TIERRA DE BABEL


Jorge Arturo Rodríguez

Las apariencias engañan

“Mire, patrón, como me dijo mi compadre más ignorante que yo, que a cada momento sentimos la sensación de más inseguridad, en todas partes, y yo le comenté que cuál sensación, que sólo hay algo seguro, la pinche inseguridad que crece con creces”, me dijo Crisóforo el taxista con quien no me había topado desde hace algún tiempo, quizás porque la ciudad se ha saturado de taxis, quizás porque mi economía mermada no me lo ha permitido.

Crisóforo me comenta, doblemente angustiado, “y a eso agréguele el despido masivo de empleados, lo que ocasionará menos pasaje, es decir, menos entrada de dinerito, y, claro, aumentará la inseguridad, ya ve usted, ¿a dónde vamos a ir a parar? Y todos correremos el mismo riesgo, chiquitos y grandotes, pálidos y pintarrajeados, ángeles y demonios, como digo yo… Como que no vamos bien, algo no funciona o dizque funciona pero de la chingada, ¿o no, mi patrón?”.

Me quedé con la pregunta, una más de las muchas que me planteo o que me han compartido amigos, familiares y compañeros, o que escucho a diario por doquier. ¿Cuál es la respuesta? ¿Cuál la solución?

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por INEGI en diciembre de 2016, a nivel nacional siete de cada diez personas (74.1%) considera que la ciudad donde reside es insegura, un aumentó 2.2 puntos con respecto al trimestre anterior (71.9%).

Según la encuesta la ciudad con mayor sensación de inseguridad es Villahermosa, Tabasco, además de Veracruz, Veracruz (89.1%), Acapulco, Guerrero (88.3%), la zona norte de la Ciudad de México (88%), zona poniente de la CdMx (86.6%) y zona sur de la CdMx (84.8%).

Está cabrón el asunto. Pero lo más preocupante es dónde chingaos nos joderá la inseguridad, trátese de la que se trate. La encuesta del INEG arrojó que los lugares donde las personas se siente más inseguras son: en los cajeros automáticos ubicados en la vía pública (82%); en el transporte público (74.2%); en los bancos (68.3%); en las calles que habitualmente usan (67.1%); en los mercados (60.6%); en las carreteras (58.4%) y, claro, en cada rincón.

A los encuestados se les preguntó qué situaciones han escuchado o presenciado alrededor de su vivienda: el 66% que consumo de alcohol en las calles; 65.6%, robos o asaltos; 51.4%, vandalismo en las viviendas o negocios; 42.3%, venta o consumo de drogas; 34.7%, bandas violentas o pandillerismo. No hay que olvidar a las pandillas de políticos, digo yo.

Son números, pero lo cierto es que la inseguridad nos la atragantamos a diario y nos ha obligado a cambiar de rutina ante el temor de sufrir algún tipo de delito. Según la encuesta, el 63.4% ya no lleva dinero u objetos de valor; 57.9% no permite que menores salgan de sus viviendas; 52.3% no camina de noche en los alrededores de su vivienda; 35.5% prefiere no visitar a familiares y amigos.

¿Qué hace usted ahora con un chingo de inseguridad? ¿Hacia a dónde jalamos? ¿Es sólo cambiar de gobernantes y autoridades? Porque, la verdad, como dijo Élmer Mendoza, “no hay que cuidarse de los malos sino de los que parecen buenos”.

Me decía un amigo: “Ten cuidado, no te agregues a la lista de los engañados por las apariencias”. ¡Mucho ojo! Y más en tiempos electorales que en México son todos los años.

De cinismo y anexas

Albert Camus escribió: “Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta”.

Por lo pronto, ahí se ven.