Merkel, Hollande y Renzi comienzan a definir el futuro de la Unión Europea sin el Reino Unido

BERLIN — Alemania, Francia e Italia serán los tres países más importantes de la Unión Europea una vez que el Reino Unido haga efectiva su decisión de abandonar el bloque. Sin embargo, los tres están cada vez más debilitados por problemas internos en un momento en que Europa necesita alguien con liderazgo nuevo.

El verano ha hecho poco por diluir la bruma que caía sobre una cumbre que tuvo lugar este lunes y en la que participaron los líderes de esos tres países en una isla cercana a Nápoles con la intención de diseñar el rumbo que seguirán los 27 países que continuarán en la Unión Europea.

Los tres líderes han decidido presentarse como un bloque unido y hacer énfasis en que los beneficios de la unión superan a los retos a los que se enfrenta, y han dejado claro que el bloque seguirá adelante.

“Respetamos la decisión de los ciudadanos británicos”, dijo el primer ministro italiano Mateo Renzi. Los coletazos del brexit han generado la necesidad de “severas medidas para impulsar el crecimiento y luchar contra el desempleo juvenil”, añadió. También se refirió a una política de inversión y reformas estructurales.

El camino a seguir aun no está claro. Aunque Renzi ejerció de anfitrión, el papel de guía del bloque cae en gran medida sobre los hombros de la canciller alemana, Angela Merkel, pues está al mando del país con la economía más importante de la región.

Merkel, como Renzi y el presidente francés Francois Hollande, se enfrenta a una serie de retos inmediatos que dificultan la toma de decisiones fundamentales. El panorama actual es más complicado de lo que ha sido en los últimos años por las crisis económica, fronteriza y migratoria de la Unión Europea. A eso se le suma el golpe fallido de Turquía y la difícil situación que se vive en Siria y Ucrania.

Para Merkel, esos retos incluyen los atentados terroristas del mes pasado en Alemania, que han aumentado el apoyo a la extrema derecha en las elecciones celebradas en su estado natal y han generado preocupación sobre su política frente a los refugiados.

En Francia, Hollande enfrenta las elecciones presidenciales de la próxima primavera con el índice de aprobación más bajo de su historia, una economía que no se recupera y un país que vive con miedo tras una serie de atentados terroristas. Debe hacerle frente a desafíos que nacen de su propio partido, además de los que le plantean la derecha de Nicholas Sarkozy y la extrema derecha de Marine Le Pen.

“Aunque de diferentes maneras, los tres son líderes en situación de debilidad que tienen problemas políticos internos con elecciones más o menos cercanas y poco margen de maniobra”, escribió Adriana Cerretelli en un editorial del diario Il Sole 24 ore el domingo pasado, en el que además pedía “imaginación, valentía política y visión estratégica para sacar a Europa del punto muerto en que se encuentra desde hace años”.

Los tres líderes discrepan en asuntos importantes, como permitir mayor flexibilidad en los requisitos de endeudamiento presupuestario que Merkel considera fundamentales para los 19 países de la eurozona y a los que Renzi, entre otros, culpa por limitar el crecimiento económico.

Jan Techau, analista alemán que preside el grupo Carnegie Europe en Bruselas, tiene dudas sobre la posibilidad de que haya progreso al respecto.

“Quiere una eurozona revisada que abandone la austeridad”, dijo Techau en referencia a Renzi. “Todo el mundo sabe que es necesario reformar la eurozona. Pero el calendario y la dirección están abiertos y en disputa”.
Merkel se enfrenta a elecciones federales en el otoño de 2017 y, según Techau, no es muy probable que se revise en profundidad la situación del euro hasta entonces. “No quiere apresurarse con nada antes de las elecciones del año que viene”.

O, como lo ha definido el periódico alemán Suddeutsche Zeitung, “Desde el próximo mes, Europa se embarcará en una búsqueda de su significado”.

Lo debatido por los tres líderes en la cumbre del lunes deberá confluir en el encuentro de los 27 países miembro a mediados de septiembre. Los tres líderes se han comprometido a acordar nuevas medidas en política de seguridad (tanto interna como externa), estímulos al mercado de trabajo y programas especiales dirigidos a la juventud, que sufre un alto desempleo en casi todos los países excepto Alemania.

No hay ninguna señal clara de cuáles serán las medidas ni cómo serán implementadas después de todos los fracasos anteriores. Pero la presión es inmensa: si Europa no puede superarlos, los sentimientos antieuropeístas podrían llevar a la celebración de más referéndums para validar la membresía de los países.

Una de las tareas más importantes ahora es definir cual será el mandato de Michel Barnier, el veterano político francés que será el encargado de negociar la salida de la unión del Reino Unido.

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