Jue. Oct 17th, 2019

Por qué los centroamericanos migran a Estados Unidos: una crónica en imágenes

Parientes y amigos del sargento Pablo Cándido Vega en el cementerio de Panchimalco, El Salvador, en abril de 2015.

 

Las fotos de Fred Ramos sobre las fuerzas que orillan a los migrantes a huir de Centroamérica son atemporales. No se debe a su composición necesariamente, sino más bien a su temática: las prolongadas crisis políticas, sociales y ambientales de la región.

Durante los últimos cinco años, Ramos ha fotografiado la migración y sus orígenes en una región en la que los ricos y la gente con conexiones en el ámbito político desobedecen de forma descarada las leyes que protegen el medioambiente o prohíben la corrupción. La violencia se utiliza como fuerza política —o tan solo para ajustar cuentas— y las pandillas dominan barrios enteros. Los policías de San Salvador están bajo fuego —literalmente— o en contubernio con el crimen organizado. Mientras tanto, según Ramos, el cambio climático y la falta de una planeación adecuada y de infraestructura agrícola ha dejado a los campesinos a merced de sequías devastadoras.

 Un oficial de la policía vigila el parlamento guatemalteco durante una manifestación en contra de la corrupción gubernamental en Ciudad de Guatemala, septiembre de 2017. 

 El funeral del sargento Pablo Cándido Vega en Panchimalco, El Salvador, abril de 2015

Una manifestación en contra de la corrupción gubernamental en Ciudad de Guatemala, septiembre de 2017

Aunque los titulares de los periódicos se centran en las pandillas y la violencia, Ramos —quien trabaja para el sitio web de periodismo de investigación El Faro en El Salvador— sabe que las razones por las que la gente sale huyendo son múltiples.

“La crisis migrante en Centroamérica es muy complicada”, comentó Ramos. “Las personas se van por una razón o por todas las razones juntas. Sin embargo, los medios internacionales lo retratan de una manera más simple, pero no es solo porque algunas pandillas quieran matarlas”.

Después de haber viajado entre Nicaragua y Guatemala durante años, Ramos ha documentado las pérdidas humanas a lo largo del camino. En octubre pasado, Ramos alcanzó a la caravana migrante en Ciudad de Guatemala, y la siguió cuando entró a México y se dirigió rumbo al norte del país hacia Tijuana. Ramos señaló que los migrantes que se le unieron en la capital guatemalteca estaban huyendo de un gobierno en el que la corrupción y la impunidad se mantienen atrincheradas con terquedad.

Aunque el congreso guatemalteco propuso otorgar amnistía por los crímenes de guerra cometidos durante la guerra civil de 36 años en la que estuvo sumido el país y que dejó un saldo de más de doscientas mil personas asesinadas, la indignación internacional logró que se postergara la votación. Este año, el gobierno intentó prohibir la entrada a los investigadores anticorrupción de las Naciones Unidas después de que comenzaron a indagar en las contribuciones para la campaña del presidente Jimmy Morales.

Migrantes centroamericanos cruzan el río Suchiate entre Guatemala y México, octubre de 2018.

Un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos alumbra a migrantes hondureños que intentaban cruzar la frontera desde México en noviembre de 2018.

Cosecha de caña de azúcar en Aguilares, El Salvador, marzo de 2015

“La gente dijo que el año pasado hubo motivaciones políticas detrás de la migración”, comentó Ramos. “Pero, ¿por qué hubo tantas personas?”. Ramos agregó que los migrantes que vio eran diferentes a los de décadas anteriores.

“Había muchas mujeres y muchos niños”, mencionó. “Fue una situación distinta de lo que sucede con los migrantes ‘regulares’, quienes suelen ser hombres solteros”.

En Honduras, la turbulencia política en curso por la impugnación de las elecciones presidenciales del año pasado es tan solo el último desafío. Además, las condiciones de sequía a lo largo de los años han dejado a los campesinos en una situación de vulnerabilidad, hecho que ha enfatizado una falta de previsión del gobierno. Mientras tanto, las controvertidas concesiones a las mineras y otras a empresas extranjeras han tenido efectos perjudiciales en el campo.

 El Faraón, un miembro de la pandilla Barrio 18, después de que le disparara otro miembro de la banda. Murió en el hospital ocho horas más tarde. La Paz, El Salvador, septiembre de 2014. 

 Migrantes centroamericanos en un camión con destino a Tecún Umán, Guatemala, una ciudad que colinda con el estado mexicano de Chiapas, octubre de 2018

 Un niño hondureño juega cerca de las vías del tren en Arriaga, Chiapas, al sur de México, octubre de 2018. 

Alan García revela una cicatriz de bala en la espalda en julio de 2017. Le disparó el ejército durante una manifestación en contra del proyecto de una planta hidroeléctrica en Río Blanco, Intibuca, Honduras, en 2013.

En una zona no muy alejada de donde asesinaron a Berta Cáceres, una activista ambientalista, Ramos exploró los efectos de una presa que interrumpió el acceso a una fuente necesaria de agua.

“Los campesinos no tienen educación, el cambio climático afecta sus cosechas y viven en zonas rodeadas de pandillas”, afirmó Ramos. “Eso fue lo que vi en la caravana”.

Ramos encontró que, aunque Nicaragua no sufría el tipo de actividad criminal vista en otras partes de la región, el estancamiento político ha provocado la migración hacia el norte. Cada vez son más las voces que exigen la renuncia del presidente Daniel Ortega —el exlíder sandinista de la revolución que expulsó a Anastasio Somoza Debayle—, porque lo acusan de corrupción.

“Daniel Ortega ha superado por mucho a Somoza”, comentó Ramos. “Ahora es el peor dictador en la historia nicaragüense”.

 Manifestantes hacen bombas molotov mientras protestan la reelección del presidente Juan Orlando Hernández en Tegucigalpa, Honduras, diciembre de 2017. 
 Migrantes centroamericanos en Oaxaca, México, en un tráiler que se dirige a Estados Unidos, octubre de 2018

 Miembros de una caravana migrante en un refugio de Juchitán, Oaxaca, México, octubre de 2018

 Un río en San José, La Paz, Honduras, fue desviado hacia una planta hidroeléctrica, lo cual dejó sin agua a las comunidades circundantes. 

 Nicole Cruz y David García observan el lado estadounidense de la frontera con su hijo de 2 años, Mateo, en Tijuana, México, en noviembre de 2018. La familia huyó de Honduras por las amenazas de la pandilla Barrio 18.