Una academia mexicana de fútbol cruza la frontera para formar jugadores jóvenes

CLIFFWOOD, Nueva Jersey — Era un sábado lluvioso y un grupo de muchachos vestidos con uniformes rojos de fútbol entraron a un viejo almacén, donde antes se guardaban los autos antiguos de los residentes acaudalados de esta comunidad que se encuentra en la bahía de Raritan.

En la actualidad, ese espacio tiene un uso diferente. La Xolos Academy F. C. New Jersey, una academia de fútbol afiliada al equipo mexicano de primera división Club Tijuana, convirtió ese viejo almacén en un campo de sueños de césped sintético y sus muros están cubiertos de logotipos y fotos.

Ahí se enseña fútbol, pero el verdadero objetivo de esa academia es poder brindarle una oportunidad a los hijos e hijas de los inmigrantes de habla hispana de la zona. Son jugadores que, por lo regular, son ignorados por el fútbol de Estados Unidos, víctimas de las dificultades financieras que impiden que su talento reciba la formación y la exposición necesarias.

“Algunos de estos jugadores no han podido sobresalir porque no pueden pagar para jugar el juego que adoran”, afirmó Joe DiMauro, un entrenador con mucha experiencia que dirige la academia. Es el quinto afiliado estadounidense del Club Tijuana y el primero del noreste de Estados Unidos.

Las academias son parte de un esfuerzo del Club Tijuana —los Xoloitzcuintles o, simplemente, los Xolos— para llegar a los aficionados de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Xolos fue el primer equipo de la máxima categoría del fútbol mexicano, la Liga MX, en manejar sus relaciones públicas de forma bilingüe y ha cortejado tanto al público como a los jugadores estadounidenses desde la creación del equipo en 2007.

“Cada una de nuestras academias en Estados Unidos tiene el equipo de entrenadores necesario para realizar el trabajo, lo cual ayuda a elevar el nivel de los jugadores”, dijo Roberto Cornejo, director deportivo del Club Tijuana, escuadra que cuenta con cuatro estadounidenses dentro del primer equipo de 22 jugadores. “Tenemos mucha fe en nuestro sistema de juveniles y seguiremos desarrollando a estos chicos para darles la oportunidad de jugar al más alto nivel”.

Tab Ramos, exestrella de la selección nacional de Estados Unidos que creció en Nueva Jersey y ahora entrena a la selección sub-20 de ese país, conoce la zona y las dificultades que tienen los jóvenes futbolistas latinos para hacerse notar. También sabe que encontrar y cultivar a tantos como se pueda no solo le interesa a los jugadores, sino a la Federación de Fútbol de Estados Unidos.

“Mientras haya más clubes y personas satisfaciendo cada tipo de mercado, en particular el latino, será más positivo para nuestro juego”, señaló Ramos.

Durante la visita que hicimos ese sábado, la lluvia arreciaba en la calle mientras DiMauro estaba sentado cómodamente en el almacén, bebiendo café detrás de un pequeño escritorio y observando a algunos de sus reclutas que realizaban ejercicios de calentamiento al ritmo de “Suavemente” de Elvis Crespo.

“Buscamos talento en los lugares que no les interesan a las otras academias”, dijo DiMauro. “Pasamos años entrenando a los chicos en ‘La Liga’ del vecindario por poco o nada de dinero para desarrollarlos como futbolistas, y ahora muchos están regresando porque saben que pueden competir en un escenario más grande y mucho más asequible”.

DiMauro buscó en un cajón y sacó una bolsa llena de billetes arrugados de uno y cinco dólares, además de un puñado de monedas de 25 centavos de dólar: cerca de 540 dólares en propinas, casi el costo de una cuota de inscripción.

“Estas son las propinas de alguien a quien le costó mucho trabajo ganarlas. Es el tipo de pago que nos dan muchos de los padres de nuestros jugadores, quienes son meseros, lavaplatos y jornaleros que no hablan inglés”, dijo DiMauro. “Es gente trabajadora que espera que podamos ayudar a sus hijos a tener una vida mejor por medio del fútbol”.

Amando Moreno, un delantero de 21 años que juega para el Club Tijuana, es un futbolista de esta zona que logró escapar de las sombras. Moreno, quien creció en Old Bridge, Nueva Jersey, y jugó en la academia, dejó la escuela Marlboro High después de tres años para firmar un contrato profesional con los Red Bulls a la edad de 17 años. Llegó al Club Tijuana el año siguiente, donde jugó principalmente en partidos de la copa nacional hasta que en abril de 2016 debutó en la Liga MX.

“Yo era un chico de familia pobre y me daba vergüenza escuchar que mi papá le decía a los entrenadores que no podía pagar mi entrenamiento o que no podía llevarme a un juego porque no teníamos auto”, mencionó Moreno, a quien DiMauro entrenó y que después jugó para Ramos en la selección nacional sub-20. “Sé exactamente por lo que pasan algunos de estos chicos”, dijo. “He vivido sus vidas”.

Ramos, un mediocampista que tuvo 81 apariciones con el uniforme de Estados Unidos, una carrera que incluye los mundiales de 1990, 1994 y 1998, y el ingreso al Salón de la Fama. El exseleccionado señaló que, aunque hay tres academias bien establecidas en Nueva Jersey —la Red Bulls Academy en East Hanover, la Players Development Academy en Somerset y la Cedar Star Academy en Tinton Falls—, un grupo nuevo como los Xolos tiene un papel definitivo que desempeñar en la evaluación de talento.

“Las tres academias empiezan de arriba hacia abajo”, afirmó Ramos. “Pero los clubes pequeños como Xolos Academy pueden intervenir para identificar talento de abajo hacia arriba, desde los 5 y los 6 años de edad, y luego esperar que cuando esos mismos jugadores tengan 10 u 11 años puedan emigrar a academias más grandes que les puedan ofrecer competir a nivel nacional”.

Ramos agregó que el problema más grande que enfrentan las tres academias de futbolistas no es tanto el subsidio del entrenamiento para los jugadores que tienen problemas financieros, sino más bien proporcionarle transporte a los deportistas que viven dentro del estado y no pueden pagar viajes de largas distancias para asistir a los entrenamientos y los juegos.

“Estas academias no pueden solventar la compra de una camioneta o contratar un autobús para darle servicio a tantos jugadores esparcidos por todo el territorio estatal”, dijo. “Esto hace que sea más importante el trabajo de las academias pequeñas que trabajan con jugadores a un nivel más local”.

DiMauro mencionó que los miembros del equipo de entrenadores se organizaron para compartir sus vehículos y llevar a gran parte de los 80 jugadores, de entre 8 y 18 años, a los entrenamientos y los partidos. El club también creó un sitio para entrenar al aire libre en un campo de South River que está más cerca del lugar de residencia de un gran número de jugadores de habla hispana.

Uno de esos futbolistas es Xavier Tapia, un defensa de 12 años que pertenece al 80 por ciento de los jugadores de habla hispana que provienen de una decena de países de América Latina y forman parte del programa de los Xolos de Nueva Jersey (el resto de los jugadores son blancos y suelen ser residentes de clase media de las ciudades y pueblos de los alrededores).

Hace poco, antes de un entrenamiento matutino, Tapia señaló hacia arriba, en dirección a dos afiches que se encontraban en un muro de las instalaciones, donde se ve a Moreno en acción. “Mi sueño es ser profesional como él”, dijo Tapia.

Moreno regresó a casa el mes pasado para visitar a su familia y amigos después de que el Tijuana fue eliminado de la liguilla (la fase final de liga del fútbol mexicano). Hizo una parada en el centro de entrenamiento de los Xolos y saludó a DiMauro y a su hijo, Phil, un entrenador que ayuda a su padre con el manejo de la academia.

“Me habría gustado que hubiera un lugar así cuando era pequeño”, dijo Moreno mientras caminaba debajo de un gran mural donde se ve un xolo, una raza de perro sin pelo que sirve de logotipo al equipo de Tijuana, al lado de un pit bull, el logotipo de su primo de Nueva Jersey.

“Supongo que los jugadores de aquí me ven como una inspiración”, dijo Moreno. “Me ven y piensan: ‘Si él pudo, yo también’”.

Moreno ayudó a forjar la relación entre DiMauro y los Xolos de México. Ahora las dos organizaciones esperan cosechar los beneficios de un canal de casi 5000 kilómetros de largo que conecta a Tijuana, una de las ciudades fronterizas más transitadas del mundo, con Cliffwood, una comunidad que alguna vez fue parte de un asentamiento de holandeses cuya actividad dependía de sus embarcaciones.

“Créeme, hay excelentes jugadores en esta zona que solo están esperando a ser descubiertos”, afirmó Moreno. “Lo único que necesitan es la oportunidad de ser vistos y poder probarse a sí mismos”.

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