Dom. Oct 20th, 2019

Regresar a casa cuando eres inmigrante

Un hogar en la República Dominicana

El Espace es una columna dedicada a las noticias y la cultura relevantes para las comunidades latinas. Aquí hay arte, política, análisis, ensayos personales y más. ¿Lo mejor? Estará disponible en español e inglés, para que puedas enviársela a tu tía, tu primo Lalo o quien sea (es decir, a todos).

Cuando viajo de vuelta al campo donde crecieron mis padres y donde pasé los primeros años de mi vida, rara vez necesito presentarme con los demás. Muchos me detienen de camino al colmado o cuando voy a casa de un pariente y me preguntan: “¿Y es que tú no te acuerdas de mí?”. Pero nunca los reconozco. Me fui de ahí cuando era una niña pequeña, entonces a pesar de que ellos ven un linaje en mi rostro —los ojos de mi madre, la nariz de mi padre— para mí son desconocidos.

Y aunque mis tías, quienes desde niñas cargaban cubetas con agua del río y caminaban descalzas en el pasto, se saben los nombres de todas las flores (framboyán, buganvilia, cayena) que se encuentran en el patio trasero vasto y frondoso de su infancia, yo debo hacer preguntas y anotaciones en mi iPhone para aprender a describir este lugar.

Para un inmigrante (o el descendiente de uno) que creció en Estados Unidos, puede ser difícil determinar cuándo y dónde empieza nuestra historia. Muchos se sienten desarraigados y desplazados, con la sensación de que existen entre dos culturas e idiomas. La académica chicana Gloria Anzaldúa describió este tercer espacio como la “tierra fronteriza” en su revolucionario proyecto de teoría feminista y cultural, Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. Un refrán común lo explica con más claridad: “Ni de aquí ni de allá”.

La mayoría de los latinos sienten una conexión fuerte con su país de origen: más del 60 por ciento se describe en relación con su patria ancestral (como mexicano-estadounidenses o colombiano-estadounidenses, por ejemplo) o participa en actividades trasnacionales como enviarle dinero a su familia, llamar a sus parientes con regularidad o viajar para visitarlos. Sin embargo, en mi experiencia, siempre se siente como una negociación entre dos identidades. En Nueva York, soy dominicana de raza negra; en Santo Domingo, soy estadounidense.

 La autora en su hogar en Santo Domingo en 1992

Geraldine Isabelle Abad, una dominicana-estadounidense que organiza recorridos para personas que visitan Cuba y República Dominicana, dijo que viajar sola al país de origen de su familia la ha ayudado a integrar las diferentes partes de su herencia. “Fue esclarecedor”, comentó en una llamada reciente. “Me ayudó a comprender que ser dominicano no implica solo una cosa. Somos complejos y diversos. Aquí hay muchas culturas diferentes”. Algunos de los ejemplos que señaló como parte de la diversidad cultural del país fueron la comunidad de excursionistas que conoció mientras escalaba el pico Duarte, la cumbre más alta en el Caribe, y los activistas que defienden la justicia social y están creando espacios seguros para los artistas queer en la capital.

Separarse de su familia en la República Dominicana no fue fácil. “Los valores de nuestra comunidad son muy fuertes y eso es una bendición, pero hace que nos sea muy difícil cultivar la autoconciencia”, explicó Abad. Además, para las mujeres en particular, existe ese “miedo de que una mujer debe tener a alguien que la acompañe. Es casi radical que una mujer viaje sola. La gente teme por nosotras”. Ella espera poder disipar esa idea errónea que existe entre los dominicano-estadounidenses de que la isla no es segura, excepto por Punta Cana, para lo que creó los Recorridos del Patrimonio de la Diáspora Dominicana, una experiencia de inmersión cultural diseñada para los dominicanos que viven en el extranjero.

Reconectar con nuestros países de origen en nuestros propios términos es una manera de fusionar las versiones actuales de nosotros mismos con la historia de nuestra familia. Una amiga de Nueva York propuso otra idea: solo se siente ella misma por completo dentro de las cuatro paredes de su apartamento, el hogar que construyó después de que dejó su país. Quizá el sentimiento de pertenencia no se encuentra, sino que se construye.

Estas son otras historias que puedes leer esta semana.

El Roundup

La Corte Suprema aplaza la decisión sobre DACA

El programa seguirá vigente (por ahora) y no es probable que se tome una decisión sobre su futuro sino hasta 2020.

Representación indígena en los Premios Oscar

Yalitza Aparicio, la estrella revelación de Roma, del director Alfonso Cuarón, recibió una nominación al Oscar por su papel en la película. Es un logro bastante significativo.

Yalitza Aparicio, quien en su primera película fue nominada al Oscar por mejor actris

Una victoria para los maestros de Los Ángeles

Las huelgas que comenzaron la semana pasada terminaron el 22 de enero, después de que el sindicato de maestros de Los Ángeles llegó a un acuerdo con el distrito escolar, que añadirá más personal de apoyo en las escuelas y pondrá un límite al número de alumnos por grupo.

El Chapo y el muro fronterizo

Hace poco, el presidente estadounidense, Donald Trump, aseveró que un muro fronterizo detendría el flujo de drogas hacia el país desde México, pero durante las diez semanas de testimonios en el juicio del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como el Chapo, se ha contado una historia distinta.

Las tensiones aumentan en Venezuela

Decenas de miles de venezolanos tomaron las calles el 23 de enero para manifestarse en contra del presidente Nicolás Maduro en respuesta al llamado de un joven líder de oposición, Juan Guaidó, quien se juramentó como presidente encargado después de criticar a Maduro y decir que es un dictador ilegítimo. Guaidó ha obtenido hasta el momento el respaldo y el reconocimiento como el líder formal de parte de varios países de América Latina, así como de Estados Unidos.

Juan Guaidó, un joven líder opositor en Venezuela

La ñapa

Esta semana, mientras reflexionamos sobre el legado de Martin Luther King Jr., este ensayo acerca de “la charla” que tienen muchos padres de raza negra con sus hijos acerca de cómo su color de piel afectará sus vidas parece especialmente relevante. “Vas a tener que luchar para ser tratado de manera equitativa, incluso para ser tratado de manera justa”, le dijo a la autora su padre cuando ella tenía 13 años. Pero además de hacerle “una advertencia”, también la alentó a ver su raza como motivo de orgullo. “Quiero que recuerdes que eres afortunada de ser negra”, le dijo. “Actúa con orgullo, pero con cuidado”