TIERRA DE BABEL

Jorge Arturo Rodríguez

 

¿Nos reímos o lloramos?

 

Llámenla como la llamen, el chiste es que se trata de la muerte, en sus múltiples facetas y desmanes. Muerte natural, accidental, por enfermedad; muerte por asesinato, ejecución, abatimiento, atentado, homicidio, genocidio, parricidio, infanticidio, terrorismo, suicidio… Crímenes sin castigo, en la mayoría de los casos. Dejando a un lado el fallecimiento (¡qué eufemismo!) natural, accidental y por enfermedad (también tienen sus cuestionamientos), la muerte se aferra y guerrea por sus dominios: la humanidad entera. Y somos tan débiles (la carne es débil) que caemos en sus trampas, cedemos a sus encantos mortíferos: nos seguimos matando, nos autodestruimos. Vigorizamos nuestra venganza e indiferencia; desterramos nuestra conciencia y “eso que llaman amor”. Da gusto matar: nos deleita la sangre, la saboreamos; nos satisface el sufrir y el sangrar del prójimo. Lo que nos lleva a la reflexión y no son pocos los que han deliberado sobre el tenebroso asunto. La razón sucumbe; de regreso a la animalidad. ¿Aún vives, Charles Darwin?: “Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”.

Pero qué digo, pensó el mudo, y escribió el manco. No he visto el espectáculo “La gran carpa de los horrores”, montado cerquita de Plaza Crystal, ahí en esa zona donde han sucedido algunos “contratiempos” de robos con violencia, intento de secuestro, tiroteos y ¿muertes? Todo Veracruz está hecho una “Gran carpa de los horrores”. ¿Nos reímos o lloramos?

 

Los días y los temas

 

El pasado 28 de julio fui a las oficinas de INDAUTOR-Xalapa, por los derechos de autor de mi obra titulado Los pecados del cielo y otros amores tiernos, después de esperar un largo mes y pagar taxis. La sorpresa fue que el nombre del autor (un servidor) no era el correspondiente, porque certificaron a nombre de “Jorge Antonio Rodríguez López”, siendo que debería ser “Jorge Arturo Rodríguez López”. ¿Pequeños descuidos? Por favor, ajusten su maquinaria para brindar un óptimo servicio y evitar contratiempos, sobre todo desperdicio de recursos económicos y humanos. Y se lo decimos a la mayoría de las oficinas federales y estatales, ni hablar de las municipales.

(Eso sí, la culpa no fue de Karla Sarquis Alarcón y Mirna Campos, quienes me atendieron muy bien en INDAUTOR).

El alcalde electo de Xalapa, Hipólito Rodríguez, y su séquito (al menos cuando han ido al Congreso estatal) en verdad que tienen cola…

 

De cinismo y anexas

 

Hace unos días murió Ramón Xirau. Lo conocí en una conferencia sobre su libro El tiempo vivido, donde escribe, a propósito de El ser y la nada, de J. P. Sartre: “No existen “instantes”. Existe un tiempo lleno de posibilidades, casi siempre desconocidas. Existe sobre todo un tiempo humano en el que, de “nada” en “nada”, no somos lo que fuimos, no somos lo que seremos, no acabamos de ser lo que ahora somos”.

Alejandro Jodorowsky afirma que hay que buscar lo imposible, como el arquero que tira y tira flechas a la luna y nunca le atina, pero se convierte en el mejor arquero.

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