Sab. Mar 23rd, 2019

Prosa aprisa

El Jefe manda, y si se equivoca vuelve a mandar, fue un dicho con plena vigencia en los tiempos de esplendor del priismo en el país.

Reflejaba la soberbia con la que se condujeron los gobernantes tricolores en el siglo pasado, engreídos por el enorme poder que tuvieron. Se creían dioses y que nunca se equivocaban.

Nunca, en aras de conectar con su pueblo, se condujeron con humildad para reconocer sus errores y corregirlos.

En consecuencia, tampoco estuvieron dispuestos a completar el dicho para que dijera el Jefe manda y si se equivoca lo reconoce y rectifica.

Un incidente ocurrido el domingo pasado puso a prueba al gobernador entrante Cuitláhuac García y su respuesta fue alentadora.

Resulta que al acto que encabezó el presidente Andrés Manuel López Obrador en el centro histórico de Xalapa, operadores de Morena les bloquearon el paso a dos diputados que habían sido invitados para estar presentes.

Héctor Yunes Landa del PRI y Mariana Dunyaska del PAN sufrieron la descortesía por parte de oficiosos –eso creo– que nunca faltan, quienes además seguramente por inexperiencia política confundieron un acto de gobierno con un acto de partido.

Mariana llevaba incluso la representación de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, de una institución no de su partido, de uno de los Poderes constituidos.

Se trataba de un acto de Gobierno, no un mitin de Morena, con un presidente que gobierna para todos los mexicanos y que está obligado a respetar a las instituciones.

Acabado de suceder el hecho trascendió porque se subieron fotos a las redes sociales dando cuenta del incidente, incluso con críticas a Yunes Landa cuando no se sabían detalles del caso.

Fue el mismo legislador priista quien reaccionó en las mismas redes defendiéndose, diciendo que había sido invitado y que por eso había asistido.

Hasta ahí pudo haber quedado todo, pero quizá para sorpresa del propio Héctor y cuando no se lo esperaba, el nuevo gobernador lo llamó para aclarar lo sucedido y de paso invitarlo a tomarse un café en su oficina.

Eso se supo porque el priista dio cuenta de ello en las redes sociales y en un escueto boletín de prensa, que acompañó con fotos para que no quedara duda.

“Acudí como obliga la civilidad pero sobre todo como demanda la dura crisis que enfrenta nuestro querido estado. Ser oposición no implica ser obstáculo, menos aún, destrucción”, manifestó.

Acudió y presto, no se lo tuvo que decir Cuitláhuac dos veces, vivillo como es el diputado, quien le ha de haber respondido: sí señor, a sus órdenes, en este momento estoy con usted, lo que se deduce porque en la foto se ve vestido informalmente, incluso calzando tenis cuando es muy propio para vestir, a menos que ya también piense vestir como moreno.

Lo relevante es que con humildad Cuitláhuac sacó la cara por sus bisoños colaboradores y no tuvo empacho en reconocer el error y corregirlo. “Asunto cerrado”, dijo Yunes Landa. También se reunió con la diputada Dunyaska.

Pudieron haber sido colaboradores de López Obrador los que actuaron mal, pero al final lo que importa es que el gobernador de Veracruz dio la explicación necesaria a los diputados, que se la merecían.

Digo que es esperanzadora la actitud de Cuitláhuac porque su actuación concita a la unidad, que tanto se requiere.

Ayer mismo, al referirse a su reunión con los diputados de oposición dijo fue para reiterarles que “nosotros no vamos por venganzas” y ofreció que les va a dar su lugar porque se trata de una relación institucional.