Nuevos fósiles respaldan la teoría sobre la existencia de una especie ‘hobbit’

Hace varios años los científicos que realizaron excavaciones en la cueva Liang Bua de la isla indonesia de Flores descubrieron un cráneo pequeño, de forma parecida al cráneo humano. Más tarde encontraron huesos de pelvis, quijada y otros, todos de entre 60.000 y 100.000 años de antigüedad.

Según concluyeron los investigadores estos fósiles pertenecieron a individuos de 90 centímetros de alto de una especie relacionada con los humanos modernos que era desconocida hasta ese momento, a la que llamaron Homo floresiensis o, más popularmente, los hobbits.

Recientemente, algunos investigadores informaron que habían descubierto restos más antiguos en la isla que incluyen dientes, parte de una quijada y 149 herramientas de piedra de hace 700.000 años. Este hallazgo sugiere que los ancestros de los hobbits llegaron a Flores hace casi un millón de años y al evolucionar formaron una rama distinta en el árbol de los homíninos.

Pero faltan otras partes del esqueleto como el cráneo, manos o pies por lo que es imposible saber con certeza si los nuevos fósiles descubiertos también pertenecen a la especie Homo floresiensis o a otro pariente antiguo de los humanos (a los que en general se conoce como homíninos).

“Debemos proceder con cautela”, declaró Gert van den Bergh, un paleontólogo de la Universidad de Wollongong en Australia y coautor del nuevo estudio. “Mientras no encontremos otras partes, en realidad no podemos decir mucho más”.
Van den Bergh y sus colegas descubrieron los nuevos fósiles en Mata Menge, un sitio arqueológico de Flores donde ya se habían encontrado herramientas de piedra de hace unos 800.000 años, un claro indicio de que alguna vez vivieron allí homíninos de algún tipo.

A partir de 2004, algunos investigadores han trabajado para retirar fósiles de la roca dura. Durante muchos años, solo encontraron fósiles animales, incluidos elefantes enanos.

En 2014, Van den Bergh y sus colegas tuvieron suerte por primera vez: a casi dos metros de la superficie, encontraron un molar roto. Muy pronto descubrieron otros seis dientes, así como un fragmento de quijada. Los fósiles corresponden a tres homíninos.

Los investigadores quedaron intrigados cuando vieron una muela del juicio en la quijada. “Eso significa que se trataba de un adulto”, afirmó Van den Bergh.

Pero debe haber sido un adulto muy pequeño. Los investigadores calculan que la quijada es 23 por ciento más pequeña que la del Homo floresiensis descubierta en Liang Bua.

“Eran personas realmente pequeñas, incluso más pequeñas que los hobbits de Liang Bua”, señaló Richard Roberts de la Universidad de Wollongong, quien formó parte del equipo que descubrió el Homo floresiensis pero no participó en el nuevo estudio.

Algunos críticos han especulado que quizá los huesos de Liang Bua pertenecieron a un miembro de nuestra propia especie que sufría algún tipo de enfermedad que afectó su crecimiento, como síndrome de Down. Varios expertos estuvieron de acuerdo en que los fósiles de Mata Menge disipan cualquier duda en cuanto a que el Homo floresiensis sea una especie distinta.

En otro estudio publicado en la revista científica PLOS One, Karen L. Baab, una paleoantropóloga de la Universidad del Medio Oeste en Glendale, Arizona, comparó esqueletos de personas con síndrome de Down y los fósiles de Liang Bua.

Concluyeron que el parecido solo era superficial, por lo que los fósiles pertenecían a otra especie. “Todavía no hay pruebas suficientes para determinar si se trata de un humano moderno con alguna patología”, enfatizó Baab.

En su nuevo estudio, Van den Bergh y sus colegas plantearon como hipótesis que los hobbits evolucionaron de un homínino alto de cerebro relativamente grande, llamado Homo erectus, que vivió en Indonesia hace al menos 1,5 millones de años.

Van den Bergh puntualizó que no es muy probable que el Homo erectus haya sido capaz de construir balsas para trasladarse a Flores. “En lo personal, creo que ocurrió algún fenómeno extraño, como un tsunami”, opinó.

Los fósiles de Mata Menge sugieren que, ya hace 700.000 años, los descendientes de esta especie aislada se habían encogido a una estatura de 90 centímetros. Es posible que también se hayan encogido sus cerebros, para adaptarse a la vida difícil en una isla pequeña.

Baab considera que esa hipótesis es posible, pero está abierta a discusión. Los hobbits presentan algunas similitudes anatómicas con el Homo erectus de Indonesia, pero no son sencillamente versiones a escala de estos.

Los fósiles de la cueva de Liang Bua, por ejemplo, muestran que sus brazos eran más largos y sus piernas más cortas que las del Homo erectus. Es posible que hayan evolucionado de una población asiática más pequeña y primitiva del género Homo que los científicos todavía no han descubierto.

Algunos críticos del Homo floresiensis siguen sin quedar convencidos y argumentan que el nuevo descubrimiento no puede resolver el debate sobre la ramificación de esta especie.

“Solo algunos dientes y fragmentos de la quijada no aportan nada en este caso”, subrayó Robert D. Martin, curador emérito del Museo Field de Chicago, quien plantea que los fósiles de Liang Bua pertenecieron a un humano con microcefalia.

Van den Bergh se muestra optimista y cree que el equipo encontrará un cráneo y otros huesos en Mata Menge para despejar las dudas de los críticos. En la capa de roca donde encontraron el diente y la quijada del homínino hay muchísimos fósiles de otras especies.

La geología de la roca indica que los fósiles provienen del lecho de un río que quedó enterrado repentinamente por aludes de lodo como consecuencia de una erupción volcánica en las cercanías. Al parecer, este desastre dejó muchas víctimas entre las que quizá se encuentren más hobbits.

“Estoy seguro de que encontraremos más”, concluyó Van den Bergh.

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