Un cohete ruso falla y dos astronautas logran hacer un aterrizaje de emergencia

La nave espacial Soyuz durante el lanzamiento desde el Cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, el 11 de octubre.

A más de 60 kilómetros sobre la superficie terrestre y disparado hacia el espacio más rápido que la bala de un rifle, un cohete transportador con un astronauta estadounidense, un cosmonauta ruso y cientos de toneladas de combustible registró una falla a menos de dos minutos de haber despegado el 11 de octubre, lo que obligó a que la tripulación realizara un angustioso pero seguro aterrizaje de emergencia.

La cápsula descendió con la ayuda de un paracaídas a un lugar ubicado a entre 19 y 30 kilómetros en las afueras de Zhezkazgan, una pequeña ciudad en el centro de Kazajistán, y ninguno de los miembros de la tripulación resultó herido, dijeron las agencias espaciales estadounidense y rusa.

La televisión estatal rusa transmitió imágenes que mostraron a la cápsula en un lugar llano y árido salpicado de arbustos pequeños. Ambos astronautas —Nick Hague de Estados Unidos y Aleksei Ovchinin de Rusia— caminaron hacia un helicóptero de rescate que los trasladó de regreso al Cosmódromo de Baikonur donde comenzó su viaje.

Poco después, Roscosmos, la agencia espacial rusa, tuiteó imágenes de ambos hombres sentados y hablando con Dmitri O. Rogozin, director de la agencia rusa.

La primera señal de que había problemas fue reportada de manera pública ocho minutos después del despegue del cohete ruso Soyuz, cuando la NASA tuiteó: “Ha habido un problema con el propulsor del lanzamiento de hoy”.

 La falla, ocurrida aproximadamente a los dos minutos de vuelo, resultó en un descenso balístico, lo que quiere decir que la cápsula cayó sin propulsión y sin ser guiada, por lo que solo fue frenada por el aterrizaje con paracaídas.

Once minutos más tarde, la agencia agregó: “La tripulación está regresando a la Tierra en un modo de descenso balístico”, lo que significa que estaba cayendo sin propulsión y que la dirección era determinada solamente por el impulso de la nave, que luego frenó al aterrizar con paracaídas.

La agencia agregó que descenso balístico significa “un ángulo más agudo de aterrizaje comparado con el normal”, lo cual indica una amenaza para la seguridad de la tripulación. El ángulo de descenso de la cápsula normalmente es cuidadosamente calibrado para que no se sobrecaliente al reingresar a través de la atmósfera terrestre.

La NASA tuiteó, 42 minutos después del despegue, que la cápsula Soyuz había aterrizado en la Tierra. Un equipo de búsqueda fue desplegado y pronto, agregó la NASA, rescatistas informaron que estaban en contacto con la tripulación de la Soyuz, quienes mencionaron que estaban “en buenas condiciones”.

Poco más de una hora después del despegue, Rogozin dijo en Twitter que la tripulación había sido rescatada. “Una comisión estatal ha sido establecida para investigar las causas” de la falla, agregó.

Dmitri S. Peskov, vocero del Kremlin, dijo a los periodistas en Moscú: “Gracias a Dios los cosmonautas están vivos. Eso es lo principal”.

Jim Bridenstine, el administrador de la NASA, estaba presente en el lanzamiento, el cual ocurrió a las 4:40, hora del este de Estados Unidos.

 Nick Hague, astronauta de la NASA, a la izquierda, durante una revisión médica después del aterrizaje de emergencia el 11 de octubre

Rusia anunció que suspende las misiones a la Estación Espacial Internacional hasta que la causa de la falla haya sido determinada. La tripulación actual de la estación espacial, conformada por tres personas, continuará trabajando hasta diciembre, cuando está programado el siguiente lanzamiento, informó la agencia informativa rusa Interfax.

Según un funcionario espacial ruso citado por Interfax, “la emergencia ocurrió a 119 segundos del inicio del vuelo, durante la separación de los propulsores laterales de la primera etapa del propulsor central de la segunda etapa”. El propulsor de la segunda etapa se apagó.

Roscosmos, que anticipaba un lanzamiento exitoso, ya había publicado una brillante descripción del vuelo en su página de Facebook cuando sucedieron las fallas.

Los cohetes Soyuz, en varias versiones, han sido el pilar de los programas espaciales soviético y ruso desde la década de los sesenta, y han transportado de manera confiable a los astronautas sin fallas mortales.

En 1983, un Soyuz se incendió y explotó en la plataforma de lanzamiento, pero dos astronautas fueron evacuados de manera segura por el sistema de escape de la nave. Desde que Estados Unidos puso fin a su programa de transbordadores en 2011, ha dependido de otros países —especialmente Rusia— y contratistas privados para poner en órbita envíos y personas.

Otros cohetes rusos que transportan bienes al espacio han tenido un récord lleno de altibajos, como es el caso del Progress, que es casi idéntico a la nave Soyuz. En diciembre de 2016, un Progress con más de 2 toneladas de alimentos, combustible y suministros —pero no astronautas— que iba a la Estación Espacial Internacional no logró ponerse en órbita y se incendió en la atmósfera durante el reingreso. En 2015, otra nave de carga Progress se salió de control y se destruyó al caer a la Tierra.

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