera por parte del gobierno, y atribuyó la situación a un pequeño aumento en la afluencia de migrantes durante mediados de este año, lo que provocó un retraso.

Jóvenes afganos construyendo un refugio en el campamento improvisado

Migrantes compran comida en un puesto instalado entre el campamento improvisado y el campamento de Moria operado por el Ejército.

“Nadie pudo preverlo”, afirmó Bouzis.

 Un camino cerca de la playa Eftalou, adonde miles de migrantes llegaron después de cruzar el mar Egeo desde Turquía en 2015 

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