Para rescatar el planeta, podemos empezar por los colibríes

Un proyecto de reforestación en la parte alta de la cordillera de los Andes en Colombia busca proteger la zona que es hogar del 20 por ciento de todas las especies conocidas en el mundo para dar un paso, aunque sea pequeño, para resguardar a todo el planeta.

BOSQUE DE NIEBLA DE LOS ANDES OCCIDENTALES, Colombia ⎯ Justo antes del amanecer de una fresca mañana de verano en las alturas de un bosque lluvioso en los Andes occidentales en Colombia, el famoso ecologista Stuart Pimm reunió a su equipo de investigación en el desayuno e hizo los ajustes finales del recorrido que harían esa mañana para ir a instalar cámaras con sensores de movimiento para monitorear a los colibríes.

En unas cuantas horas realizaría la instalación Andrea Kolarova, de 20 años, quien se encontraba en el lugar con otros estudiantes de la Universidad Duke, donde Pimm tiene la cátedra Doris Duke de Conservación. Kolarova recibía consejos de Pimm y de Luis Mazariegos, fundador de la Fundación Colibrí de Colombia.

Mi hija, Alexandra, de 11 años, estudiante de la secundaria Saxe en New Canaan, Connecticut, también fue invitada a participar en el proyecto colombiano que me llevó a vivir el verano en una cabaña en este alejado territorio montañoso durante dos semanas. Aunque no está lejos del poblado de Jardín, que se encuentra aproximadamente a dos horas y media de distancia de Medellín, hay que hacer un recorrido un poco tortuoso de una hora en un vehículo todo terreno por un camino terregoso y zigzagueante hasta este punto.

 Un colibrí de sol (“Coeligena orina”) 

La investigación de colibríes de Kolarova será utilizada por la organización de Pimm, SavingSpecies, que fundó en 2007 para luchar contra el calentamiento global con recursos que le otorgaron al recibir el Premio Heineken a las ciencias ambientales un año antes. SavingSpecies trabaja con organizaciones locales de todo el mundo para adquirir terrenos con el objetivo de reforestar bosques que han sido destruidos —por lo regular a causa de la tala, la expansión de la agricultura, la minería y la extracción de petróleo— y de proteger especies que están en peligro de extinción debido a eso.

Pimm también está decidido a ayudar a educar a la próxima generación de defensores del medioambiente, por lo que ha incluido estudiantes en sus equipos. Alex, quien grabó video para el proyecto, está fascinada con la ecología. Cuando ella tenía 8 años, hablé con Pimm para que recibiera asesoría y él accedió.

La organización trabaja en Brasil, Colombia, Ecuador, India y Sumatra, pero proteger los Andes occidentales, que es lo que estamos haciendo ahora, es fundamental. El lugar es considerado una zona biológica medular, una de las regiones con mayor diversidad biológica del mundo, que también está en peligro.

“Aunque los Andes occidentales representan aproximadamente el tres por ciento de la superficie terrestre no cubierta por el océano, son el hogar del 20 por ciento de todas las especies conocidas. Hay cientos de especies que solo viven en esta zona, incluyendo al olinguito, un carnívoro”, una criatura parecida a un mapache, “el colibrí de sol, la rana dardo venenoso de Cassidy y la espectacular orquídea Drácula”, comentó Pimm.

Pero la biodiversidad de toda la región está en grave peligro, dijo, pues ha perdido casi el 75 por ciento de sus bosques.

Más tarde ese día, mientras Pimm visitaba el terreno que SavingSpecies está reforestando, explicó la relación entre el calentamiento global y la pérdida de especies como los colibríes.

 La orquídea Drácula 

“El reto que representa el calentamiento global para la biodiversidad es que las especies van a dirigirse hacia las partes altas a medida que el clima se caliente, pero a menudo es imposible para ellas atravesar hábitats inadecuados”, señaló.

“Este es un valle que se destina principalmente al pastoreo y, a medida que el clima se calienta, las especies necesitan mudarse de la parte baja de los bosques a la parte alta”, dijo, señalando con la mano a lo largo del paisaje. “Sin embargo, con frecuencia no pueden atravesar un hábitat inadecuado, como estos pastizales. Así que una de las cosas que hacemos es intentar comprar estos terrenos y reforestarlos”.

Desde que SavingSpecies adquirió su primer terreno en Brasil en 2007, ha trabajado con organizaciones locales para crear corredores para las especies.

Decenas de miles de hectáreas de terrenos aislados han sido reforestados y reconectados para permitir que las especies migren. De acuerdo con la organización, más de 100.000 toneladas de dióxido de carbono han sido absorbidas y se han mitigado los aludes que amenazan a los habitantes del valle.

Reforestar no solo protege el hábitat de las especies en peligro, sino que también ayuda al planeta a absorber el dióxido de carbono de la atmósfera y evita la erosión por las lluvias intensas en pendientes pronunciadas en lugares como los Andes.

Los colibríes son un ejemplo excelente de las especies amenazadas por el cambio climático y la deforestación. Aunque un colibrí podría parecerse a cualquier otro, hay una extensa variedad de razas. De acuerdo con la Lista Mundial de las Aves de la Unión Ornitológica Internacional, hay 355 especies de colibríes: 132 especies se encuentran en Ecuador; 147, en Colombia, y 81, en Brasil.

 Andrea Kolarova, estudiante de Duke, coloca una cámara con ayuda de Alexandra McManus, de 11 años.

Sus fuentes de alimento se encuentran en áreas con rangos de temperatura muy reducidos. Si el planeta sigue calentándose, los colibríes se verán obligados a migrar a zonas más altas. La investigación de Kolarova registra la elevación actual de los hábitats de los colibríes y monitorea los cambios para futuros investigadores.

SavingSpecies ha colaborado con Fundación Colibrí desde 2011. Kolarova y el equipo de SavingSpecies trabajan fuera de la estación de investigación de la fundación, donde nos quedamos. La estación se ubica junto a un terreno rodeado de una zona reforestada con árboles que se sembraron hace siete años. De un lado de la estación hay grupos de granjas familiares que crían pequeños rebaños de ganado. Camino abajo hay una escuela K-12 (primaria y bachillerato) de concreto con una matrícula de doce estudiantes. Del otro lado de la estación hay un campo que se estrecha hasta el lecho de un arroyo que se adentra en la densa selva.

Con instrucciones de Pimm y Mazariegos respecto a los mejores procedimientos para colocar la cámara, Kolarova partió esa mañana hacia el bosque lluvioso con un guía local de la fundación mientras Alex y yo los seguíamos a todas partes.

 Un escarabajo en los Andes occidentales 

La conservación es un trabajo arduo. A medida que subíamos por el campo en medio de la lluvia, río arriba hacia la selva, el último resquicio de civilización desaparecía. Los colibríes surcaban el aire a toda velocidad, los insectos zumbaban por doquier, la vegetación era casi impenetrable y una densa niebla se posaba sobre los árboles.

Kolarova buscó fuentes de alimento para colibríes que pudieran indicar dónde sería posible que hubiera algunas de estas aves.

Cuando identificaba alguna, aseguraba una cámara con sensor de movimiento a un árbol apuntando hacia las flores predilectas de los colibríes, insertaba una tarjeta de memoria SD y registraba las coordenadas GPS de la cámara. En busca de terrenos variados, avanzó con dificultad por un lodazal que le llegaba al muslo y subió por terraplenes resbalosos para encontrar las ubicaciones perfectas. El viaje de casi 300 metros duró cuatro horas.

La rana dardo venenoso es una de las especies más tóxicas del planeta. 

Las cámaras para registrar vida silvestre que estaba instalando son solo una parte de toda la tecnología que SavingSpecies utiliza para su labor.

Una vez que finalizó la instalación de las cámaras, Kolarova subió por una colina escarpada junto con Pimm, quien llevaba una cámara GigaPan. La tecnología GigaPan, desarrollada para la misión a Marte de la NASA, combina decenas de imágenes digitales para crear paisajes en alta resolución.

La alta resolución proporciona la capacidad de hacer acercamientos e identificar el crecimiento de la vegetación y la migración. La vista panorámica captura los trabajos de reforestación. Mientras, otro equipo de SavingSpecies emprendió un vuelo con drones de alta definición.

Antes de su invención era imposible explorar con detalle grandes sectores de la selva. Para atravesar las copas de los árboles, los científicos usaban binoculares para observar y cámaras digitales para registrar sus hallazgos. Para analizar zonas más amplias del bosque lluvioso, SavingSpecies utilizaba únicamente Google Earth, cuyas imágenes se actualizaban cada año o cada tres.

Ahora, SavingSpecies y sus socios pueden capturar imágenes en tiempo real. La tecnología de alta definición puede grabar con suficiente detalle los hábitats del colibrí y los drones pueden sobrevolar más de 40 hectáreas en media hora. SavingSpecies utiliza drones para ayudar a evaluar los terrenos que podría adquirir y para generar mapas del progreso de la reforestación.

La financiación para las operaciones y la compra de terrenos proviene de muchas fuentes. En el caso de Kolarova, se utilizó dinero donado para realizar la investigación. Esos apoyos a menudo provienen de donadores motivados por el deseo de salvar especies en peligro de extinción. Otros, entre ellos las empresas, contribuyen con la reforestación como una manera de revertir su huella ecológica.

Cuando la beca de tres meses de Kolarova termine, habrá viajado más de 9000 kilómetros a lugares remotos ubicados en dos países, habrá escalado miles de metros y habrá cambiado unas 250 tarjetas de memoria SD. Las cámaras permanecerán ahí para que Fundación Colibrí pueda continuar con su investigación.

“Aunque mi investigación tiene un objetivo limitado me da mucho orgullo saber que mis esfuerzos ayudarán a los animales en peligro”, afirmó. “Al igual que al doctor Pimm, me apasiona dedicar mi vida a mejorar el planeta para la siguiente generación”.

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