Dom. Ago 18th, 2019

Una ballena jorobada encalla en el Amazonas, ante confusión de los biólogos

instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad, Ministerio de Medioambiente de Brasil.

 

Los biólogos marinos en Brasil se quedaron atónitos hace poco al descubrir el 22 de febrero a una joven ballena jorobada arrastrada por la corriente hasta los manglares de una isla remota en el río Amazonas, en una época del año en la cual ya debería haber migrado miles de kilómetros hasta la Antártida.

Los miembros del grupo de conservación Bicho D’Água dijeron que encontraron el cadáver del cetáceo tras seguir a un grupo de buitres que volaban en círculos sobre un manglar en la isla Marajó. A unos 15 metros de la playa, los científicos vieron al animal —de alrededor de 8 metros de largo— entre densos arbustos y matorrales; había muerto desde hacía varios días, según informaron funcionarios del gobierno de Pará, estado al norte de Brasil, a medios locales.

Aunque se calcula que en el océano Atlántico frente a Brasil habitan decenas de miles de ballenas jorobadas, para esta época del año casi todas han migrado hacia el hemisferio sur, donde es verano, para alimentarse cerca de la Antártida. Sin embargo, este espécimen fue encontrado cerca de la desembocadura del río Amazonas, a unos 6400 kilómetros de las zonas donde suelen alimentarse, un descubrimiento que ha dejado perplejos a los científicos brasileños.

“Creemos que estaba flotando y la marea la trajo hasta el manglar”, le dijo Renata Emin, presidenta de Bicho D’Água, al sitio de noticias brasileño G1. “La pregunta es: ¿qué estaba haciendo en febrero una ballena jorobada en la costa norte de Brasil? Es inusual”.

Los biólogos examinaron el cuerpo durante la marea baja del fin de semana, dijo el grupo Bicho D’Água, en busca de señales que indicaran qué podría haber causado la muerte del mamífero y tomaron muestras para efectuar una necropsia. Aunque la ballena es de la mitad del tamaño de un ejemplar adulto, era demasiado larga y se encontraba en un área muy remota para que pudieran retirarla por completo.

Emin comentó a G1 que el grupo tenía la hipótesis de que la joven ballena se había separado de su madre antes de morir.

Las ballenas jorobadas viajan grandes distancias cada año; migran lentamente desde y hacia los polos. Las que se encuentran en el hemisferio norte migran en esta época del año a aguas tropicales antes de regresar al norte cuando es verano ahí. Las que están en el hemisferio sur migran más hacia el sur durante esta temporada y regresan al norte en su invierno, que es el periodo de apareamiento.

Emin declaró en el artículo de G1 que el grupo estaba examinando a la ballena para tratar de determinar la causa de su muerte.

“Estamos recabando información, marcas distintivas en el cuerpo, a fin de descifrar si se quedó atrapada en una red o fue golpeada por un barco”, dijo, y agregó que esperaban tener un informe de la autopsia en aproximadamente diez días, el 7 de marzo. La investigadora no respondió a un correo electrónico de The New York Times en busca de comentarios.

Durante los siglos XIX y XX, los balleneros mataron al menos doscientos mil ejemplares de ballenas jorobadas en el hemisferio sur, lo que diezmó la población, según los científicos. No obstante, los esfuerzos mundiales de conservación en las últimas décadas, así como los tratados firmados para prohibir la caza de ballenas, han salvado a esta especie que alguna vez estuvo en peligro de extinción. La caza comercial de ballenas se prohibió en Sudamérica y en la Antártida en 1994.

Debido a la creciente población de ballenas jorobadas, han aumentado las posibilidades de que se queden atrapadas en las redes de pesca o sean golpeadas por un barco, que se cree son las causas principales de muerte entre los cetáceos.

Cada año, aproximadamente trescientos mil ballenas y delfines mueren tras quedar atrapados en aparatos de pesca, según la Comisión Ballenera Internacional. La comisión, que también investiga los posibles fallecimientos por golpes de barcos, ha registrado más de 1200 colisiones entre cetáceos y embarcaciones desde 2009.