Sab. Oct 19th, 2019

Un año después del asesinato de Marielle Franco, su herencia se ha multiplicado en Brasil

Activistas y organizaciones por los derechos de las mujeres marcharon la semana pasada en Río de Janeiro pidiendo justicia para Marielle Franco, una política negra, gay y feminista cuyo asesinato se ha convertido en un grito de guerra en medio de una nación profundamente polarizada.

 

RÍO DE JANEIRO — La pregunta se cierne sobre esta ciudad: “¿Quién mató a Marielle Franco?”. Es una duda que se manifiesta como grafiti en prácticamente todos los vecindarios y aparece en camisetas y pancartas que se muestran en grandes manifestaciones.

Esta semana, a un par de días del primer aniversario de su muerte, los fiscales dieron una respuesta parcial y acusaron a dos expolicías de perpetrar el asesinato. Las principales preguntas del caso, incluyendo quién ordenó la ejecución y por qué, siguen sin respuesta.

En medio de la profunda polarización de Brasil, los pedidos de justicia en el caso de Franco, una concejala negra, gay y feminista del concejo municipal de Río de Janeiro, se han transformado en un grito de guerra para quienes se sintieron representados por sus ideas.

Su nombre e imagen se convirtieron en la antítesis de las fuerzas políticas dominantes en Brasil desde que el actual presidente de derecha, Jair Bolsonaro, asumió el cargo.

Bolsonaro, un militar retirado que es conocido por hacer comentarios ofensivos sobre las mujeres, las personas de raza negra y la comunidad LGBTI, centró su campaña electoral en la promesa de mejorar la seguridad con medidas que incluyen flexibilizar la obtención de armas y permitir que la policía mate a los sospechosos.

Elcio Vieira de Queiroz, uno de los sospechosos en el asesinato de Franco, publicó una foto en su página de Facebook en la que aparecía abrazado con el presidente Jair Bolsonaro. 

Pero los críticos temen que sus políticas puedan empeorar algunos aspectos de la epidemia de violencia en Brasil caracterizada por un número asombroso de personas asesinadas por la policía, una tasa de asesinatos de mujeres considerada por los expertos como un fenómeno alarmante y un ataque sistemático contra personas gays y transexuales.

El asesinato de Franco, quien representó a muchos de los grupos que ahora se sienten en peligro, conmocionó y dividió a esta nación cansada de la violencia. Pero también impulsa un sentido de urgencia en los movimientos que abogan por los derechos que ella defendió.

También ayudó a impulsar las carreras políticas de las mujeres negras, incluidas las tres que ahora forman parte del concejo donde Franco fue la única mujer que representó a la comunidad afrobrasileña hasta su muerte.

“Marielle sigue representando, aunque solo sea su memoria, una amenaza para el statu quo“, dijo Renata da Silva Souza, su exjefa de personal, una de las mujeres negras que resultaron elegidas para el concejo el año pasado. “Ella encarnó a las personas que pueden ser asesinadas” en Brasil con impunidad, afirmó Souza.

Franco murió el año pasado en la tarde del 14 de marzo en el centro de Río de Janeiro, cuando un hombre armado disparó varias veces al auto en el que viajaba luego de salir de un evento de trabajo. Ella y su chofer Anderson Gomes murieron al instante.

A los pocos días, Franco, de 38 años y una estrella en ascenso dentro de un movimiento socialista poco conocido fuera de los círculos políticos de su ciudad natal, se convirtió en un símbolo global de resistencia ante la marea conservadora. Lo que hizo que el asesinato fuera particularmente chocante para muchos brasileños era la historia misma de Franco.

El asesinato de Franco despertó una sensación de urgencia entre los movimientos por los derechos que ella defendía. 

Nacida y criada en la favela de Maré, un distrito de clases populares al norte de Río de Janeiro, Franco se convirtió en una gran crítica de la brutalidad policial y el descuido del gobierno en las áreas pobres de su ciudad, mientras cursaba una maestría en políticas públicas.

Luego trabajó durante una década como empleada de un miembro del concejo local, ayudándolo a investigar las milicias, grupos paramilitares fuertemente armados compuestos por personal militar y policial, antes de realizar una campaña exitosa y lograr su propio cargo en 2016.

El concejo se llenó de banderas del orgullo gay y gritos de alegría cuando Franco pronunció su discurso inaugural en una audiencia del ayuntamiento en febrero de 2017. Se le veía radiante y un poco sorprendida por toda la atención que recibió.

Ser negra, mantener fuertes lazos con la favela donde creció y ser franca sobre su sexualidad fueron características de Franco que la convirtieron en una dirigente única en la política brasileña, y un modelo a seguir para las personas que no se ven representadas en un sistema dominado por los hombres blancos.

“Ella fue una inspiración”, dijo Dani Monteiro, otra política afrobrasileña que fue elegida al concejo después de la muerte de Franco. “De repente ya no eres invisible en un espacio donde siempre hemos sido invisibles”.

Monteiro dijo que, a lo largo de su vida, se sentía rodeada por personas blancas y de piel clara que instintivamente relegaban a un segundo plano a las personas como ella.

“Durante años vendimos una imagen de postal del paraíso, el país del carnaval, de personas felices y cordiales”, dijo Mônica Benício, pareja de Franco. “La ejecución de Marielle y la elección del presidente actual le revelaron al mundo que somos racistas, que somos sexistas, misóginos y que le tenemos fobia a la comunidad LGTBI”. 

“Los negros son útiles para servir café o limpiar el piso”, dijo, describiendo el sentido de exclusión que fue una constante en su vida. “Si no lo hacen, son criminales”.

Durante su tiempo en el concejo, Franco condenó la decisión del gobierno federal de poner a los militares a cargo de la seguridad en el estado, y luchó contra la brutalidad policial y la presencia de las milicias en Río.

Pero colegas y compañeros activistas dicen que no vieron ninguna señal de que su trabajo político la pusiera en un riesgo inminente. A medida que pasaba la conmoción por el asesinato, los investigadores y aliados de Franco comenzaron a sospechar que el crimen había sido cometido por miembros de la milicia.

“En Río de Janeiro, las milicias constituyen una importante estructura con tentáculos en diferentes esferas de poder”, dijo Pedro Strozenberg, el defensor del pueblo en Río de Janeiro.

Después del asesinato de Franco, Bolsonaro y sus hijos, que también son políticos, guardaron un sorprendente silencio sobre el crimen, considerado como el asesinato político más impactante sucedido en años. Mônica Benício, la pareja de Franco, dijo que eso era preocupante, pero no sorprendente.

Marielle Franco, la estrella política de un partido socialista, se convirtió en un ícono global a los pocos días de su asesinato. Su figura se ha transformado en un símbolo de resistencia ante la creciente marea conservadora que se impuso en Brasil y en otros países.

Su silencio, dijo, forma parte de un proceso de reconocimiento que es necesario en Brasil, aunque sea doloroso.

“Durante años vendimos una imagen de postal del paraíso, el país del carnaval, de personas felices y cordiales”, dijo Benício. “La ejecución de Marielle y la elección del presidente actual le revelaron al mundo que somos racistas, que somos sexistas, misóginos y que le tenemos fobia a la comunidad LGTBI”.

“Tenemos que empezar a lidiar con eso”, dijo. “Necesitamos comenzar a deconstruir un sistema político que siempre ha estado dominado por hombres blancos”.

Bolsonaro y sus hijos han sido objeto de investigaciones sobre sus posibles vínculos con las milicias. En el pasado, el actual presidente ha defendido a las milicias como una forma de imponer un gobierno paralelo pero feroz. Incluso el año pasado dijo en una entrevista radial que las áreas controladas por esos grupos paramilitares “no tienen violencia”.

Uno de los hijos del presidente, Flávio Bolsonaro, empleó hasta el año pasado a la esposa y madre de un exoficial de policía sospechoso de ser un miembro de la milicia.

Y esta semana, una vez que los dos sospechosos del asesinato de Franco fueron arrestados, los Bolsonaro pudieron ver cómo sus vínculos con esos hombres quedaron expuestos, lo que aumentó la inquietud que muchos críticos sienten con el gobierno.

Uno de los sospechosos, Ronnie Lessa, vivía en un condominio junto al mar en Río de Janeiro donde Bolsonaro posee una casa.

“Marielle sigue representando, aunque solo sea su memoria, una amenaza para el statu quo”, dijo Renata da Silva Souza, al centro, quien fue la exjefa de personal de Franco y es una de las mujeres negras que el año pasado resultaron electas para el concejo. Junto a ella se encuentran Dani Monteiro y Mônica Francisco, las otras políticas afrobrasileñas que también tienen cargos en el concejo.

El otro, Elcio Vieira de Queiroz, publicó en Facebook una foto en la que aparece abrazado con Bolsonaro. Los oficiales de policía también revelaron que la hija de uno de los dos sospechosos había salido con uno de los hijos de Bolsonaro.

El mandatario dijo que no conocía a los hombres, y la policía declaró que sus vínculos con la familia Bolsonaro no eran relevantes para la investigación del asesinato de Franco.

Frente a un nuevo gobierno que consideran hostil a los derechos de las minorías, los activistas de los grupos en los que participó Franco se han vuelto más audaces y más desafiantes.

Las mujeres negras que se postularon para un cargo en Río de Janeiro después del asesinato tenían en cuenta los riesgos que corrían, dijo Mônica Francisco, otra de las dirigentes negras que ganó un escaño en el concejo. Pero habría sido más peligroso retirarse con miedo, dijo.

“Marielle entendió que para mantenerse viva es necesario ocupar esferas de poder”, dijo. “Es irónico, pero cierto”.