Treinta distritos podrían definir las elecciones intermedias de Estados Unidos

Un votante de Salt Lake City, Utah, que sufragó de manera anticipada, deposita su boleta por correo.

Los demócratas parecen listos para obtener la mayoría del voto popular para las 435 diputaciones en disputa en las elecciones intermedias de este martes, con encuestas que muestran también una alta desaprobación del presidente Donald Trump… pero no hay certeza aún sobre cuál será el resultado final en la Cámara de Representantes estadounidense.

A un día de las elecciones intermedias, hay dos posibles resultados muy divergentes. Podrían arrasar los demócratas y poner fin al control republicano de la Cámara Baja e, incluso, amenazar la mayoría republicana en el Senado. O puede que la batalla por la Cámara de Representantes quede en vilo en ciertos distritos hasta semanas después de que cierren las casillas (en estados como California y Washington tardarán en ser contadas todas las boletas enviadas por correo).

El primer resultado se vería como un rechazo contundente a Donald Trump; el segundo, como otro ejemplo de la resiliencia política del presidente. Sin embargo, la diferencia entre una posibilidad y otra es de apenas unos puntos porcentuales en decenas de distritos electorales casi empatados, de acuerdo con encuestas hechas por The New York Times y Siena College en las últimas semanas.

El resultado agregado a partir de más de diez mil entrevistas y sondeos es que los demócratas y republicanos están empatados en treinta distritos; en total, los demócratas tendrían una ventaja de alrededor de 0,5 por ciento.

Los demócratas necesitan ganar tan solo algunos de esos distritos —quizá seis sean suficientes— para conseguir las veintitrés curules que les darían control de la cámara. Sin embargo, los candidatos del Partido Demócrata aún no tienen afianzados esos triunfos: su ventaja en las encuestas en veintiocho de los distritos más disputados están dentro del margen de error.

Con tantas contiendas tan ajustadas, cualquier pequeño cambio entre los votantes indecisos en esos distritos conllevaría un resultado completamente distinto a nivel nacional, con consecuencias dispares para el futuro del gobierno estadounidense y de la presidencia de Trump.

La tendencia —azul: Partido Demócrata; rojo: Partido Republicano— en algunos de los distritos clave, en el sentido de las manecillas del reloj: Washington, Kentucky, Maine, Florida, Virginia y California.

Integrantes de ambos partidos han predicho que los demócratas sumarán 35 escaños en la Cámara de Representantes. (Los sondeos del Times con Siena prevén por lo menos 32 curules para los demócratas). Por ello, hay condiciones para que suceda una elección “de ola” o arrasadora, como las de 1994, 2006 y 2010, que resultaron en un cambio total del control de la cámara.

Sin embargo, los republicanos también cuentan con varias ventajas estructurales que los partidos gobernantes —los representados por el presidente— no tenían en esos tres años electorales. En esta ocasión, muchos de los candidatos republicanos están postulados en distritos que votaron por Trump ya sea por la división partidista de los mapas distritales o por la tendencia de los demócratas de enfocarse de más en zonas urbanas.

La ventaja geográfica republicana es aún mayor si se trata del Senado; ahí es casi seguro que el partido mantenga su control. Para ello solo necesita conseguir el voto en tres de los siete estados con encuestas ajustadas y en donde Trump obtuvo por lo menos nueve puntos porcentuales más que su rival electoral en 2016, Hillary Clinton.

En el caso de la Cámara de Representantes, también es posible que la polarización partidista sea suficiente para frenar a los candidatos demócratas en los distritos clave, gracias a temas candentes como la migración que se han vuelto centrales en los últimos días.

Si esa polarización es explotada por los candidatos republicanos, entonces podrían aprovechar su ventaja geográfica ya existente para no solo mantener el Senado, sino para reducir las pérdidas en la Cámara Baja.

La participación es otro factor importante. Nunca hay certeza de cuántas personas acudirán a votar, pero en general sufragan menos en las elecciones intermedias que en las presidenciales. Eso significa que un repunte mínimo en el entusiasmo por participar puede cambiar por completo la composición del electorado.

En las últimas elecciones legislativas, la gente que acudió a votar fue poca y era de mayoría republicana. Aunque hasta ahora varias encuestas trabajan con el supuesto de que la participación será mayor a los comicios de hace cuatro años; esto es debido a la votación anticipada por correo, que tiende más hacia los demócratas, así como a un mayor interés en diversas elecciones locales extraordinarias desde que Trump llegó al poder.

En las últimas semanas, la cantidad de votantes que dicen que están “prácticamente seguros” de que ejercerán su voto ha aumentado diez por ciento en la encuesta del Times con Siena: de 66 a 76 por ciento del electorado.

Eso podría beneficiar a candidatos como Beto O’Rourke, demócrata que aspira a la senaduría por Texas, o al demócrata Harley Rouda, que quiere representar al distrito 48 de California. En el último caso, una encuesta previa hecha por Monmouth señalaba que Harley quedaría dos puntos debajo del republicano Dana Rohrabacher, quien busca ser reelegido, porque tomaba en cuenta que los votantes registrados como republicanos eran más que los registrados como demócratas. Sin embargo, esa ventaja partidista en el electorado se ha reducido: de 18 por ciento más republicanos que demócratas a 12 por ciento más republicanos que demócratas, y los sondeos de Times con Siena muestran que Rouda se ha visto beneficiado.

La determinación que tomen los votantes indecisos es otro tema que podría apuntalar a los demócratas. El supuesto es que los votantes indecisos, cuando se deciden, lo hacen en contra de quien tiene el cargo y busca la reelección. De ser así, sería problemático para los republicanos, porque ningún candidato que quiere ser reelecto del Partido Republicano suma el 50 por ciento del voto en los distritos clave ajustados, según nuestras encuestas.

Es aún más probable que los votantes indecisos mantengan su tendencia a respaldar al partido que no está en el poder si se toma en cuenta que los demócratas han destinado millones de dólares hacia el final de la campaña para promover que los posibles electores sepan sus nombres. La encuesta del Times con Siena demuestra que esta estrategia ya ha rendido frutos: en promedio, los contendores demócratas ya son conocidos por el 82 por ciento del electorado; en septiembre esa cifra rondaba el 60 por ciento.

No obstante, los giros de último minuto no necesariamente determinan el resultado final. Clinton sumó respaldos en las últimas encuestas antes de la elección de 2016, y perdió la elección presidencial.

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