Lun. Ene 21st, 2019

Retratos de la caravana migrante

Una mirada a los rostros de algunas personas que han llegado a Tijuana, México, a sus historias y los deseos que albergan si logran cruzar la frontera.

 

Una caravana es una agrupación de personas que viaja a través de una región hostil. Viajas en una caravana para protegerte; cuando te sientes vulnerable, viajar en grupo te hace sentir que sí tienes algo de poder. Pero no ha habido cómo proteger a la más reciente caravana de migrantes que han hecho el trayecto hacia el Estados Unidos de Donald Trump.

La opinión del presidente estadounidense Trump y de sus simpatizantes es que una caravana está compuesta de invasores y criminales. Que una caravana es portadora de drogas y enfermedades, que debe ser detenida a toda costa, incluso si eso significa que haya un cierre parcial del gobierno estadounidense.

Como palabra, “caravana” es una contundente arma política, parte de un proyecto de varias décadas iniciado por grupos antiinmigrantes (NumbersUSA, el Centro de Estudios de Inmigración y la Federation for American Immigration Reform —o federación para la reforma migratoria—, por nombrar a algunos) que usan un vocabulario deshumanizador para describir a los migrantes de maneras infames y que provocan miedo hacia ellos. “Extranjeros ilegales” que dan a luz a “bebés ancla” tras llegar en una “caravana”. La mayor efectividad de este lenguaje es que sirve como una barrera. Dice: “Eres un extranjero, no eres en nada parecido a mí”. También es una fuente de desinformación, al decir que no es legal solicitar asilo. Estos términos fungen como un arma.

Junior se sentó junto a su madre, María (detrás de él), durante una protesta frente a policías. El padre de Junior habría sido asesinado por pandillas en Honduras.
Stanley, proveniente de Honduras, y Elsa, de Guatemala, se conocieron en el camino a Tijuana, México. Stanley habló de lo peligrosa y difícil que era la vida para él y su familia en su país.

Para defender el uso de gas lacrimógeno contra integrantes de la caravana que viajaron desde Centroamérica a mediados del año, entre ellos a niños, el presidente Trump dijo: “Primero que nada, ese gas lacrimógeno es una forma leve del propio gas lacrimógeno, es muy seguro”. Después preguntó: “¿Por qué un padre corre hacia un área donde saben que el gas lacrimógeno se está dispersando y se va a dispersar y corren hacia allá con un niño?”.

Pues porque mientras los padres amen a sus hijos, correrán hacia cualquier cosa que tal vez, solo tal vez, les ofrezca una oportunidad de tener una mejor vida, incluso si eso significa herirlos mientras.

La historia de Estados Unidos es una historia de caravanas que llegan de diferentes partes del mundo. ¿Por qué tuvieron que marcharse? ¿Qué dejaron atrás cuando partieron? ¿Qué llevaron con ellos? ¿Cómo se aferraron a la esperanza?

 Maeli, de 17 años, dijo que se unió a la caravana migrante con su hijo pequeño porque temía por su seguridad en Honduras. Dijo que en general fueron bien recibidos durante su largo viaje hacia el norte, pero que las cosas han sido tensas en Tijuana, donde residentes lanzaron piedras contra un campamento improvisado. Ella y el niño se mudaron a otro campamento.
Juan Carlos, de 16 años, vende cigarrillos cerca de Tijuana. Afirma que las maras mataron a dos de sus tíos y lo estaban presionando para que se les uniera, por lo que huyó de Honduras para salvar su propia vida.
Joenne, originaria de Honduras, afuera del campamento de migrantes en la Unidad Deportiva Benito Juárez en Tijuana, que el gobierno mexicano cerró debido a condiciones insalubres.

 Juan, que laboraba como trabajador agrícola en Honduras, tenía la esperanza de encontrar un trabajo del otro lado de la frontera y envíar dinero a su familia. “Estoy bien”, dijo en una llamada a casa. “Dios me cuidará”.

Walter, de El Salvador, sostiene la copia de un periódico mexicano que publicó una fotografía de él después de que fue acusado de robo agravado. Dijo que posteriormente lo declararon inocente. Su objetivo original era cruzar legalmente a Estados Unidos, aunque escuchó un rumor de que Canadá daría tres mil visas a migrantes. “¡Ahí me gustaría ir!”, dijo. 

 Ernesto y Yesenia, su esposa, con su hija menor Rachel en el cruce fronterizo de El Chaparral. Comentaron que se enteraron sobre la caravana migrante en Facebook e hicieron el viaje a Tijuana desde Guatemala. Ernesto dijo que si no logran ingresar legalmente, un familiar en Los Ángeles les ofreció pagarle a alguien para que los cruce.

 Nelson, de 52 años, hizo el viaje desde Honduras. Dijo que tiene tres hijos en Filadelfia y que, aunque puede ingresar legalmente a Estados Unidos, se sumó a la caravana porque quería experimentar esa solidaridad: indicó que esperará hasta que el resto pueda cruzar antes de que él decida hacerlo.

 Marina y Kenny son originarios de Honduras. Kenny dijo que las maras en Honduras insistieron en que se uniera a la pandilla y lo amenazaron; afirmó que quedaba en riesgo de salir herido o de ser asesinado al rehusarse, así que decidió partir con la caravana. Marina decidió venir con él; dijeron estar enamorados: “¡Sí… mucho!”