Robó un banco en Alaska, huyó a México y hoy enfrenta a la justicia en EE. UU.

Fiscales aseguran que en 2011 un hombre robó 4,3 millones de dólares de un banco KeyBank en Anchorage antes de huir a México. 

Una noche de hace siete años, Gerardo Adán Cázarez Valenzuela llegó a un banco KeyBank en Anchorage, Alaska, según las autoridades. No le costó nada entrar. Trabajaba ahí.

Tampoco tuvo ningún problema para acceder a la bóveda. Era el gerente de servicios de la bóveda de efectivo del banco. Así que, según las autoridades, Cázarez —vestido con un conjunto elegante de camisa roja y traje negro— entró caminando con toda tranquilidad mientras empujaba un carrito con llantas y tres cajas grandes.

Apagó la luz y, bajo el cobijo de la oscuridad, comenzó a llenar las cajas de efectivo, según los fiscales, quienes aseguran que, para cuando terminó, se había llevado cerca de 4,3 millones de dólares. Después salió del banco. Le tomó unos veinte minutos hacer todo lo anterior.

Cázarez logró sacar el dinero y se fue corriendo (al menos de manera figurada: tuvo que manejar mucho y también tomó un vuelo) a México, donde de inmediato lo detuvieron, lo acusaron, lo condenaron y, finalmente, lo encarcelaron por lavado de dinero, contrabando y otros cargos.

El 26 de septiembre, siete años después del robo de KeyBank, los fiscales anunciaron que Cázarez, ahora de 33 años, había sido extraditado de México a Estados Unidos para enfrentar otro cargo por robo. Llegó a Anchorage la noche del martes y realizó su primera aparición en la corte el jueves por la mañana.

No quedó claro si Cázarez tenía un abogado. Los intentos que hicimos el miércoles por la noche para ponernos en contacto con él no rindieron frutos.

Si se le encuentra culpable, Cázarez enfrentará una sentencia de hasta treinta años de cárcel y tendrá que pagar una multa de hasta un millón de dólares.

En una declaración jurada, un agente especial del FBI describió cada uno de los pasos que siguió el supuesto ladrón y su intento por huir a un lugar muy remoto.

El 29 de julio de 2011, después de salir del banco con el dinero, según el agente, Cázarez fue en auto hasta su casa y pasó el efectivo de las cajas a mochilas y maletas. Después condujo al aeropuerto para tomar un vuelo chárter privado hasta Seattle que había reservado con anterioridad.

El agente mencionó que Cázarez pidió un taxi en Seattle para que lo llevara con su novia, quien también había volado al estado de Washington. En el camino, con la ayuda del chofer del taxi, encontró y compró una metralleta AK-47, una pistola y municiones por 4000 dólares, según la declaración jurada. Enseguida, el chofer dejó a Cázarez en una casa donde se reunió con su novia.

A continuación, Cázarez compró un Ford Fusion a nombre de su novia, y la pareja se fue en auto rumbo al sur hasta California, y luego continuaron hacia Tijuana, México, de acuerdo con la declaración jurada. El 1 de agosto de 2011 —tres días después del robo en Alaska— la pareja abandonó el Ford Fusion y abordó un autobús con dirección a Sonora, México, según la declaración jurada.

Fue ahí donde finalmente la pareja se topó con problemas. Cuando el autobús se detuvo en un punto de revisión, la pareja recogió su equipaje, se formó en una fila y se separó del resto para realizar una inspección más detallada, según se menciona en la declaración jurada. Cázarez le dijo a su novia que “estaban en graves problemas”.

Cuando las autoridades mexicanas abrieron sus maletas, descubrieron 3,8 millones de dólares en efectivo, además de las armas de fuego y las municiones, de acuerdo con la declaración jurada.

En Anchorage, el personal de KeyBank tuvo gran dificultad para abrir la bóveda. Además, se percataron de que Cázarez no había ido a trabajar.

Al personal del banco le tomó todo un día abrir la bóveda. Una vez que pudieron entrar, sus temores se confirmaron, según la declaración jurada: “Faltaba una gran cantidad de efectivo”. Las grabaciones de las cámaras de seguridad del banco les sirvieron para armar las piezas de lo que había acontecido.

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