Vie. Ago 23rd, 2019

Zimbabue sin agua, una pesadilla para sus residentes

Unos vecinos hacen fila para recolectar agua en Epworth, al sur de Harare en Zimbabue.

 

HARARE, Zimbabue – Habían pasado cinco días desde que el agua había dejado de salir de los grifos en el búngalo de Eneres Kaitano, al sur de Harare, la moderna y ordenada capital de Zimbabue. Cinco días desde que había lavado ropa. Cinco días desde que les prohibió a sus hijos usar el inodoro más de una vez al día.

El sexto día, se volvió a levantar a las tres de la mañana para recolectar agua de un pozo de perforación comunal. En las primeras horas de la tarde, seguía con sus seis cubetas y botes esperando su turno en el grifo.

La mayor parte de la ciudad tuvo la misma idea. Ahora, más de la mitad de los 4,5 millones de habitantes del área metropolitana de Harare tienen agua corriente solo una vez a la semana, de acuerdo con el alcalde de la ciudad, lo que los obliga a hacer filas de espera en los pozos comunales, arroyos y pozos de perforación.

“Está ocasionando graves problemas”, afirmó Kaitano, una vendedora mayorista de pantalones de mezclilla que tiene 29 años y a quien solo le quedaba una muda limpia la semana pasada. “Tenemos que evitar usar el baño”.

La escasez de agua en Zimbabue es resultado de una sequía especialmente grave este año, un síntoma de la crisis climática. El manejo deficiente del agua ha provocado que se desperdicie gran parte de la que queda. Dos de las cuatro reservas de Harare están vacías por la falta de lluvia, pero entre el 45 y el 60 por ciento del agua que queda se pierde debido a fugas y robos, aseguró Herbert Gomba, alcalde de Harare.

Un carro cargado con contenedores de agua de un manantial fuera de Epworth. En Harare, más de la mitad de los hogares reciben agua del grifo solo una vez por semana, según el alcalde de la ciudad.

Pero la crisis de agua es solo un microcosmos de los malestares de Harare. Años de administración deficiente bajo el régimen de Robert Mugabe, quien gobernó Zimbabue durante 37 años hasta que finalmente fue expulsado en 2017, han dejado la economía en la ruina. Los habitantes batallan a diario con apagones que duran entre quince y dieciocho horas, escasez de medicinas, combustible y billetes, así como una inflación de más del 175 por ciento.

Zimbabue se ha convertido en un país de filas. En semanas recientes, como es costumbre, los conductores han hecho fila durante tres horas aproximadamente para reabastecerse de gasolina que ha sido diluida con etanol, lo que hace que se queme con más rapidez. Los trabajadores esperan largas horas formados afuera de los bancos para recibir su paga en efectivo debido a la escasez de dólares en Zimbabue.

El precio del pan se ha septuplicado en el último año y algunos medicamentos ahora son diez veces más caros, a pesar de que la mayoría de los salarios siguen estancados.

“Es una pesadilla”, señaló Norman Matara, un médico y miembro del consejo de la Asociación de Médicos por los Derechos Humanos de Zimbabue, una institución de vigilancia médica. Algunos de sus pacientes ya no pueden costear sus medicamentos, mientras que otros lo toman “una vez cada tercer día en lugar de una vez al día”, comentó Matara.

Vecinos de la provincia de Harare, Zimbabue, lavan la ropa en cubetas. Muchos zimbabuenses racionan el agua al extremo y limitan su consumo de agua para beber, lavar y usar el sanitario.

La escasez de agua se ha convertido en un problema anual en Zimbabue, pero la sequía de este año es especialmente grave porque ha comenzado antes, desde principios del verano, y ha afectado a más personas de lo habitual.

El nivel de precipitación pluvial este año ha sido 25 por ciento menor que el promedio anual, de acuerdo con Washington Zhakata, director del Departamento de Manejo del Cambio Climático del gobierno zimbabuense. Un ciclón inundó el país en marzo, pero no elevó los niveles de agua y no está incluido en el cálculo de precipitación pluvial de este año.

Aunque el campo de la ciencia de la atribución (que estudia cómo el cambio climático influye en sucesos meteorológicos individuales) sigue evolucionando, se ha determinado que el calentamiento global puede ocasionar que los sucesos climáticos extremos, como las sequías, sean más frecuentes e intensos.

Harare, una ciudad de suburbios tranquilos con conjuntos de edificios de departamentos para personas de bajos ingresos, todos alrededor de un compacto distrito comercial central, ha sido afectada severamente.

“Se pierde mucho tiempo esperando… Eso afecta la parte productiva de la economía”, dijo Gomba. “Afecta todo el ciclo de la vida”.

El presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, asumió el mando del país después de dirigir el golpe de Estado que derribó a Mugabe. Mnangagwa fue la mano derecha del expresidente.

Después de días sin agua corriente en Kuwadzana, Martin Mukaka, a la izquierda, madrugó para buscar agua en otros suburbios de Harare.

El gobierno de Mnangagwa asegura que está en un proceso de mejora de la economía zimbabuense, y señala medidas de austeridad que provocaron un inusual superávit presupuestal en el primer trimestre del año.

Mnangagwa niega que los errores se deban a su administración. En una entrevista, culpó de los errores en el manejo del agua a los políticos de los partidos de oposición en los gobiernos locales, como Gomba, el alcalde de Harare. Mnangagwa afirmó que el gobierno federal ha solicitado un préstamo de 71 millones de dólares al gobierno chino para renovar el sistema hidráulico de Zimbabue.

“Cuando se concrete”, dijo, “comenzarán los trabajos”.

No obstante, el historial de las autoridades no es muy prometedor. La construcción de una nueva presa, que se propuso por primera vez durante los años iniciales del mandato de Mugabe, se ha retrasado en numerosas ocasiones. Se suelen dejar sin reparar los pozos de perforación municipales dañados, y la construcción excesiva de vivienda informal en los límites de la ciudad ha derivado en el exceso de uso de los manantiales y pozos por parte de la afluencia de nuevos residentes.

En un manantial en los matorrales de la periferia del sur de Harare, el agua esta semana se ha reducido a un hilo, lo que ha obligado a los habitantes a esperar hasta tres horas para llenar sus baldes.

Un manantial a la orilla del camino en las afueras de Epworth, en la provincia de Harare, Zimbabue

De acuerdo con varios residentes, el año pasado en estas fechas, el mismo proceso tardaba solo unos minutos, pero, desde entonces, un pozo de perforación municipal en un municipio cercano se rompió (aún no se repara) y varios pozos se secaron, lo que ha forzado a más habitantes a desplazarse hasta el lejano manantial.

“Siempre tenemos problemas con la escasez de agua”, comentó Patience Chiwakata, una agricultora de subsistencia de 35 años. “Pero este año es mucho peor”.