Pintura para el rostro, globos y ‘poder blanco’: los neonazis prueban una fachada más amigable

El festival anual del Día de Eichsfeld muestra las incursiones de los movimientos de derecha en Alemania.

Alemania — Los niños llegaron al festival vestidos de muchos colores. Jugaron y saltaron en inflables y dentro de costales con tonos neón. También tenían el rostro pintado y sonreían de oreja a oreja.

Sin embargo, repartidos entre los juegos de los niños y los cantantes folclóricos que tocaban las guitarras, había mensajes desagradables. “Detengan la invasión de los refugiados” decía un folleto. En una camiseta se leía el mensaje “Los traidores que apoyan a los refugiados no son bienvenidos”, y en un álbum: “Poder blanco”.

Se trataba de la octava edición del Día de Eichsfeld, una celebración anual del Partido Nacionaldemócrata, una agrupación política integrada por neonazis declarados, mejor conocida como el NPD (por su sigla en alemán).

Las violentas manifestaciones sucedidas en la ciudad alemana de Chemnitz atrajeron la atención mundial. Esos actos generaron muchas reflexiones sobre la identidad, la inmigración y una extrema derecha envalentonada.

No obstante, el festival en Leinefelde, en el centro del país, revela las incursiones más discretas de los simpatizantes de la ultraderecha que predican un evangelio antinmigrante y a favor de los blancos.

 Una muestra de algunos de los artículos que se comercializaron durante el evento 

Mientras el gobierno alemán ha acogido a más de un millón de refugiados desde 2015, los extremistas de derecha se han centrado en organizar más eventos al aire libre, la mayoría son conciertos de rock, en pequeñas ciudades de todo el país. Esperan divulgar su mensaje, reclutar simpatizantes y demostrar su poder.

“Quieren transmitir un mensaje ideológico a través de la música y los discursos”, dijo Katharina König-Preuss, integrante de izquierda del Parlamento en Turingia, el estado alemán donde se encuentra Leinefelde y en el que se han organizado la mayoría de los eventos. “En el mejor de los casos, la música y los discursos alientan indirectamente el odio y el desprecio hacia ciertas personas”.

Como hombre de raza negra, yo formaría parte de ese grupo de gente. Por eso me dio curiosidad saber qué intentaban lograr los eventos de la extrema derecha y qué podría decirnos sobre la sociedad alemana.

Leinefelde, con 9000 habitantes que vivieron tiempos mejores antes de que la fábrica local de textiles se clausurara después de la reunificación de Alemania, se ha mostrado dividida sobre cómo manejar el festival. Algunas personas lo evitan.

“Estoy asustada”, dijo Margit, una residente de 68 años, quien explicó que no quería participar en el festival debido a la amenaza aparente de una reunión de simpatizantes nazis en su pequeña comunidad. No quiso revelar su apellido por esa misma razón.

 La policía controlaba estrictamente el acceso al área donde se realizó el festival.

En años previos, el Día de Eichsfeld, que lleva el nombre del distrito donde se celebra, atrajo hasta ochocientos asistentes.

Este año, solo vinieron cerca de doscientos, en parte porque muchos simpatizantes de la extrema derecha prefirieron ir a una gran manifestación en Chemnitz el mismo día. A diferencia de años previos, esta vez no hubo concierto de rock, sino solo un festival familiar.

“Queríamos estar más cerca de la gente”, dijo Rene Schneemann, la directora adjunta del NPD en Eichsfeld. “A la gente no necesariamente le gustan los conciertos de rock de extrema derecha. Así que es mejor hacer algo que les agrade a las familias”.

Schneemann estaba detrás de una mesa en la que había volantes. Uno de ellos argumentaba que la mayoría de los solicitantes de asilo cometían delitos y querían vivir del dinero de los contribuyentes, un argumento que se escucha frecuentemente en toda Alemania.

Más de cerca, se encontraban opiniones más radicales. La policía, como es costumbre, escoltó brevemente a los reporteros por el festival. Mientras caminaba por el lugar, me sentí como un animal de zoológico. Todos me observaban. Había sonrisas burlonas, susurros y miradas fijas a través de cámaras de celular.

 Aunque el gobierno alemán ha acogido a más de un millón de refugiados desde 2015, el número de eventos de extrema derecha se ha incrementado. 

Entre los álbumes de bandas neonazis a la venta se encontraba uno con una portada en la que había una caricatura de un hombre negro que abrazaba a una mujer blanca mientras tres tipos blancos lo veían de manera amenazante. “Adivinen quién se quedará a desayunar”, decía.

Después vi a un hombre que llevaba una camiseta con la bandera de batalla de los Estados Confederados de Estados Unidos. Por qué portaba la bandera, le pregunté. “Para demostrar nuestra solidaridad con el sur estadounidense”, respondió.

El apoyo a la Confederación se trata de unirse bajo el deseo del sur de obtener su independencia, dijo otro hombre en el puesto de discos, quien solo dio su primer nombre: Stephan. “No es que todos estemos contra” la gente negra, dijo, pero utilizó un término racista. “También era un estado libre que invadió el norte”.

De hecho, Stephan, de 37 años, después me confesó que no le agradaba la gente de raza negra.

“Cuando alguien me dice que soy racista, le respondo que es verdad”, comentó. “¿Tengo algo en contra de las personas negras? En este momento, desafortunadamente, debo decir que sí, aunque tú seas negro”.

 Manifestantes anti nacionalistas se reunieron afuera del festival. 

Su racismo no era en contra de los individuos en particular, dijo Stephan, quien no dio su apellido por temor a las consecuencias que conllevan sus creencias. Más bien, se originaba de permitir la entrada de refugiados al país.

“Ahora mismo, esto es lo que vivo: cuando recorro en auto la ciudad, veo negros y de inmediato… ¡bah!”, dijo, escupiendo en el suelo. “Siento mucho odio porque no dejan de llegar más y más. No me siento en casa si todos lucen distintos a mí”.

Hubo por lo menos 289 eventos de extrema derecha en Alemania el año pasado, la mayoría se realizan desde 2005, y aumentaron de manera continua desde 2014, según un análisis de datos del gobierno realizado por la revista Der Spiegel.

Los alemanes parecen estar de acuerdo de manera general en que la gente tiene derecho a sostener opiniones radicales. Sin embargo, saber qué provoca esas opiniones y cómo responder es un punto de tensión.

“Como extranjero, yo diría que no podemos dejar que nos provoquen”, dijo Yasar Gunduz, de 39 años, un inmigrante turco que es el dueño de un restaurante de kebabs ubicado a unos cientos de metros del lugar donde se celebró el festival.

Los organizadores de eventos de extrema derecha generalmente los registran como reuniones políticas, lo cual hace casi imposible que los funcionarios públicos los prohíban debido a las leyes alemanas sobre la libertad de asociación.

 “Como extranjero, yo diría que no podemos dejar que nos provoquen”, dijo Yasar Gunduz, de 39 años, un inmigrante turco que es el dueño de un restaurante de kebabs ubicado a unos cientos de metros del lugar donde se celebró el festival. 

No obstante, para Georg Maier, el ministro interno de Turingia, los funcionarios locales deben aprovechar todas las herramientas disponibles, entre ellas las ordenanzas de reducción de ruido y las regulaciones de protección infantil, para intentar detener los eventos de extrema derecha.

“Es mucho más importante que haya protestas, que el pueblo alemán se levante, se resista y diga: ‘No queremos esto’”, dijo Maier, miembro del partido Socialdemócrata de centro izquierda, mientras marchaba al lado de contramanifestantes durante el evento del NPD.

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