Un reconocimiento en Nueva York a los fotógrafos latinoamericanos

Niños vuelan cometas el Día de Todos los Santos en Santiago Atitlán, Guatemala.

En el barrio de Melrose, al sur del Bronx y el segundo más concurrido de la ciudad después de Times Square, los residentes pronto tendrán muchas razones para detenerse y disfrutar la vista.

Ya sea que vayan corriendo al subterráneo o estén abriéndose paso entre los compradores sobre las atestadas aceras, los habitantes se encontrarán con nuevos panoramas: imágenes de la vida en Latinoamérica y el Caribe expuestas en una cerca de metal a lo largo y desplegadas en un jardín comunitario o exhibidas en el terreno del colegio de la zona, la primaria de la Inmaculada Concepción.

Melrose se vuelve así una galería, por dentro y por fuera. Con motivo del Festival de Fotografía Latinoamericana, el Centro Documental del Bronx comparte de nuevo la fotografía con la comunidad que llama hogar. El festival, que sucederá del 12 al 22 de julio, derriba los muros blancos de los espacios de exhibición con ocho instalaciones, siete de ellas fuera del centro.

Procesión de Semana de Pascua en Santiago Atitlán, Guatemala.

José Miguel Santi dirige una expedición de cacería en la lancha de sus primos en la Amazonía ecuatoriana.

Los ensayos fotográficos de más de una decena de fotógrafos aclamados y documentalistas emergentes de Colombia, Perú, Ecuador, Puerto Rico, República Dominicana y México, además de contribuciones de FotoKids (que enseña fotografía a niños guatemaltecos), estarán expuestos en puntos de referencia del barrio y en las calles de la ciudad.

“Siempre hemos tratado de derribar los muros y llevar las fotos a la comunidad”, dijo Michael Kamber, cofundador del Centro Documental del Bronx, quien también contribuyó con la curaduría del Festival de Fotografía, junto con Cynthia Rivera, coordinadora de la exposición.

Las guerras, la pobreza y las amenazas a las sociedades rurales en América Latina inspiran a periodistas tanto novatos como experimentados; la región es un hervidero para la fotografía y el cine documentales. Lo sorprendente es que Nueva York, el núcleo de migrantes latinoamericanos más grande del país, no haya hecho un festival como este anteriormente.

Desde que el Centro Documental del Bronx (BDC, por su sigla en inglés) se inauguró en 2011 como un espacio educativo de exposición sin fines de lucro, los fotógrafos latinoamericanos han asistido al centro como invitados y ponentes, dijo Kamber. Comparten su objetivo de explorar y exponer temas relacionados con la justicia, la educación y el progreso social.

“Presentamos a fotógrafos que hacen reportajes ‘no comerciales’”, añadió Kamber. “Su motivación no es el dinero”.

Por el contrario. En muchos casos, los fotógrafos están obligados a vivir con muy pocas comodidades y muchos sacrificios, pues deben pasar semanas, meses o años documentando poblados remotos y comunidades olvidadas en sus países de origen.

Tinkuy es una danza tradicional de los Andes. 

Cristo y su familia, Ponce. 1985

Niños en Playa Vacía Talega, Loíza Julio de 1989

Ellos cuentan importantes historias que a menudo son ignoradas.

Una instalación acerca de los ataques a periodistas en México, en los que once reporteros y fotoperiodistas fueron asesinados tan solo en 2017 (45 desde 1992) presenta historias independientes, de cuatro fotógrafos y un video realizado por un colectivo, donde se analizan los peligros de practicar el periodismo en contra de los deseos de los cárteles de la droga y los policías corruptos.

Carlos Villalón, de Colombia, viajó durante dieciséis años a través del continente americano documentando la coca como planta sagrada y la cocaína como la droga que impulsa gran parte de los conflictos sociales, culturales y políticos de Colombia.

Por los caminos tomados por los Llaneros, un grupo de vaqueros que viven y viajan por las sabanas de la cuenca del Orinoco en Colombia y Venezuela

Una familia cosechando hojas de coca en el pueblo de Santa Rosa, Perú, el 28 de julio de 2012

Érika P. Rodríguez, de Puerto Rico, documentó la destrucción ocasionada por el huracán María, la catástrofe con la que la isla debe seguir lidiando a casi un año de que aquel devastó los servicios de energía, las ciudades y a su población un fin de semana de septiembre.

Misha Vallejo, de Ecuador, exploró la vida en una comunidad indígena remota, la Sarayaku, en la selva ecuatoriana, donde ha habitado el pueblo kichwa durante cientos de años, respetuoso de la creencia de que todo en la naturaleza (animales, plantas, agua, tierra y viento) está relacionado y hay que respetarlo. Del mismo modo, Juanita Escobar, de Colombia, pasó diez años viajando por los caminos de los Llaneros, personas que viven y deambulan por las remotas sabanas de la cuenca del Orinoco en Colombia y Venezuela.

En Melrose, un crisol de inmigrantes de la clase trabajadora donde los latinoamericanos conforman la mayoría de los habitantes, estos retratos distantes son más reverberantes que exóticos, incluso son familiares.

“Somos una organización comunitaria”, explicó Kamber. “Ese es el público que queremos atraer, por eso buscamos ir más allá de los ‘muros blancos’”.

Un trabajador de la iglesia de Santa Ana recoge jeringas usadas en un túnel al sur del Bronx.

“Vestigios” es un proyecto creado como un catálogo de objetos recuperados por las familias de los reporteros asesinados durante la última década en el estado de Veracruz, México. Esto era propiedad de Yolanda Ordaz, quien fue asesinada el 26 de julio de 2011. 

La destrucción que dejó el huracán María en el barrio Puerta de Tierra de San Juan, Puerto Rico, en septiembre de 2017 

Una tormenta eléctrica en Guatemala 

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